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DESDE ULTRAMAR

Adiós a Río 2016. Tokio 2020 ¡vas!

lunes 22 de agosto de 2016, 20:19h

Concluyeron los Juegos Olímpicos de Río 2016 y puedo afirmarlo: Brasil cumplió y Río de Janeiro, también. Así de sencillo.

La América del Sur ha sido magníficamente representada en esa metrópoli extraordinaria de una identidad propia y un sabor peculiar. Inolvidable. Río ha inscrito su nombre dorado en la lista de sedes olímpicas y lo celebro profundamente. Ella misma, Brasil, fue como la mejor historia de un atleta olímpico que enfrenta todas las adversidades, triunfa y a lo grande y a los ojos del mundo. Es de esas historias que nos emocionan y perviven. Las sorpresas que deparaba y las emociones propias de una justa olímpica, que aguardábamos, allí estuvieron. ¿Quién se siente defraudado?

La ceremonia de clausura ha sido incluyente, espectacular y acaso más que la de inauguración, para desmentir que los Juegos eran solo de Río. Lo mismo se mostró la selva en la frontera paraguaya, que los encajes magistrales del noroeste, los bailarines de Minas Gerais, que Pernambuco y la misma Río, con todo, en que se ha desplegado su ingenio y su propuesta “a la Brasil”, frase atribuida a Thomas Bach para sobrellevar el carácter brasileño y admitir que estando en Brasil, nunca mejor dicho será que asumamos la frase: “al país que fueres, haz lo que vieres”. La frase citada no permite equivocarnos. ¿Qué el público parloteaba en las tribunas, distrayendo a los competidores? Aplica entonces la frase que reza: “el que es perico, donde quiera es verde”. Y así con los atletas. El parloteo es lo de menos. Quien es y se sabe, avanza. Pues ya vendrán los Juegos en el Polo Norte y callarán todos de frío. En este caso es Brasil y es otra la idiosincrasia. Y esta ceremonia ha transcurrido bajo una pertinaz lluvia, que remacha unos Juegos donde hubo muchas primeras veces.

Y en efecto, fueron unos magníficos Juegos de muchas primeras veces. Porque igual que vimos a los independientes ganar medallas, lo mismo vimos a Puerto Rico alzarse con su primer oro, entusiasmado al oír interpretarse La Boriqueña, su himno nacional. Es la primera vez que un jefe de estado no puede presidir por problemas políticos (al grado que Temer no acudió a la clausura) y la primera vez que Sudamérica organizaba los juegos, junto con la primera vez que atestiguamos mujeres árabes que iban ganando medallas, o que también fue la primera vez donde los atletas mexicanos se presentaron en deportes en los que nunca antes habían participado, como el lanzamiento de martillo.

Río se ha entregado y nos ha emocionado en múltiples ocasiones durante el transcurso de sus Juegos. Como hemos tenido ocasión de ver al planeta entero deporteando, los Juegos Olímpicos son, después de todo, una caja de resonancia del frenesí planetario. Así, lo mismo vimos a los anfitriones alzarse con 19 medallas, que el más refinado deportivismo. También es cierto que al acecho del dopaje, el antideportivismo más deplorable ha asomado y su muestreo a través de las redes sociales ya ha recibido las condenas correspondientes.

Nuevamente constatamos que aun en la adversidad y con desigualdad de condiciones con las que llegan los atletas, es en la hora de la verdad donde se saca la casta, el aplomo, la entrega. Victorias y derrotas reparten un medallero que es particularmente llamativo en esta ocasión: los Estados Unidos han arrasado rompiendo una racha de perseguidos. En efecto, Gran Bretaña y China, los secundan habiendo sido las recientes sedes olímpicas, demostrando el positivo efecto de organizar unos Juegos Olímpicos. Se han reposicionado, pero dejadas muy atrás por los estadounidenses. Aun así, son los europeos los que han destacado en estos Juegos. No obstante ello, los países iberoamericanos han desempeñado su mejor esfuerzo reflejado en el número de medallas y particularmente, en las áureas obtenidas, pese al retroceso mexicano.

Esta noche de domingo oigo en la televisión mexicana una frase magnífica para ribetear este magno acontecimiento deportivo: “no fueron unos Juegos perfectos, pero sí maravillosos”. A ello añadiría algunos aspectos que no pueden omitirse: se rompieron 91 marcas olímpicas, mientras se atendían las insuficiencias en logística y seguridad que habrían puesto en duda la viabilidad de las competencias. Del zika, ni sus luces y enhorabuena por todos.

Tokio 2020 hizo una presentación formidable. Para empezar, me parece que también es la primera vez que una alcaldesa recibe la estafeta. Y no ha sido cualquier cosa. Yuriko Koike asumió el cargo apenas el 1 de agosto y nada más llegar prometiendo un Tokio verde durante su gestión, ha conformado una comisión vigilante de los dineros a utilizar en la justa tokiota. Una suerte de “vengo a poner orden a tiempo”. Se ve buena gente, solo en apariencia.

Después hemos disfrutado de una puesta virtual estupenda, apelando a la juventud, futuro de los Juegos, y con mangas y tecnología de punta, con capacidad de gestión ha presentado un despliegue formidable del Japón del futuro, sugerente, que nos invita y provoca nuestras ansias de ver todo aquello ¡ya! Ante tanta sofisticación. Ayer mismo se decía que Japón se prepara deportivamente, porque quiere inscribirse a todas las disciplinas y ganarlas todas. Ya sabemos el talante japonés y lo que conseguirán al proponerse algo. La participación del primer ministro Shinzo Abe, le dio un lucimiento extraordinario equiparable a una Isabel II prestándose a arrojarse del paracaídas en Londres 2012, solo que esta vez sí era él invitando a todos a acudir a Tokio 2020. Ha sido sensacional la ocurrencia y muy celebrada.

Queda para México un gran pendiente deportivo con debate interno y para España haber refrendado las medallas obtenidas, pero con más oros. Enhorabuena. Brasil queda atrás, Río nos despidió, pero nuestro grato recuerdo se queda y nuestra nostalgia con cierta melancolía, por todo lo vivido, también. Como lo dibujaron ayer, repito: Muito Obrigado Río!, Arigato! Tokio 2020.

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