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RELATOS

Leonardo Sciascia: Una comedia siciliana

domingo 28 de agosto de 2016, 16:47h
Leonardo Sciascia: Una comedia siciliana

Edición a cargo de Paolo Squillacioti. Traducción de David Paradela López. Gallo Nero. Madrid, 2016. 197 páginas. 18 €.

Por José Miguel G. Soriano

Sicilia y los sicilianos como metáfora del mundo, como epicentro literario desde el cual interpretar la realidad. Si a algo se dedicó el gran escritor de Racalmuto, Leonardo Sciascia (1921-1989) en la mayor parte de su producción fue a retratar su isla natal: la sabiduría de un pueblo milenarioy –también- las debilidades inveteradas de su carácter. Un vigoroso mosaico antropológico, en suma, cuyo interés principal consiste en su universalidad más profunda. Una comedia siciliana reúne en sus páginas, por primera vez traducidos al español, veinticinco relatos breves que destilan la esencia escritora de Sciascia, a modo de muestrario significativo de su talento narrativo. Se trata de una recopilación póstuma, debida a la labor filológica de Paolo Squillacioti, de unos textos publicados diseminadamente en vida del autor, excepto los dos últimos, inéditos e incluidos como apéndice. Para su edición, Gallo Nero ha modificado el título original del libro, que en su versión italiana adoptaba el nombre de una de las narraciones (Il fuoco nel mare), para elegir el de otra de ellas; al hacerlo así, el protagonismo de la isla italiana queda acentuado de manera conveniente.

Y es que, ya de hecho, este mismo año la editorial madrileña ha publicado otra serie de relatos titulada Gotas de Sicilia, a cargo de Andrea Camilleri, en la que desfilan las imágenes de la tierra natal del creador del comisario Moltalbano y donde brilla toda la idiosincrasia particular de la isla. Unos textos que, como en el caso de Una comedia siciliana, conforman un amplio fresco de unos habitantes «extravagantes, tumultuosos, temerarios, rápidos de pensamiento y de acción, y no demasiado sutiles a la hora de distinguir lo propio de lo ajeno»; cualidades que, no obstante, según Sciascia en Sicilia «todo pueblo está dispuesto a atribuir al de al lado». Así se dice en «Los alemanes en Sicilia», ambientado en la guerra, en el fin de la II Guerra Mundial o, más concretamente, en el mes de julio de 1943, fecha del desembarco en la isla de las tropas norteamericanas y de la retirada del abatido ejército alemán. Un marco o cronotopo donde también se sitúan otros de los relatos insertos como «Una kermés», «El legado» o «10 de julio de 1943», con su abierta alusión este último a los sostenedores del fascismo que súbitamente se transformaron por entonces, situándose -siempre- del lado del poder; impostura política que igualmente se refleja en el humorístico «Llegan los nuestros».

También la guerra es el escenario histórico donde se desenvuelve «El silencio», en este caso evocando la entrada del héroe Garibaldi en Palermo. No falta tampoco la presencia de nuestra propia Guerra Civil, donde intervinieron tropas italianas; así, en «El miedo» o en «El soldado seis». No en vano fue Sciascia gran conocedor de España, país presente en varios de sus libros -especialmente, en Horas de España (1988)-, y lector atento de Cervantes y Ortega y Gasset, entre otros. El mundo de la mafia y la corrupción se proyectan en este caleidoscopio siciliano en relatos como «Retrato de un jefe», «Regalpetrenses de Roma», «La paga del sábado», «La estafa» o el mismo «Una comedia siciliana», de carácter marcadamente costumbrista aunque sin apenas tintes de violencia, más bien narrados desde un humor escéptico o ironía sarcástica. Así, en «Una historia verdadera», los habitantes de Palermo consideran más verosímil ver un marciano paseando a un dinosaurio que la imputación de un mafioso. Gran admirador de su paisano, el dramaturgo Luigi Pirandello -al que dedicó el ensayo Pirandello y el pirandelismo (1953)-, en «La licenciatura», de claras reminiscencias pirandellianas, quien va a registrar una partida de nacimiento ha de elegir una licenciatura para su hijo, el cual podrá ejercer dicha carrera sin haber estudiado pues «las nuevas generaciones lo conocerán todo sin saber nada».

La nota anticlerical y descreída, tan habitual en Leonardo Sciascia, encuentra su exponente en «Cómo piensan los obispos» («está claro que los obispos no piensan como creemos que deben pensar los obispos. Somos, también en esto, pecadores…») y en «Han suspendido de los sacramentos al canónigo Lupi». Por último, como ha señalado Zita Arenillas, algunos relatos se alejan del deseo de denuncia y de la crónica histórica y son piezas más tiernas y con mayor aire de fábula, como «El fuego en el mar», acerca de un hombre-anfibio decidido «…tras haber conocido a aquel gran rey y sus ministros, a convertirse en pez para siempre», sumergiéndose en el mar para no volver; «El jornalero en la luna» o «Carnezzeria», donde un hombre enfermo encuentra consuelo hablando de mujeres con un fotógrafo. Esta última narración da pie asimismo al retrato -imprescindible- de Sicilia como el escenario de la comedia erótica, tantas veces presente en el cine italiano y en la literatura del pasado siglo; la mujer como objeto y discurso, placer insustituible para el varón siciliano: así en «Una historia de amor» y en retazos de «Retrato de un jefe» y «Regalpetrenses de Roma».

En su trayectoria, Leonardo Sciascia pronto habría de decantarse por su inclinación literaria más característica, consistente, según sus propias palabras, en «una materia saggistica che asume il modo de racconto». En Una comedia siciliana, al igual que en los relatos seleccionados en otra compilación similar, El mar color de vino, publicada en España hace seis años por Tusquets, el plano de ficción literaria se funde con el testimonio personal, asentado en la memoria; y con la crónica histórica, la indagación en el pasado siciliano y el análisis de los acontecimientos desde el compromiso político. Su estilo es seco y vibrante, con variedad de matices y cruda ironía. Con él fue Sciascia construyendo toda una obra combativa e inspirada, capaz de reproducir -así comienza el primer relato del presente libro-, «como uno de esos pesebres en los que en Navidad se afanan grandes y pequeños y que, desde el rey al aguador, recogen todas las actividades y significaciones humanas», un conjunto «…nítido y minúsculo cuan pesebre» del modo de ser siciliano y de todas las diversas «sicilias» existentes en el mundo.

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