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TRIBUNA

María Villar o la inseguridad irrefutable en México

Juan Federico Arriola
miércoles 21 de septiembre de 2016, 23:04h

Hoy en la mañana, muy temprano me enteré del secuestro y homicidio en contra de una ciudadana española que residía en la Ciudad de México. Su nombre, María Villar, de 38 años, muy joven. Ella es, o mejor dicho, fue, sobrina de un importantísimo directivo del fútbol español. Aunque la familia pagó parte del rescate, sus secuestradores la mataron.

Estoy indignado como ser humano, como jurista y criminólogo, como ciudadano mexicano, como profesor universitario y como padre de familia. Su caso se suma al de muchas víctimas mexicanas, centroamericanas, estadounidenses, españolas, etcétera. México no es un país seguro para nadie y sobre esto escribiré líneas más adelante porqué. Esta afirmación me duele, pero es mucho peor callar o meter la cabeza como avestruz.

Es seguro que el gobierno español a través de su Embajada en México ejercerá toda su presión ante el gobierno federal mexicano y autoridades políticas y de procuración de justicia de la Ciudad de México y del Estado de México –este último el peor de todos- porque la seguridad pública en términos constitucionales es competencia de autoridades federales, locales y municipales. El secuestro contra la joven Villar fue en el elegante barrio de Polanco en la Ciudad de México la noche del 13 de septiembre y fue encontrada muerta, el 15 de septiembre en el Estado de México.

El gobierno mexicano y los gobiernos de la Ciudad de México y del Estado de México han fracasado frente a todos los gobernados en el tema de seguridad pública: ejecuciones entre bandas criminales, extorsiones, secuestros, expansión del narcotráfico, homicidios, trata de personas, etcétera. El presidente Enrique Peña, el jefe del gobierno capitalino Miguel Mancera y el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, conforman un trío de ineptos y demagogos. Los tres niegan la realidad. El primero habita en Peñalandia, en un mundo de fantasía por sus discursos, el segundo, ha negado la presencia del narcotráfico en la Ciudad de México y el tercero quien pretende suceder a Peña en el cargo de presidente de la república, sólo exagera y extrapola la realidad mexiquense para hacer a un lado la queja de miles de personas en su entidad: asaltos cotidianos en la carreteras del Estado de México, el índice más alto de secuestros y feminicidios.

La debacle empezó con el presidente ilegítimo Carlos Salinas de Gortari, uno de los peores en la historia de México. En 1993, fue asesinado el cardenal Posadas en Guadalajara, la segunda ciudad más importante del país. En 1994, el candidato presidencial del PRI, Colosio y meses después también en 1994, Ruiz Massieu fueron asesinados.

Luego entonces, si un cardenal es asesinado en México, cualquier ministro de culto, rabino, pastor luterano, sacerdote católico corren peligro. Hace unos días, dos ministros católicos fueron secuestrados y asesinados en Poza Rica, Veracruz. Igualmente han sido asesinados en los últimos 23 años otros políticos, empresarios, mujeres trabajadoras, un vicealmirante y otros miembros del Ejército y la Marina, médicos, abogados penalistas, jueces y magistrados, periodistas y más.

El secretario de Gobernación (Ministerio del Interior), Osorio Chong dice que no debemos hablar mal de México. Criticar a las autoridades ineptas y corruptas no es referirse en términos negativos de mi país.

Me avergüenza profundamente como mexicano el grado de fracaso e ineptitud en lo político, lo económico, lo social y lo educativo de las principales autoridades de México. Nunca antes en cien años, habíamos estado tan mal.

Hago mías las palabras del genial Miguel de Unamuno: “me duele España”, pues a mí, me duele México, profundamente.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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