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DE ANTONIO CHAVARRÍAS

El Elegido: El comunista español que mató a Trotsky

viernes 02 de septiembre de 2016, 15:37h
El director Antonio Chavarrías filma la historia de Ramón Mercader, el comunista español fichado por los servicios secretos soviéticos para acabar con la vida de León Trotsky.
El Elegido: El comunista español que mató a Trotsky
Las historias de las que bebe el cine son fascinantemente inagotables. Y no sólo por la capacidad imaginativa del ser humano. La propia Historia (con mayúscula ahora) construida y capeada por la Humanidad esconde recovecos inexplorados que, a veces fruto de la casualidad y otras como resultado del afán de conocimiento inherente al hombre, salen a flote con jugosos capítulos para un guión cinematográfico. El último en aprovecharse de la materia prima de lo real ha sido el cineasta barcelonés Antonio Chavarrías (Dictado, Las vidas de Celia, Volverás), que rescata en El Elegido una historia prácticamente desconocida hasta los 90 y muy poco explorada a día de hoy: la Ramón Mercader, el joven comunista español captado por los servicios secretos soviéticos y enviado a México para cumplir con la misión de asesinar León a Trotsky.

Esta coproducción hispanomexicana narra con una solvente factura técnica y una aceptable adaptación a las exigencias del cine de época –a excepción de las no tan afortunadas escenas que recrean la Guerra Civil española- la vida de Mercader desde que se unió a la Inteligencia soviética de Stalin hasta que fue arrestado por la policía mexicana minutos después de clavar un piolet en la cabeza de Léon Trotsky.

La mayor fortaleza de la cinta reside en el interés excepcional de la historia contada. Frente al documental que recuperó del olvido la figura de Mercader en 1996 –Asaltar los cielos, de José Luis López-Linares y Javier Rioyo-, El Elegido pretende arrimarse al circuito de salas comerciales y llegar a un público más amplio. La opción de Chavarrías es la de la narración funcional: poder contarlo todo en no más de dos horas y que se entienda. Y el cineasta logra el principal objetivo: con un ‘tempo’ adecuado, que deja algo de espacio para respirar en la abrumadora concatenación de hechos, la cinta mantiene el interés del espectador, incluso con el hándicap añadido de que, como cualquier acontecimiento histórico hecho cine, el spoiler está a un ‘click’. Sin embargo, le falta profundidad y, si bien no es una mala película, sí da la sensación de que está algo desaprovechada.

Es cierto que hubiera sido el ‘más difícil todavía’, puesto que la sola exposición de los hechos da como para una miniserie, pero una mayor inmersión en la fascinante psicología de los personajes hubiera resultado un producto mucho más sugerente. El perfil de Ramón Mercader es, quizás, el más definido. El actor mexicano Alfonso Herrera (conocido en España sobre todo por el culebrón adolescente Rebelde) hace un buen trabajo para mostrar a un hombre inteligente y resolutivo pero sumamente moldeable, especialmente por su madre, interpretada por la siempre genial Elvira Mínguez (Truman, El desconocido). Es precisamente este personaje, Caridad Mercader, el que podría haber dado una mayor dimensión a la película, si se hubiera dibujado con más precisión la relación tóxica entre madre e hijo que se intuye como caldo de cultivo de la inquebrantable militancia política del protagonista. Hubiera sido otra película, claro. Pero hubiera ayudado a definir la personalidad de ‘el elegido’ y a enfatizar en el siempre bienvenido devenir de lo personal e individual a lo histórico.

Completan el reparto Hannah Murray (Skins, Juego de tronos), como la secretaria de Trotsky a la que Mercader seduce para introducirse en el círculo del ideólogo de la Revolución Rusa en el exilio mexicano; y Henry Goodman (Altamira, La dama de oro) como Trotsky, entre otros.

Una cinta un tanto lineal pero que sabe interesar al público con su trama de espionaje en un contexto histórico convulso y que alcanza el clímax en la genial escena del asesinato de Trotsky, donde los dos hombres, que mantienen el refinamiento, la sobriedad y la estética propios del cine de espías, se hacen carne.

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