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TRIBUNA

Agravios y recelos mutuos

miércoles 31 de agosto de 2016, 19:39h

Hemos asistido a la sesión del debate de investidura que comenzó el 30 de agosto con el discurso del presidente en funciones, Mariano Rajoy, y que ha continuado a lo largo del día de hoy con el turno de réplica por parte de los distintos líderes políticos. El guión estaba prácticamente escrito y verdaderamente ha sido así. No ha habido sorpresas. Se ha echado de menos la búsqueda de puntos de encuentro y un diálogo constructivo entre los distintos candidatos a lo largo del debate. Sánchez se ha centrado en las críticas personalistas a Rajoy, reiterándole su “no” y dejando en evidencia el rechazo a su candidatura, lo que ya se esperaba de antemano. Las formas han sido las de siempre y no se ha disimulado el desprecio y desdén del PSOE hacia Rajoy como posible presidente del gobierno. Ha llamado la atención que Sánchez en su intervención apenas se refiriera al Partido Popular, como si éste nada tuviera que ver con Rajoy. Han sido continuos los reproches entre líderes políticos desde un personalismo lamentable.

El debate no ha girado en torno a cómo conseguir puntos de encuentro entre las distintas facciones políticas para tratar de resolver los problemas del país sino que se ha centrado en descalificar al adversario político. A estas alturas, deberían saber los distintos líderes políticos que lo que se espera de ellos no es el ataque permanente al adversario político sino la puesta sobre la mesa de propuestas de solución para salir de esta situación de incertidumbre y parálisis política. No es mejor líder el que más insulta o habla más alto sino el que trata de buscar el consenso político y el diálogo institucional para gobernar de forma estable.

Los políticos no han estado a la altura de las circunstancias. Rajoy no debería pedir perdón ni ironizar con los votos alcanzados en las últimas elecciones. En términos objetivos, es el partido con más votos y precisamente por ello es una ofensa en toda regla que Pablo Iglesias se adjudique alegremente los votos de la gente que madruga para salir a trabajar como si solo la gente honrada y trabajadora fueran los que le votan sólo a él. Además debería saber que en democracia cuentan lo mismo los votos de las personas trabajadoras, desempleadas, etc. sean honradas o no. Iglesias ha vuelto a hacer gala de un discurso demagogo que no ayuda a construir sino a destruir.

Si Rajoy no es de fiar para Pedro Sánchez ni para Pablo Iglesias o Alberto Garzón al tiempo que ellos tampoco inspiran la confianza mayoritaria de la ciudadanía, a juzgar por el resultado de las últimas elecciones, todo parece apuntar a que el Partido Popular no conseguirá el apoyo en votos necesario para gobernar. Ni siquiera Albert Rivera ha apoyado explícitamente en su discurso a Rajoy, en coherencia con los acuerdos alcanzados, sino que por el contrario lo que ha hecho es poner en evidencia que el Partido Popular es un partido sobre el que pesa la sombra de la corrupción, y que el apoyo manifestado debería solo interpretarse como la solución menos mala aunque no deseada para la facción naranja.

Ha resultado lamentable que se haya echado en cara a Rajoy que gobierne en funciones sin control parlamentario desde haceocho meses cuando por desgracia el líder del Partido Popular no ha tenido alternativa posible. Como ha destacado el propio Rajoy en su intervención, durante estos meses “ha habido voluntad de entendimiento y tampoco ha habido una conflictividad tan absoluta” como la que, por cierto, han predicado distintos candidatos en el debate de investidura.

Los ciudadanos no nos merecemos líderes políticos sumidos en un autismo total, que no reaccionan frente a la voluntad de diálogo y acercamiento, dando repetidas muestras de talante antidemocrático. Es más, resulta penoso que quien se aproxima lo haga dejando claro que es una acercamiento circunstancial, forzado y no voluntario. España no se merece victimismos ni representantes de la soberanía nacional que sigan perpetuando esta situación de incertidumbre política y de falta de entendimiento que a lo que nos avoca es a la convocatoria de unas terceras elecciones que, verdaderamente, no nos podemos permitir porque hay problemas acuciantes en España que hay que resolver y que afectan a los millones de personas que fueron ya a las urnas en el mes de junio a la búsqueda de soluciones.

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