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BIOGRAFÍA

Montserrat Morata: Saint-Exupéry. Aviones de papel

domingo 14 de agosto de 2016, 17:25h
Montserrat Morata: Saint-Exupéry. Aviones de papel

Finalista II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias. Stella Maris. Barcelona, 2016. 350 páginas. 19 €.

Por Carlos Abella

La bibliografía sobre la personalidad de Antoine de Saint- Exupéry (1900-1944) es tan rica y extensa como las ediciones y traducciones de El principito, su libro más divulgado. Montserrat Morata (Madrid, 1976) ha asumido con éxito el reto de rendir homenaje a tan atractivo autor describiendo todas las claves de su apasionante peripecia vital. En 18 capítulos, Morata desvela las multiples situaciones que vivieron el aviador y el escritor, que en mi opinión es uno de los hombres más interesantes del siglo XX. Morata describe muy bien su obsesión por la integridad del hombre y su necesidad de “volver a descubrir que existe una vida del espíritu más elevada todavía que la vida de la inteligencia y que es la única que satisface al hombre” (Págs. 293-294).

Saint-Exupéry es una leyenda por su vida, su obra y por su prematura desaparición cuando realizaba un vuelo de reconocimiento fotográfico de las tropas alemanas en el valle del Ródano, y por ello ha conseguido vencer la suspicacia que despertaba su no alienación con los bandos ideológicos en confrontación en los años treinta y cuarenta -el comunismo y el fascismo- y su rechazo a la posición del general De Gaulle, porque creía que generaba -como así fue- un enfrentamiento fratricida entre franceses. Morata cuenta que se le difamó en la última época de su vida por los “gaullistas” y a su desaparición, los comunistas soltaron la especie de que habría desertado. La realidad es que su compromiso con Francia estaba acreditado porque Saint-Exupèry se alistó voluntario bajo mando de las tropas norteamericanas -para reconquistar Francia- cuando apenas podía ya pilotar por sus mermadas facultades físicas, dejando Nueva York, donde vivía desde que los nazis invadieron Francia y donde acaba de escribir El principito.

Muy interesante es el relato de su relación con las mujeres, que juegan un papel decisivo en su vida. Desde su madre, que fue su gran inspiradora, hasta su matrimonio con la exótica salvadoreña Consuelo Suncín, con la que vivió una pasión que les unía y separaba al mismo tiempo. Y es muy notable su atracción por Louise de Vilmorin, otra mujer del mismo perfil que Consuelo -independiente, moderna, liberada-, que le dejó cuando ya estaban comprometidos, y cuyo desconsuelo motivó que se sintiera atraído por la aviación, que sería su pasión vital. También es muy hermosa su relación con su prima lejana Yvonne de Lestrange, con la violinista Renée de Saussine y especialmente con su mecenas y confidente Hélène “Nelly” de Vogüé, que escribiría a su muerte una magnífica biografía del escritor con el masculino seudónimo de Pierre Chevrier, cuestión ésta que no fue conocida hasta años después. Morata cuenta que Nelly era “una aristócrata, rica, culta y refinada que mantuvo una relación íntima con el autor que se prolongó hasta el final de su vida” (pág. 93), hasta el extremo de que ella recibirá a su muerte muchas de sus pertenencias y el manuscrito de su obra póstuma, Citadelle. También sintió fascinación por Natalie Paley, princesa Románov, que coincidió con Saint-Exupèry en Nueva York.

Libro muy bien documentado -¡lástima que no esté ilustrado!-, y con el que Montserrat Morata fue finalista del II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias y con el que ha conseguido sintetizar la vida de Saint-Exupèry, y revelar una faceta poco conocida: los artículos que escribió sobre la Guerra Civil de España en los diarios L’Intransigent y Paris Soir. Su olvido se debe, en parte, a que su testimonio “humanista” no tiene la épica “internacionalista” de la Guerra Civil de otros escritores -franceses como Malraux- o norteamericanos como Hemingway, que han contribuido a su leyenda. Morata señala que (pág. 158) “Saint-Exupèry desarrolló un periodismo muy singular. Lo ejerció sin vocación para ganarse la vida y nunca traicionó su forma de entender la escritura”. Recientemente, en el Centro de la Memoria Histórica de Salamanca ha aparecido en un legajo su carnet de prensa como corresponsal en la guerra de España, hecho que ha despertado curiosidad pues era poco conocida su presencia en nuestra guerra.

Especialmente crudo es el último capítulo, “Escribir con la muerte”, en el que (Pág. 292) reproduce la revelación final de Saint- Exupèry: Compruebo con melancolía que hoy, a mis cuarenta y tres años, después de unas 65.000 horas de vuelo por todos los cielos del hemisferio, ese juego ya no me produce demasiado placer, es tan solo un instrumento de transporte, en este caso, de guerra”. Pero hasta esta dura conclusión, la conquista de los espacios, la aviación, el cielo, la aventura del correo postal, la soledad del desierto, la belleza del firmamento, la atracción por las mujeres cultas e inteligentes y el placer de escribir, fueron sus motores.

Por último y muy importante, Morata acierta a relatar con excelente pluma las claves de la literatura de Saint- Exupèry: la aventura del aviador, la solidaridad vivida en los Andes con su amigo Henri Guillaumet y con el otro ídolo aéreo de la época, Jean Mermoz, y la soledad estrellada de la noche del desierto, que inspirará siempre los íntimos pensamientos de sus personajes.

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