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ALMODÓVAR O EL GENIO

jueves 08 de septiembre de 2016, 11:01h
En Francia, los franceses se esfuerzan por consagrar a sus escritores, a sus artistas, cineastas, científicos, deportistas que han destacado...

Julieta, la película de Pedro Almodóvar, ha sido seleccionada como candidata a los Oscar. El pasado 7 de abril, Luis María Anson publicó un artículo en el diario El Mundo en el que subrayaba la calidad de Julieta y lo que su director significa para el mundo artístico español. Lo reproducimos a continuación.

En Francia, los franceses se esfuerzan por consagrar a sus escritores, a sus artistas, cineastas, científicos, deportistas que han destacado. En España, muchos españoles se dedican a hundir a sus compatriotas triunfadores. Es el destino cainita de nuestra nación. La envidia forma parte sustancial del homo hispanus como subrayó SánchezAlbornoz en su España, un enigma histórico.

Partiendo siempre de la presunción de inocencia, corresponde a los tribunales sentenciar los delitos, si los hubiese, de los papeles panameños. Me entristece ver cómo algunos de sus competidores profesionales, amén de ciertos críticos y comentaristas, han aprovechado la ocasión no para condenar presuntas irregularidades fiscales sino para erosionar y malherir la entera figura de Pedro Almodóvar. El éxito del cineasta ha llevado el nombre de España hasta el último rincón del planeta. Hay un reconocimiento global de la calidad artística de Almodóvar. Conocí a Luis Buñuel, mantuve amistad con Bardem y Berlanga, también con Aranda y Summers. Admiro a Gutiérrez Aragón, a Fernando Trueba, a José Luis Garci, a David Trueba, al gran Amenábar… Pedro Almodóvar, todavía joven, se ha convertido en el primer nombre de la historia del cine español. La crítica internacional le ha situado además entre la media docena de los grandes de la cinematografía mundial, hoy.

En los últimos cien años España se ha enorgullecido con Pablo Picasso, con Antoni Gaudí, Ramón y Cajal, Ortega y Gasset, Federico García Lorca, Plácido Domingo, Rafael Nadal… Y con Pedro Almodóvar. Empalidecer a una de las estrellas que parpadean en el firmamento español es un ejercicio de envidia altamente deleznable.

Respeto lo que él piensa, pero mi posición política, religiosa, ideológica está muy lejos de Pedro Almodóvar. La objetividad, sin embargo, obliga a reconocer su genialidad como cineasta. La piel que habito, por ejemplo, es cine de la más avanzada vanguardia, una película abstracta que invita al pensamiento profundo. Hace unos días salí conmocionado tras contemplar Julieta, creación artística de la más alta calidad, estudio psicológico del amor filial perdido, del vacío existencial. Julieta es la obra de un genio que merece el reconocimiento general y que contrasta con la cicatería de algunos y la envidia desbocada de otros. Almodóvar es Pedro y sobre esa piedra se ha edificado lo mejor de la historia del cine español. El cineasta, escribí hace años, es un genio absoluto por su inacabable capacidad para la fabulación creadora, para la provocación y la fantasía, para la mordacidad y el humor, para el alboroto y la exaltación, para el gemido y la ternura, para el furor sexual y la madera desesperada de las guitarras lejanas. Guionista de escritura erizante, me gustaría verle sentado en un sillón de la Real Academia Española.

Casi nadie duda de que Almodóvar es uno de los nombres definitivos de la cultura española actual. Se deben rechazar y condenar los regates fiscales, si es que se han producido, pero no malherir al artista. La vida le ha deparado, además, la suerte de un hermano, Agustín, que es hombre siempre constructivo, sagaz y razonador. Y discreto. En estos días de agresiones y cicaterías me siento al lado de Almodóvar, al que solo juzgo por su obra cinematográfica, al margen de las anécdotas fiscales.