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ENSAYO

Fernando del Paso: Viaje alrededor del Quijote

domingo 14 de agosto de 2016, 18:03h
Fernando del Paso: Viaje alrededor del Quijote

Prólogo de Juan Cruz. FCE /Universidad de Alcalá. Madrid, 2016. 254 páginas. 20,90 €. Vuelve a las librerías el periplo de Fernando del Paso –premio Cervantes del 2015- a través del Quijote, estimulante y sabio ensayo cervantino desde óptica hispanoamericana. Por Francisco Estévez

Es la cultura española mísera para con los suyos. La reflexión, el recuerdo o el mero disfrute de su brillante tradición parecen adelgazar a cada viraje del camino sin remedio. Al contrario que en países vecinos como Inglaterra nuestros clásicos no están en el centro de la res publica, usurpada por los mercaderes. Con Cervantes a la cabeza y pasado el ecuador de este año sembrado de centenarios se acumulan las poses políticas, las faenas de aliño de arribistas, los olvidos, las ausencias, los palmeros… Sobre el primer centenario de Rubén Darío, savia nueva para la lengua poética a principios del siglo XX, se ha pasado de puntillas si no fuera entre otras cosas por la edición de Del símbolo a la realidad. Obra selecta (RAE, 2016). Es bochorno que el nicaragüense todavía no cuente con unas obras completas en edición crítica.Del centenario de Camilo José Cela ha sido agua de mayo la recopilación de Adolfo Sotelo Vázquez en La forja de un escritor (Fundación Banco Santander, 2016) de unos interesantísimos textos periodísticos del premio Nobel que van desde la publicación a finales de 1946 de La familia de Pascual Duarte hasta la edición en Buenos Aires de La colmena (1951).

El lacerante ninguneo a los centenarios del gran poeta que fue y es Blas de Otero o del espléndido dramaturgo Antonio Buero Vallejo es sintomático. Buena parte de los textos de estos dos últimos explican miserias y luces actuales de nuestra sociedad. He ahí la vitalidad de nuestros clásicos para quien quiera asomarse. La llaga de la desidia tiene especial ardor con El Quijote. A cierto momento, el texto de Cervantes se convirtió en un certero epítome del alma española. Como dijo el sabio, ¿quién mejor que él encarna vicios y virtudes de nuestro pueblo?

El Quijote ha sido una tradición viva que ha permeado la sociedad hispana entera. Con especial intensidad en el gozne de siglos entre el XIX y el XX. La recepción e interpretación del mito quijotesco se convirtió como es bien sabido, en piedra de toque de la generación del 98 que descifró la realidad nacional al hilo del perenne mito: Azorín, Ganivet, Maeztu, Machado, Baroja, Unamuno, entre otros dejaron obras singulares a la sombra de Cervantes. Por resumir, Cervantes en El Quijote dibujó el mapa, como señaló Carlos Fuentes, al que pertenecen y abarcan “todos los libros” de nuestra lengua, “sean españoles, hispanoamericanos […] sin la zanja atlántica y sin las divisiones de fronteras nacionales”.El Quijote es nuestra patria común. Y es suerte que nos lo devuelva del otro lado del océano tan prístino. Tantas cosas ha de agradecer España.

Así las cosas no debe extrañar que Francisco Rico afeara con su solita perspicacia que en las celebraciones del Premio Cervantes de este año nadie recordara aquel Viaje alrededor de “El Quijote" (2004) del premiado Fernando del Paso. Allá embozó el mexicano su mirada histórica con la respiración cotidiana del buen lector pensante. Por varios méritos es quizá su último libro notable, como bien confiesa él mismo, y bien está que caiga del lado ensayístico. En tierras peninsulares se ha privilegiado la lectura de José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987), que a raíz del premio tienen nueva edición puesto que vida ya tenían sin privilegio de premios u otras valoraciones por sus numerosas páginas bien trabadas.

En suma, estupenda noticia la reedición de Viaje alrededor de “El Quijote" al calor del centenario. Ahora antecede un prólogo camuflado de semblanza firmado por Juan Cruz. Según parece la editorial le propuso prologar “un” libro de Fernando del Paso, según él mimo aclara. Así, uno cualquiera, ¡qué más dan churras que merinas! De ahí que esas palabras liminares valgan para casi cualquier libro de Fernando del Paso. Lo que equivale a decir que no valen del todo para iluminar, introducir, el presente ensayo quijotesco. El prólogo de carácter biográfico exalta de Fernando del Paso la humildad y compara su ironía con la consabida y a veces no del todo aprehendida ironía cervantina. Sin embargo, en este libro toma cuerpo esa ironía pues el virtuoso mexicano se permite coqueteos con el clásico, incluso paráfrasis trastocadas de significado, que harán sonreír y sonrojar a partes iguales al atento lector.

El ensayo se compone de siete capítulos dedicados a desentrañar el mito quijotesco, a proponer una lectura aguda llena de sugerentes matices. Siguiendo el modelo canónico arranca con una notable y erudita captatio benevolentiae sobre la posibilidad de decir algo nuevo sobre El Quijote. En clave borgiana Fernando del Paso prefiere interesarse más en decir algo verdadero, y a fuerza que lo consigue. Una mente clara y unos ojos caudalosos de lecturas bien asimiladas desgranarán temas como el viaje, los distintos niveles de realidad o, en páginas soberbias, los encantamientos en el Quijote. Aquellos pasajes serán festín para quien haya disfrutado la lectura canónica y desee profundizar por sus infinitos recovecos.

Además, este ensayo de ensayos repasa y discute con brillantez y espléndida síntesis muchos de los textos de las más selectas mentes que han reflexionado sobre la primera novela moderna. Desde los clásicos exégetas hasta la interesada lectura de Vladimir Nabokov. Se pueden matizar más que discutir algunos pocos planteamientos. Pudiera ser que Dostoievski fuera el primero en apuntalar los paralelismos entre Cristo y Don Quijote. Pero llevar a la novela semejante combinación lo hizo con magisterio Benito Pérez Galdós. Tachar la Vida de Don Quijote y Sancho unamuniana de “cursi” parece responder a un prejuicio determinista quizá lastrado por ese equívoco fatal con Rubén Darío que supo aclarar repetidas veces Miguel de Unamuno. Raro que se le escape a tan atento y cuidadoso lector como Del Paso los distintos puentes construidos en la obra y epistolario del vasco hacia la “Americanidad”.

A la sombra del Quijote nacen frutos jugosos como el presente. Y es que el ser humano es fundamentalmente memoria. Lo que los antiguos llamarían alma o musa o… Desde los griegos hasta los actuales neurólogos coqueteamos en precisar la etiqueta para el mismo concepto. Si esa penetrante y bella memoria que representan los clásicos no permanece viva entre nosotros, una parte esencial nuestra dejara de ser.

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