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LA NADADORA ESPAÑOLA LOGRÓ LA VICTORIA EN LOS 200 METROS MARIPOSA

Mireia se viste de oro

Mireia se viste de oro
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Efe
jueves 11 de agosto de 2016, 04:07h
Actualizado el: 11 de agosto de 2016, 18:51h
Mireia Belmonte logró su soñado oro olímpico tras imponerse a la australiana Madeline Groves por tres centésimas.
Mireia Belmonte hizo historia y se convirtió en la primera nadadora española en colgarse una medalla de oro olímpica, tras imponerse este miércoles en la final de los 200 mariposa de los Juegos Olímpicos de Río. Un triunfo que premió el trabajo infatigable de una nadadora siempre dispuesta a explorar sus límites tanto físicos como metales, a romper la zona de confort, el paso que distingue a los buenos deportistas de los campeones.

Para ello, Mireia se ha sometido a un intenso entrenamiento durante los últimos cuatro años, que nos solo ha fortalecido su cuerpo, sino que ha endurecido su mente, hasta convertirla en la voraz competidora que este miércoles se colgó el oro en Río. Una fortaleza mental que le permitió no desmoronarse ante el fortísimo arranque de la australiana Madeline Groves, su máxima rival por el oro, convencida de que su táctica, esa ya clásica forma de nadar siempre de menos a más le llevaría a la victoria.

De esta modo, Mireia no se inquietó por el casi un segundo en el que la australiana le aventajaba al pasar los primeros 50 metros, como tampoco se aceleró cuando al llegar al ecuador de prueba, la distancia con Groves había descendido a 46 centésimas. Todo estaba previsto, todo estaba calculado, brazada a brazada Mireia siguió y siguió recortando su desventaja hasta adelantar a la australiana Madeline Groves al paso por los 150 metros, a falta tan sólo de un último largo.

Cincuenta metros finales en los que Mireia Belmonte tuvo que recurrir a su enorme capacidad de sacrificio para resistir el ataque de la japonesa Natsumi Hoshi, la vigente campeona mundial, y sobre todo para aguantar el contraataque de Groves, que volvió a la carga en los metros finales para intentar doblegar a la española.

Para ya nada ni nadie pudo impedir que la española tocara el cielo, que cumpliera su sueño de proclamarse campeona olímpica, y tocó la pared con tan sólo 3 centésimas de ventaja sobre la australiana, apenas un suspiro. Tres centésimas que permitieron a Mireia Belmonte a cambiar la plata que logró hace cuatro años en Londres por el oro, que le permite entrar a sus 26 años en la leyenda, a convertirse en la primera nadadora española en pisar lo más alto de un podio olímpico.

La nadadora que se atrevió a explorar sus límites

Mireia Belmonte podría haberse conformado con ser una más, una notable nadadora sin duda, labrarse un lucido palmarés, pero no, se atrevió a dar un paso más, a enfrentarse a sus miedos, a explorar sus límites, a soñar. "He aprendido a jugar con la zona de confort. Esa zona que, en cuanto te alejas, descubres que puedes conseguir cosas que nunca hubieras imaginado. Fuera de ella es cuando surgen las cosas mágicas", aseguró Belmonte.

Un cambio de mentalidad, un punto de inflexión propiciado por la irrupción en su vida, en el año 2010, del técnico francés Fred Vergnoux, alguien que, como reconoce la propia Belmonte, es "mucho más" que un entrenador, es "un psicólogo, un familiar, un amigo". El hombre que enseñó a Mireia a soñar.

De la mano del preparador galo, Mireia Belmonte ha pasado de ser la talentosa nadadora, que con apenas 17 años se proclamó campeona de Europa de los 200 estilos en 2008 en Eindhoven, a la competidora voraz que este miércoles se colgó el oro en los 200 mariposa en los Juegos Olímpicos de Río. Un largo trayecto plagado de retos, de sacrificios, de una búsqueda constante de los límites del cuerpo y de la mente. Un camino cargado de duro trabajo. Una lucha diaria por romper con esa zona de confort, por obligarse a dar siempre un paso más.

"Fred -Vergnoux- saca lo mejor de mí en el agua. Me hace pensar en conseguir grandes retos y hace que me sorprenda a mí misma cada vez que me supero", reconoció Mireia Belmonte en las páginas del libro "A por más". Desafíos que han llevado a Belmonte a ampliar su programa, a enfrentarse a nuevas distancias y a nuevas modalidades, como las aguas abiertas, siempre en busca de elementos que mejorar, detalles que pulir, centésimas que rebajar.

Una evolución física y técnica a la que se une una fortaleza mental que ha ido forjando a base de competir con las mejores. Mireia ha nadado más que nadie. Contra todas y en todas partes. No ha rehusado ningún combate. Piscina corta, larga, Copa del Mundo, Europeos, Mundiales. Siempre luchando por lo máximo hasta convertirse en una competidora implacable.

Exigencia que ha obligado a Mireia Belmonte a someterse a una preparación extenuante. Jornadas de entrenamiento inacabables. Trabajo en la piscina, en seco, concentraciones en altura, con inclusiones en las más variopintas especialidades como el esquí, la carrera de montaña o, incluso, sesiones de boxeo.

Todo bajo el más estricto control. Nada ha quedado a la improvisación. Desde ponerse las zapatillas cada vez que salía de la piscina a las horas de sueño o la alimentación. Todo ha estado medido, pautado. Ningún detalle es intrascendente. "Descansar, comer y recuperar es un entrenamiento tan importante como el de la piscina o el gimnasia", insistió Belmonte. El "entrenamiento invisible", la distancia que separa estar o no el podio, la diferencia entre el color de las medallas.

Un trabajo que ha permitido a Mireia Belmonte sumar a las dos medallas de plata que se colgó hace cuatro años en los 200 mariposa y los 800 libre en los Juegos de Londres dos nuevos metales en Río tras colgarse el bronce en los 400 estilos y el oro que logró hoy en los 200 mariposa.

El escenario donde Belmonte luchará por volver a subir al podio en los 800 libre, la última prueba que le queda por disputar en la cita olímpica. Para ello, Mireia Belmonte seguirá fiel al camino trazado. Cada día es un nuevo reto, cada prueba una oportunidad de ofrecer lo mejor. No caer atrapada en la complacencia del éxito, ni anclarse en la decepción de la derrota. Soñar, seguir soñando, buscar la magia, escapar de la zona de confort.
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