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NOVELA

Herman Koch: Estimado señor M.

domingo 28 de agosto de 2016, 16:49h
Herman Koch: Estimado señor M.

Traducción de Maria Rosich. Salamandra. Madrid, 2016. 416 páginas. 20 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por Paulo García Conde

Si Herman Koch asombró a crítica y lectores con su celebrada La cena, esta vez lo que provoca entre el distinto personal son estremecimientos. De esos que agarrotan la lectura sin llegar a hacer daño, que juegan con el tono narrativo para crear una atmósfera incómoda y la vez adictiva. El escritor holandés cuenta con una notable capacidad para revestir de oscuridad las historias que su mente cincela, aún cuando estas no son en realidad tan tenebrosas.

En Estimado señor M. la apuesta del autor se decanta por la intriga. Pero no aquella más convencional y propia de la novela negra hermética. Koch da voz a un personaje del que apenas sabemos nada y que nos relata la vida de otro al que empezamos a conocer, sin tener muy claro el motivo de la obsesión que el primero siente por el último. El personaje aludido en el título es un escritor de renombre con una trayectoria extensa, y una vida que lo es más. Desde la perspectiva del narrador, en unas primeras dosis de anonimato, conocemos aquellos detalles más singulares de la vida del autor superventas: mayor y preocupado por su avanzada edad, divorciado y vuelto a casar con una mujer exageradamente menor, severo y firme en las entrevistas y conferencias que concede… Pero todo cobra un cariz más afilado cuando el narrador deja al lector entender que una de las novelas más vendidas del señor M, Ajuste de cuentas, se basa en unos hechos reales acontecidos años atrás, en los que una pareja de adolescentes se deshace de un profesor obsesionado con la joven chica. Porque quien narra es la otra parte de esa pareja: el chico. El principal sospechoso de un crimen nunca resuelto.

A partir de ese momento, el punto de vista sufre algunos cambios. Salta a una tercera persona, a narradores apoyados en otros personajes, todo según la trama vaya avanzando en beneficio de la información que se va ofreciendo. Aunque Koch no abandona el tono oscuro que le caracteriza, la historia goza de momentos de mayor respiro, incluso de inocencia, de los que finalmente resulta difícil despegarse; sobre todo, a la hora de evocar la vida de la pareja de adolescentes y su pandilla de amigos.

Mediante los cambios en las voces narrativas y las escenas que Koch elige para representar partes del presente de la historia y del pasado (para evidenciar el origen de las consecuencias finales), la forma varía de manera irregular pero constante. Lo que comenzaba como una intriga opresiva, se convierte a un ritmo paulatino en una historia más personal, que pone el foco en elementos más particulares. Las miserias de cada persona pasan a un primer plano, sin que el objetivo único y final sea juzgar a cada personaje por acciones concretas.

Además, otro tema adquiere mayor consistencia con el paso de las páginas: la vejez. El saberse con poco tiempo por delante para vivir lo que haya quedado por vivir, para cambiar lo que haya estado mal. Si es que hay algo que cambiar. Utilizando como recurso la casualidad (sin que esta rechine, algo en lo que el autor ha tratado de hacer hincapié incluso de manera literal), el señor M. y su obsesivo vigilante son vecinos, situación que permite que, paso a paso, ambos esbocen una singular relación. Por supuesto, para no dejar de jugar con el lector, Koch se permite reservar un final que recupere el carácter de intriga que anunciaba falsamente al principio de la novela. Hay aquí diferentes elementos y estrategias narrativas que permitirían ubicar este libro en diferentes estanterías de una librería. Lo más importante es que todas las librerías querrán tener al menos un ejemplar: Koch vuelve a ofrecer inquietud y un poco de introspección, que es donde mejor se desenvuelve.

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