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TRIBUNA

A la tercera va la vencida, o no

jueves 22 de septiembre de 2016, 20:13h

Escribir sobre la política española actual es tan aburrido como un telediario de Corea del Norte presentado por la eterna dama de rosa. Los discursos de los actores de la política española se repiten como los posados veraniegos de Ana Obregón.

Durante tanto tiempo hemos levantado la bandera de nuestro europeísmo militante que nos lo hemos llegado a creer. Pero seguimos igual que hace siglos, poniendo por delante los adjetivos a los sustantivos. Y no llegamos a tomarnos en serio las situaciones crítico-dramáticas por las que de verdad atraviesa el país, esencialmente en el ámbito económico-financiero-presupuestario, que nos habrían de hacer reflexionar. Aquí solo nos sentamos a hablar con los rivales para jugar al mus, pero luego de terminada la partida, cada uno por su lado, y a rajar del otro.

Ha afirmado en una reciente entrevista el filósofo Antonio Escohotado que España es el país peor avenido de Europa occidental porque se han asentado la discordia, la desunión y los complejos de inferioridad de algunas Comunidades Autónomas que se proyectan como supremacismos. No lo comparto, al menos sin completar su conclusión. Entiendo que la situación a la que hemos llegado es artificial en cuanto inducida por unos cuantos políticos de tercera que han azuzado el diferentismo para crearse un hueco al que se han aferrado con la fiereza de Silvester Stallone. Son restauradores del discurso schmittiano del amigo-enemigos, seres tóxicos invadidos de codicia, preocupados exclusivamente por sus siglas, sus sedes o su propio presente y futuro personal. Quizás deberíamos reunir a esta docena de incendiarios en una edición permanente de Sálvame de Luxe para que se peleen e insulten libremente en prime time. Viviríamos mejor.

Algunos españoles se han dejado absorber (antes se decía “comer el coco”) por este discurso centrífugo que señala al otro, a los otros, como culpables. Ha pasado muchas veces en la historia, aunque no han sido los mejores momentos de la historia. Pero la gran mayoría de los españoles no está contaminada y aún reivindica el interés general o común por encima de tanto partidismo fragmentario y de tanto populismo de tres al cuarto.

Al menos habría que hablar, que negociar, que buscar los elementos que unen más que los que separan o distorsionan. Suena tan rancio como reivindicar el espíritu abierto de la transición, nuestro momento estelar. Por entonces se hizo realidad la idea orteguiana, del proyecto sugestivo de vida en común, que no pocos quieren cargarse a martillazos. Pero, concluyo repitiéndome, la gran mayoría, con sus normales discrepancias, no está de acuerdo.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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