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ENSAYO

George Steiner: Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler

domingo 04 de septiembre de 2016, 16:14h
George Steiner: Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler

Traducción de Julio Baquero. Siruela. Madrid, 2016. 144 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Obra imprescindible para conocer mejor a uno de los últimos sabios, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y sus lúcidos comentarios sobre infinidad de cuestiones. Su lectura es una experiencia enriquecedora.

Por José Pazó

Hoy en día no es tan sencillo dar con la inteligencia. Hasta hace poco, la inteligencia se albergaba y concentraba en el cerebro de algunos individuos. Esos individuos reunían conocimientos y capacidad crítica, y se les reconocía como seres excepcionales. Se notaba que lo eran por sus palabras y sus obras. Sin embargo, desde hace unas dos décadas, la inteligencia se ha ido diluyendo. Dividida, fragmentada, molida o pulverizada por las fuerzas de internet y las redes sociales, la inteligencia ha dejado el cerebro del individuo para tomar como casa redes, comunidades, grupos, elementos mayores que la persona. El individuo se ha quedado así sin el anhelo de la inteligencia y el conocimiento totales, y ha pasado a ser átomo, molécula, pieza de un puzle siempre mayor que él y para el que ya no tiene recursos de comprensión. La profecía orteguiana de la especialización como némesis del hombre renacentista se ha cumplido, pero el fin de ese tipo de hombre no se debe solo a esa especialización sino a las redes sociales, a los centros de almacenamiento de información digital que han hecho innecesario acumular conocimientos y capacidad crítica en un solo cerebro. La inteligencia se ha hecho líquida y vive repartida por un tejido orgánico y electrónico. Pero aún quedan excepciones.

En el reino de la literatura, quizá las dos excepciones principales sean George Steiner y Harold Bloom. Los dos judíos, los dos norteamericanos, los dos empeñados en comprender y definir el hecho literario desde un positivismo curiosamente escéptico. Los dos creyentes de la literatura como una medicina del alma. Les separa Freud, y les une su reconocimiento del escritor y del creador como máximo exponente de la cultura, lugar que comparte, eso sí, con el científico y a veces con el profesor. Los dos son ancianos sabios que dejarán un vacío imposible de llenar al morir ya que con ellos morirá una forma de inteligencia que tiene los días contados.

En el 2016, Siruela ha publicado un ligero libro de George Steiner, Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler. Se trata de la recopilación de una extensa entrevista hecha a Steiner en Cambridge por una filóloga francesa, Laure Adler. Está finamente traducido por Julio Baquero a un español elegante y expresivo que acerca a Steiner al lector. Un libro que se lee con placer y de una sentada.

En ese largo sábado, Steiner confiesa muchos aspectos suyos que ya comenzara a airear con Errata, su autobiografía. Su origen judío alemán, su salida de Alemania a Francia, su paso a Inglaterra, su primer trabajo como escritor para The Economist, su dedicación posterior a la crítica y la enseñanza, su relación con Israel, Europa y los Estados Unidos … Pero además de estos aspectos externos, Steiner describe su mapa interior: la rutina en su casa de Cambridge, su pasión por las lenguas y la lectura, su amor por su perro y los animales, su cariño por su nieta, su velado y desvelado interés por el sexo, su amor hacia la música, su admiración por el París antiguo, su respeto por el pragmatismo anglosajón y la ciencia, su confianza y desconfianza hacia la palabra y la lengua. Steiner desgrana, en estos sentidos, un arte del buen vivir: “Vive desapegado, sabe ver la fortuna en el infortunio, aprende algo cada día, disfruta con lo nuevo, inténtalo y fracasa”. Y vuelve a fracasar, hasta que hayas fracasado lo suficiente para haber aprendido algo. Creo que en el caso de España, al único escritor al que le he escuchado ensalzar el fracaso fue a Juan Benet, un escritor bastante steineriano.

Hay muchas ideas atractivas en este libro; quizá las dos más interesantes giren en torno al judaísmo y a la relación de la crítica con la creación. El judaísmo es un tema muy caro para Steiner. Curiosamente, se define como antisionista. Para él, la gran ventaja de ser judío es la falta de raíces, la capacidad de ser un invitado en cualquier lugar del mundo. De forma personal, establece su vida como una serie de invitaciones recibidas, a veces inesperadas pero siempre generosas y sugerentes. Y si uno no es invitado, pues simplemente se va.

En cuanto a la creación, Steiner la define como la cumbre de la actividad intelectual. A lo largo de la entrevista confiesa que si se arrepiente de algo es de no haber tenido el coraje de haber sido un creador. Sin embargo, la entrevistadora le recuerda que a menudo sus obras son de creación, que los límites en su caso entre creación y crítica se desdibujan. Porque es cierto que en todas sus obras Steiner camina entre dos abismos: el de la creación y la locura asociada a ella, y el de la crítica y su malestar. Y caminar por ese filo sin ir de la mano de Freud (autor al que reconoce valor literario pero no eficacia científica) no deja de tener mérito.

Lo entrañable de una entrevista de esta longitud es que el entrevistado acaba siempre declarando aspectos internos o debilidades intelectuales inocentes: como cuando habla de la pederastia y de su relación con los religiosos católicos, y declara que algo así sería simplemente imposible en el caso de los rabinos ya que en el mundo judío se ama y se respeta de verdad a los niños. Una afirmación que levanta dudas sobre su comprensión del alma humana y de sus debilidades.

Pero lo interesante de este libro es la conversación que el lector inevitablemente entabla con el entrevistado, esté o no de acuerdo con sus afirmaciones. Entrar en el mundo conceptual de Steiner, en su mapa intelectual y en su experiencia vital, no deja de ser una aventura muy enriquecedora. Deslizarse por sus palabras es dar la mano a una persona mayor, que es una de las encarnaciones de la inteligencia. Una experiencia antigua y anticuada en este mundo de inteligencias sociales y colectivas, pero sumamente placentera para los que nos gusta convertirnos de nuevo en niños por unas horas, y dejar que la inteligencia sanamente aleatoria y arbitraria de un individuo nos guíe por el laberinto del buen vivir.

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