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JORNADA 2: ATHLETIC 0 BARCELONA 1

El Barça arranca los puntos al Athletic en una oda al fútbol colorido | 0-1

El Barça arranca los puntos al Athletic en una oda al fútbol colorido | 0-1
domingo 28 de agosto de 2016, 22:15h
La efectividad catalana sacó al líder de la exigencia bilbaína.


La Catedral se engalanó para abrir el curso 2016-17. El evento, clásico en la esfera del balompié nacional, no desmerecía tal inauguración de la temporada en Bilbao. El Athletic medía su punto de cocción ante la afinada y relamida exuberancia del Barcelona. Se cruzaban sobre el verde del Nuevo San Mamés dos inercias contrapuestas: los locales debutaron cayendo en Gijón y exponiendo inmadurez en la preparación y los visitantes encadenan ya el ritmo y la finura -de piezas nuevas y renovadas- que les catapulta al favoritismo rotundo. Se planteaba un nuevo episodio de las deliciosas batallas que mantienen ambas entidades. Pugnas de característica tensión y espectáculo. Los leones habrían de sacudirse las dudas sembradas en este arranque de ejercicio maniatando al mejor artista coral de este deporte y los blaugrana necesitarían repetir compromiso y acierto, contemplados los riesgos que entrañan los primeros peldaños del calendario en barbas ajenas, en las de los dos gallos capitalinos. Estos tres puntos, de ancenstral sabor decisivo, pues la visita a Vizcaya guarda un estatus indigesto para los candidatos al título, cimentarían la seguridad en el proyecto del púgil que saliera victorioso. No sólo eludir una apertura de camino trompicada, en esta segunda jornada, estaba en juego. El cariz del envite invitaba a entender que la ganancia de sensaciones y autoestima también figuraba como epígrafe notorio este domingo.

 

Ernesto Valverde afrontó este nuevo desafío al frente del buque rojiblanco, en busca de concretar el crecimiento del club para hacer cima en cotas mayores, reproduciendo su idea titular a excepción del infortunado San José. Iraizoz defendería la diana vasca, con Bóveda y Laporte resguardando un cierre acompasado por Iturraspe, y De Marcos y Balenziaga se entregarían a un esfuerzo amarrado de ida y vuelta. Sobre la clase de Beñat y Eraso circularía la pretensión combinativa vertical de un equipo abocado a fluir en velocidad con Williams y Susaeta en los extremos y Aduriz uniformado de punta de lanza referencial. Restaba músculo y añadía calidad para contraponer la potencialidad culé. Y le urgía al Athletic refrescar la pulsión competitiva que resulta identitaria en su plan de juego. El nivel físico marcaría la altura de las líneas y la ambición del sistema ordenado por el Txingurri. Gravitando sobre el apartado anatómico se dispondría la pretensión de conducir el duelo hacia un esfuerzo de pauta agónica o replegar filas en busca de la lectura de los espacios al contragolpe. Recuperar la consistencia sin balón y la pericia con él se antojaban elementos determinantes para la superviviencia clasificatoria en estas primeras dos jornadas. De caer, el casillero de puntos se mantendría vacío y el atragantamiento inesperado, avanzado. Peones como Lekue, Muniain, Sabin Merino o Raúl García (sacrificado para aclimatarse al pedigrí oponente) aguardarían turno como ases capacitados para trastornar la morfología del duelo.

 

Luis Enrique Martínez no pestañeó al afrontar la empresa que le presentó esta segunda fecha liguera. El técnico asturiano prosigue su filosofía monopolística: el fútbol depende del propio rendimiento, de la capacidad para imponer el compás más favorable a sus intereses, sin importar la plaza ni el contexto. Por ende, el preparador del vigente campeón volvió a apostar por Denis Suárez como alter ego de Iniesta y por Umtiti -en detrimento del 'Jefecito'- como pareja de Piqué. Sergi Roberto adecuaría su polivalencia para repetir en el lateral diestro, con Ter Stegen en el fondo y Jordi Alba en el perfil zurdo. Busquets se arrogaría la responsabilidad de boya, con Rakitic aportando su brega y potencia como interior. Arriba, Arda fluctuaría, Messi se manejaría entre líneas y Suárez buscaría las fisuras al achique rival, todo ello con el fin de mantener el tono excelso de la precoz eclosión futbolística que este tridente imprevisto ha desatado desde pretemporada. El atino en el mimo de la posesión habría de significar el leitmotiv de esta visita, ante una pronosticable salida ardorosa bilbaína. En este sentido, los catalanes deberían lucir también la piel camaleónica que les entregó el trono internacional hace dos años. Relampaguear tras robo, amortizando la espalda local, compartía trascendencia con la atención en fase defensiva. No debía permitirse una pulgada de autocomplacencia el Barça ahora que parecía engrasado el vestuario, a la espera del regreso de Neymar, Iniesta y ante el más que factible aterrizaje de Paco Alcácer.

 

El encuentro se desarrolló desde su primer estertor como un reto mútuo de ortodoxia ofensiva. El escuadrón de Valverde salió de la caseta convencido de su efectividad en la arriesgada presión e implementó un ejercicio de ahogo posicional que se extendió hasta el descanso. La red tejida por la fase defensiva vasca, en cancha rival, condicionó el pefil del pentagrama. El Barça aceptó el desafío y se abandonó al intento por amasar la pelota, desactivar la argucia oponente con posesiones certeras y hacer desfallecer la cohesión interlineal local por mor de la imposibilidad de recuperar la pelota. Así, el enfrentamiento adquirió el carácter exponente de la mano de los entrenadores en el fútbool moderno: el devenir mostraba, con exactitud, la forma en que los técnicos habían moldeado a sus vestuarios, alzando el interés de esta conversación de poder a poder hasta considerarlo una obra de particular sabor. El hecho estético y estilístico parecía preponderar.

 

El resultado del despliegue de seis jugadores para abortar la primera salida de pelota catalana compuso un escenario en el que cualquier imprecisión o desatención resultaría definitiva. La exigencia tendía a lo absoluto para el que luchaba por mantener la iniciativa y para el que se nutría desde su agresiva oposición. Ter Stegen, Piqué, Busquets y Umtiti se las ingeniaron durante 45 minutos para no cometer un resbalón decisivo. Pero, en el envés del pliegue, cada ocasión en la que el esférico superara la presión vizcaína se construirían transiciones cristalinas, pues el dibujo vasco figuraba muy adelantado, con los laterales sumados al ecuador del terreno. Messi, Suárez y Arda degustabarían, por tanto, el mejor de los paisajes posibles: dictar el resultado sobre la calidad y los espacios. En el cuarto minuto se desató de manera tangible el riesgo latente asumido poor Valverde. Una contra frenética que lanzó Messi, condujo Suárez y enlazó Arda hasta el chut fuera de palos de Denis abrió el camino a seguir por los visitantes. Acto y seguido, Rakitic ligó otra contra hacia La Pulga, que ejercía como cerebro desde la mediapunta para leer el desmarque de ruptura del punta charrúa. El 9 culé cedió
para el remate a gol de Arda anulado por fuera de juego. El aviso estaba sembrado con prontitud.

 


Sin embargo, el Athletic no se amilanó y mantuvo su entente valiente. Y lo hizo obteniendo réditos casi de inmediato. Un centro de Williams que atajó Ter Stegen en la primera combinación fluida vasca, con llegada por la derecha -minuto 10-, actuaría como preludio de la mejor ocasión local antes del intermedio. La presión tormentosa provocó el fallo tenebroso del guardameta teutón en la salida de pelota. El cuero arribó a Beñat, que chutó desde la frontal hacia el rostro del meta alemán. Cuando se atravesaba el prólogo de la trama ya habían saboreado ambos púgiles las virtudes y flaquezas de sus orgullosas posiciones. Perdonó Beñat, que chutó al centro en un mano a mano con toda la portería disponible, pero Aduriz ejercía como eficiente faro al que buscaban en largo. Ganaba la pelota para aguantar y dar opciones a llegadores el viejo zorro y Eraso, Williams y Susaeta empezaban a inquietar ante el desbalance de la medular visitante. Mezclaba balones bombeados para evadir la táctica oponente con asociaciones de salida lateral el conjunto vasco, totalmente asentado en los presupuestos de la partida de ajedrez. La compresión sostenida por el afán controlador del esférico de unos y la presión energética de los otros tapó el espectáculo con un velo de centrocampismo. Messi bajaba más allá del límite entre campos para participar, pues padecía desconectado de la dinámica ante la tenaza vasca. Aún así, los chispazos ganarían protagonismo en cuanto que los errores aparecieran.

 

La victoria parcial de Valverde, más intenso, relegó al Barça a su vertiente contragolpeadora. Dañaba, sin herir, el Bilbao a su rival cuando buscaba la vertical tras recuperación, sobre todo con la pareja Williams-De Marcos, que encontraban hoquedades de desatención en superioridades exteriores. Pero el primer desajuste tétrico de la zaga bilbaína ante el pase directo, cortante, de Piqué, recordó el tipo de batalla. Messi se demarcó y ganó la partida a todos los zagueros, convirtiendo a Iraizoz en trascendental. El portero, providencial, interceptó el envío -minuto 19-. Pero dos minutos más tarde, nada pudo hacer para evitar que la calidad saliera a flote a pesar del oleaje ideado por el Txingurri. Una asociación eléctrica blaugrana a la espada de la presión local recayó en las botas de Arda Turan. El turco, apostado en el pico del área, detectó la llegada en solitario y desde el segundo poste de Rakitic. No llegó a tiempo la cobertura del sistema local y el croata dibujó un testarazo ajustado sensacional. Se abrió el marcador con asistencia del otomano precedida de una transición punzante, producto de la calidad técnica de los participantes -sobre todo de la maniobra de atracción y desahogo de Luis Suárez-.

 

Con ventaja, el Barcelona asumió que la circulación controladora sería la herramienta adecuada. Pretendía anestesiar el tempo para amainar la exigencia a la que le había conducido la insistente presión vasca. Y, amén de elevar sus vatios y tensión, superó su convicción asociativa para descubrir agujeros en el territorio vasco. Y las oportunidades, con el ritmo frenado, dispuesto para ser revolucionado con un cambio de ritmo visitante, amanecieron con mayor periodicidad. En el 34, Arda -cada vez más partícipe- creó en banda, aglutinando la atención y cambiando el sentido del juego. Denis asistía a Messi, que cedió para la incorporación despojada de marca de Sergi Roberto. El lateral centró pero el remate de Suárez se alojó, con timidez, en los guantes de Iraizoz. En el minuto 35, Messi botaba una falta lateral que peinó la zaga y engatilló, fuera de palos, Umtiti. Y en el 36, Piqué oteó el horizonte y pintó un balón largo que sorprendió a la adelantada zaga. Messi era el destinatario y prolongó con la cabeza para que Suárez redoblara la ventaja. Iraizoz, astuto, se interpuso en la trayectoria del envío para sostener a los suyos.

 

Tardó en adaptarse y recobrar el ímpetu anterior al gol el Athletic, pero lo conseguiría en la recta final del primer acto. Recuperó la rítmica ejecución de presiones abrasivas y desconcertó a un Barça que parecería tomarse un respiro con la sensación de mantener todo bajo control. Beñat peleó un cuero suelto, superó a dos obreros en el centro del campo y lanzó un pase quirúrjico que entregó el primer mano a mano de Aduriz con su par. El goleador vasco vaciló desde la frontal y descerrajó un zurdazo que Ter Stegen blocó con una reacción de reflejos destacada -minuto 38-. En el 40 repetía batuta Beñat con un disparo desde media distancia que atajó el portero alemán.

 

Resplandecía el baile y cuepeo entre Suárez y Laporte en un duelo de guión establecido desde su inicio. El soberbio despliegue de los equipos en liza se apagó, de camino a vestuarios, y resultó el Barça el último en morder. Lo consiguió por el cauce de una contra con apariencia venenosa que generó el pliegue desfavorable de la pesión bilbaína. De nuevo. Un balón bombeado de Umtiti superó a la medular local y Luis Suárez lanzó la transición. Messi otorgó el pase definitivo cruzado a Arda, sólo en el palo largo, pero el turco falló ante la salida de Iraizoz. El balón golpeó el lateral de la red y Mateu Lahoz paró la exhibición de fundamentos ofensivos. La estadística repartía razones, con un 65% de posesión culé que refrendaba su capacidad para desactivar la estrategia de Valverde. Por el contrario, el Athletic supo convertir sus llegadas en tiros a puerta en mejor manera que el bloque visitante, asegurando la continuación de la pelea de tú a tú hasta el final.


La reanudación se estableció como una prolongación matizada del paradigma. El Barcelona trató de gestionar su ventaja haciendo mayor hincapié en la sentencia por la vía de la transición y el Athletic trató de seleccionar los intervalos de presión y de achique, para no arriesgarlo todo y suscribir la manutención de sus opciones. Los primeros diez minutos del segundo tiempo se quemaron con un trazo grueso de respeto y horizontalidad, pero cuando alzaba sus líneas Valverde reaccionaba, voraz, el Barça, recomponiendo el rictus atacante y descomprimiendo, otra vez, la densidad. Aduriz prendió la llama con un cabezazo arriba en balón parado y respondió Messi con un contraataque que concluyó con la diagonal prototípica del 10 argento, que esta vez lanzó un chut que lamió la madera -minuto 53-. Sergi Roberto asomó en el 57 para alimentar la ruptura táctica deseada, romper la resistencia vasca con un slalom y ceder para el centro de Rakitic. El croata encontró la coordinada volea de Suárez que no hizo diana.

La creación de peligro se imponía al intercambio de imprecisiones. El Athletic subía y bajaba líneas, aunque ya no llegaba a cerrar y se exponía a la contra culé. Arda y Messi tomaron la gobernanza de este tramo en el que el cansancio comenzaba a punzar y el esfuerzo se tornaba agónico en ambas trincheras. Valverde interpretó que debía apostar por un ascenso anatómico e incluyó a Raúl García y Vesga por Eraso e Iturraspe. Quería más fuelle en la presión y presencia en el área visitante. Debía recordar al Barça la amenaza que enfrentaba. Y el efecto fue consiguiente. El ex interior colchonero conectó un chut que rozó el poste tras una contra dirigida por Aduriz -minuto 64-. También participó en el robo en la parcela central que Susaeta tradujó en balón hacia la frontal. Aduriz amagó el chut y pasó para que Williams, en escorzo, rematara sin consecuencias. Y, en el 69, ganó una pugna aérea a Rakitic para que Susaeta disparara al cielo bilbaíno.

 

El respingo local desconfiguó la jerarquía blaugrana, pero los pupilos de Luis Enrique no abanadonarían su intención resolutiva por una asociación más contemporizadora. Arda, Suárez y Messi se aliaron en el 70 para forzar la espalda local. El argentino chutó desviado por poco. Mascherano y Andre Gomes hicieron acto de presencia por Umtiti y Denis con la pretensión de ganar seguridad y equilibrio y entregar al tridente la soltura para rematar los tres puntos. Robo y salida sería la paleta previa al desenlace. No obstante, dos balones profundos hacia Suárez cerraron el bagaje creativo con remate de los azulgrana. El charrúa, en solitaria aventura, rompió a dos zagueros y chutó demasiado abierto -minuto 81-, perdonando y dejando una ventana abierta para el pretendido asedio vasco postrero. Y zanjó el minutaje del duelo fallando, sin portero, un remate proporcionado por la claridad al contragole de Messi que le sacó un defensor bajo palos. Rafinha sustituiría a Turan (localizada, al fin, la coherencia entre su calidad individual y la de su equipo) para amarrar más cohesión.

 

En el 85, Beñat dirigió un lanzamiento de falta frontal hacia la escuadra. El grito de la tribuna se apagó al comprobar que había golpeado el lateral de la red. Por fuera de la portería. El posible penalti de Rakitic sobre Muniain -que entró por un vaciado Susaeta- bajó el telón de un encuentro que sacó lustre al prestigio de la Liga Santander. Desafió a campo completo el Athletic al Barça, decisión que es considerada como una temeridad por la mayoría de los clubes opositores al monstruo barcelonés. Reconstruyó este domingo Valverde el pundonor y la identidad de su plantilla a pesar de no hacer caja. La puntería y la riqueza de variantes del líder sacó a flote una victoria tan sufrida como valiosa, por su rédito estadístico y por la factura anímica que conlleva. La vibrante frugalidad rematadora, y su desatino que mantuvo en vilo el crepúsculo de la tarde, sólo fue la cúspide de dos disposiciones ambiciosas y en sintonía. Ganó el gigante visitante pero triunfaron los dos combatientes. Hacía tiempo que el Viejo Continente no contemplaba una oda a la competitividad atacante semejante.

Ficha técnica:
0 - Athletic Club:
Iraizoz; De Marcos, Bóveda, Laporte, Balenziaga; Iturraspe (Vesga, m.62), Beñat; Williams, Eraso (Eraso, m.62), Susaeta (Muniain, m.76) y Aduriz.
1 - FC Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti (Mascherano, m.71), Jordi Alba; Sergio Busquets, Rakitic, Denis Suárez (André Gomes, m.71); Messi, Luis Suárez y Arda Turan (Rafinha, m.84).
Goles: 0-1, m.21: Rakitic, de cabeza, a centro de Arda Turan.
Árbitro: Mateu Lahoz (Comité valenciano). Mostró tarjeta amarilla a los locales Susaeta (m.46+), Iturraspe (m.56), Eraso (m.62), Beñat (m.83), y a los visitantes Umtiti (m.10), Busquets (m.37), Luis Suárez (m.37), Sergi Roberto (m.59).
Incidencias: Partido correspondiente a segunda jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés con todo el papel vendido y ante 46.365 espectadores, según datos de la LFP. Se guardó un minuto de silencio en memoria del presidente del club vasco Pedro Aurtenetxe, recientemente fallecido. Asimismo, se estrenó el nuevo césped mixto del campo bilbaíno, que mezcla un 90 por ciento de hierba natural con un 10 por ciento de césped artificial.
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