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ENSAYO

Rafael Gumucio: Contra la inocencia

domingo 04 de septiembre de 2016, 16:08h
Rafael Gumucio: Contra la inocencia

Alquimia Ediciones. Santiago de Chile, 2016. 80 páginas. 9 €.

Por Gabriel Zanetti

Llevar la contra es una actitud de vida para algunos escritores. Roberto Bolaño, otro chileno -aunque su nacionalidad podría ponerse en duda, habitó durante largo tiempo otras tierras- cansó a cuanto entrevistador le tocara enfrentar, respondiendo no, justificando con maestría otro perfil de las cosas. Rafael Gumucio, autor de libros en distintos géneros, aunque posiblemente más conocido como novelista -la última Milagro en Haití-, sigue esta línea en Contra la inocencia, donde desarrolla con el lápiz bien afilado temas como la belleza y el animalismo. Una documentación extrema lo acompaña, que lejos de aburrir o perder al lector lo sitúa y justifica.

Textos que dan la cara. La vuelta de tuerca, el cambio de ángulo siempre tiene que ver con su propia biografía, donde es capaz de ponerse en ridículo, de ser incluso abrumadoramente honesto. La confidencia funciona como un anclaje a lo real, lo privado y lo público tienden a fundirse, el tema del que se está hablando -una narrativa que se presenta observadora y documentada- se disloca y aterriza al decir, por ejemplo: “Era yo -supe de pronto- y los niños lindos como yo, quienes impedíamos que se hiciera realidad el famoso socialismo del que hablaban siempre en casa. Porque incluso ganando todos el mismo sueldo, viviendo en el mismo barrio, teniendo la misma educación, seguirían naciendo niños más bellos que otros”.

Lo anterior lo extraje de la primera parte titulada “Contra la belleza”, tal vez la sección más potente del libro. Belleza física definida como “una droga que no se puede consumir, pero que activa en nosotros una amplia totalidad de mecanismos de consumo. La necesidad de obtener, comprar o vendernos a cualquier costo, entregarnos, perdernos, disolvernos hasta el olvido. Como la cocaína o la heroína, la belleza anula nuestra voluntad, apaga nuestra independencia…”. El autor, que es el niño bonito descrito más arriba, reconoce como una postura política -contada como una anécdota donde se rompe los dientes-, sumarse al mundo de los feos, donde su ídolo no sería más James Dean, sino los desaliñados filósofos y escritores.

Otro punto alto es la sección que da título a este libro. Una especie de ajuste de cuentas, o más bien una reflexión sobre el derecho de los animales. Todo esto surge en 2014, luego de un tuit que le provocó más de doscientas respuestas por minuto, donde decía que le daban vergüenza los hipsters que vio en la televisión, juntando alimento para animales, en vez de reunir ayuda para las doce mil personas damnificadas en un brutal incendio sucedido en el sector de La Pólvora, Valparaíso.

No importa y tal vez no es el lugar para decir si estoy a favor o en contra de los argumentos del autor. Que el lector se acerque al libro y juzgue. Sea como sea, lo relevante y lo notable aquí es la duda, más que llevar la contra por reflejo, como le dice un animalista en la calle “a ti te gusta contradecir por contradecir”. Lo de Gumucio tiene más que ver con eso, la duda como postura política y literaria. Asunto, al menos para mí, fundamental.

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