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DESDE ULTRAMAR

Violencia policial en EEUU. "Casos aislados"

jueves 22 de septiembre de 2016, 20:14h

La persistente violencia policial en Estados Unidos, revestida de un acusado racismo inocultable, pero siempre negado, enloda su afán de vender democracia al mundo. Así de sencillo y así de rápido hay que decirlo. Y es una pena, porque bien que sería más creíble su afán de exportarla –pese a que nadie se lo está pidiendo ni necesita sus lecciones moralistas– si al menos aquella se acompañara de un tratamiento digno a su ciudadanía. Sobre todo cuando no se trata de los blancos. Y sobre todo ante el maltrato propinado a los negros, a los hispanos, a los asiáticos, que pese a que sus papeles están en regla (cuando llegan a estarlo), su color de piel no lo está, ante el racismo irrebatible y evidenciado que existe en ese país y que sus corporaciones policiales destilan por los poros.

Unos cuerpos policiales que nos obsequian un día sí y otro también, escenas de desmesura, abuso evidente y racismo desbordado mancillando a esas personas que no son blancas, en una clara desproporción de trato si se tratara de los blancos. Cherifes y alguaciles se escudan y se rebajan, sobajando ciudadanos y no ciudadanos, mientras pretenden que nos traguemos que actúan con la ley en la mano y de forma aislada. Sus excesos los exhiben.

Que no por nada Estados Unidos es considerado a veces como el país más violento del mundo. Que otra cosa es que su televisión se encargue de vender por el orbe otra cosa y los aturdidos se lo crean. Es un país violento que se escuda para serlo en que su policía está obligada a actuar de una forma tal como la deploramos, porque se enfrenta a verdaderos peligros, reales o imaginarios, que la justifican. Los jueces desde luego, tienen la tarea, además, de mantener a raya a una sociedad compleja. Sin embargo, tales argumentos no pueden ser justificantes para que persista y sobresalga tal violencia policial, pues ni la “democracy” da para tanto ni siempre operan con la razón y solo asistimos a atestiguar que sus autoridades constantemente solo tilden los abusos como simples y llanos “casos aislados”, cuando que su extralimitación y atropello es la norma general y no la excepción. Lo importante es reconocer y denunciar que la violencia policial desmedida que aqueja de siempre a Estados Unidos, está sobrepasando las formas y la capacidad para ocultarla. Las movilizaciones son cada vez más, frecuentes, nutridas, reclamantes y retadoras del orden establecido, ese stablishment racista que no se ha ido y avala semejante proceder.

No nos engañemos: las minorías raciales parecen ser las destinatarias favoritas de semejante racismo policial innegable. La muerte de policías combatiendo el crimen no parece compensar semejantes acciones, atrocidades, dicho porque sus defensores arguyen que corren más peligro ellos que los presuntos delincuentes. Lo cierto es que los balaceados con 10 tiros e inermes, no dejan claro exactamente en dónde corría peligro el oficial que los liquidó. O el negro pateado por una horda de oficiales o el niño mexicano baleado desde Estados Unidos hacia México. Lo tienen crudo justificando semejantes desproporciones. Vimos a policías a caballo pateando negros en Nueva Orleáns, a oficiales blancos exonerados de la muerte de Rodney King. Un contubernio de siempre en contra de minorías, pese a cansarse de negarlo. ¿Y Brown? el negro abatido con 16 disparos por un policía blanco. No lo neguemos: lo ha cazado como a un perro y no como a un ciudadano estadounidense. Así de fácil y no merece decirse de otra forma.

Es explicable porque han surgido movimientos como el de “Las vidas de los negros importan” o porque Obama clama porque se haga justicia. Él mismo ha denunciado racismo en su persona. Que los negros sigan exigiendo justicia tras de 150 años de haber sido liberados, decepciona en un país que vende al mundo estabilidad y justicia social. La asignatura pendiente está a la vista de todos. En paralelo hay un movimiento que clama para que dejemos de decir “afroamericano” y es correcto. Piden ser solo americans (sic). Un ciudadano estadounidense no debe destacarse por su color de piel. Sea cual sea su origen es estadounidense y punto. Yo hace rato que eliminé el vocablo porque decirles afroamericanos sería tildarlos de negros porque…¿qué otra cosa les quedaría de África tras de dos siglos de vivir allí? Otra cosa es Obama que sí que es afroamericano, el sí por su padre keniano.

Husmeando en la red uno encuentra datos precisos: 410 personas murieron a manos de la policía en 2010, con un sesgo de negritud inocultable; con una estadística de dos personas negras muertas ¡por semana! Para 2015 ya iban 1152 individuos en total. Ejercicios de conteo de casos “aislados” confirman que no lo son. Pintan el mapa de Estados Unidos con evidentes muestras de excesos policiales en todo el país. Y si no pinta más en el medio oeste es porque allí la densidad poblacional es mucho menor. No por carecer de episodios deleznables. Las cifras se incrementan y son espeluznantes como para tratarse de un país que alardea el cumplimiento de sus propias leyes. Que ya van 120 negros muertos en 2016. Y parece imparable la matazón.

Decir todo esto levanta ámpulas entre la gente proyanqui de afuera. Decirlo fastidia a quienes desde adentro, minimizan lo que sucede. Pero cada vez más resulta inocultable y lo saben muy bien. Hay violencia policial institucional con sesgo racista –que solo refleja el racismo vigente– y la policía mata a más gente de otros colores, proveniente de los barrios marginales estadounidenses, y que apenas balbucea reconocerla. Negar la violencia policial no la elimina.

Esta semana el gobernador de Carolina del Norte ha tenido que llamar a la Guardia Nacional para canalizar los disturbios causados por la muerte de otro negro. Otro. Es que no paran. Cuando no ellos, los hispanos y marcadamente los mexicanos.

Entre las cosas que me pueden escaldar provenientes de los Estados Unidos, además de su acusada doble moral de siglos, hay dos que enlisto y destaco: una es la autocomplacencia de los corresponsales de habla española, que en la mayoría de los casos no expresan la más mínima crítica. Aún en este asunto. Solo enuncian los hechos de cuanto narran y casi siempre con sabor justificador, y a lo más.Hay honrosas excepciones, notables por ser escasísimas. La otra es esa idea malsana y pagada de sí misma que se repite constantemente en las redes sociales, cada vez que hay un muerto a manos de la policía y más si es un negro: “se le dijo que soltara el arma o la piedra (según sea el caso) y no lo hizo” o “que vaya a su país a hacer lo que quiera, aquí no”. La próxima vez que EE.UU. señale a otro país censurándole el respeto a los Derechos Humanos, recordemos todo esto. Será una invitación para pensar en su actuar y así podremos sonreír y mirar hacia otro lado.

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