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DIRIGIDA POR MATT ROSS, CON VIGGO MORTENSEN

Captain Fantastic: Noam Chomsky, ¿producto de masas?

viernes 23 de septiembre de 2016, 12:36h
Matt Ross presenta su segunda película como director, Captain Fantastic, una fábula sobre el sueño de seguir las propias creencias al margen de las normas imperantes, protagonizada por Viggo Mortensen y que, a pesar de que admite un visionado entretenido, generará, sin duda, debate.
Captain Fantastic: Noam Chomsky, ¿producto de masas?

CAPTAIN FANTASTIC

Director: Matt Ross
País: EEUU
Guión: Matt Ross
Fotografía: Stéphane Fontaine
Música: Alex Somers
Reparto: Viggo Mortensen, Missi Pyle, Kathryn Hahn, George MacKay, Steve Zahn, Hannah Horton, Trin Miller, Samantha Isler, Annalise Basso, Nicholas Hamilton, Ann Dowd, Shree Crooks, Erin Moriarty, Charlie Shotwell, Frank Langella

Sinopsis: Ben (Viggo Mortensen) es un padre que ha pasado diez años viviendo en los remotos bosques situados al noroeste del Pacífico criando a sus seis hijos. Sin embargo, un día la familia debe abandonar su modo de vida en la naturaleza y volver a la civilización. Asimilar su nueva situación y adaptarse de nuevo a la sociedad moderna no les va a resultar nada sencillo.

Tras una larga trayectoria interpretativa (Cara a cada, American Physco, El aviador) y debutar al otro lado de la cámara con 28 Hotel Rooms, Matt Ross presenta su segundo largometraje, Captain Fantastic, interesante cinta por las posibles lecturas de su contexto en la industria del cine estadounidense y, en lo estrictamente cinematográfico, solvente y encantadora, con poso agradable y unas interpretaciones destacables.

La cinta descansa sobre unos hombros robustos: los de un Viggo Mortensen (El Señor de los Anillos, Una historia de violencia, Alatriste) que se cree su personaje. El actor interpreta a un padre de familia que educa a sus seis hijos en el bosque -como los niños de Peter Pan, casa-árbol incluida-, al margen de una sociedad que detesta, pretendiendo hacer de ellos individuos libres de acción y pensamiento, lejos del capitalismo y la alienación del consumo. Él los educa y entrena en un mundo pequeño, idílico y apartado en el que se autoabastecen, se quieren, dialogan, tocan instrumentos alrededor de la hoguera y celebran, como alternativa a la Navidad, el cumpleaños de Noam Chomsky. El conflicto llega cuando la muerte de la madre, ausente físicamente en la cinta pero con presencia constante, les obliga a trasladarse a la ciudad para acudir a su funeral. Ross pinta una fábula colorista y divertida con toques dramáticos sobre la posibilidad de seguir las propias creencias y cómo gestionar el choque con las corrientes dominantes, y le da forma de road movie fácil de tragar, aunque no tanto de digerir (puede que interrogantes sobre su forma de vida, las decisiones tomadas o la libertad asalten al espectador a la salida).

Mortensen logra que el protagonista sea a ratos adorable e inspirador, a ratos pedante y superado, de carne y hueso en cualquier caso a pesar del reto que tenía por delante de hacer creíble a ese súper padre experto en casi todo. En general, el mayor problema de la cinta es ese, y lo supera con nota; incluso en el caso más peligroso, el de niños pequeños o adolescentes que puedan pasarse de rosca en las conversaciones elevadas, los intérpretes logran mantenernos en la película, convirtiendo en naturalidad todo lo que tocan e invitando al espectador a sumarse al viaje de esta familia atípica y atractiva que puede recordar a veces al de la excelente Pequeña Miss Sunshine.

Pegada a la estética del cada vez más masivo 'indie' americano, Captain América es una película cuidada, profunda pero entretenida y que gustará a casi todos, se vea como un manifiesto político-social en contra del orden establecido o como una película ligera para pasar el rato. Y quizás en esta amplitud resida la mayor genialidad de la película. O su mayor fiasco.

Lo cierto es que Matt Ross escupe a la cara de EEUU algunas verdades sobre su idiosincrasia y lo hace desde un cine comercial destinado al consumo masivo. Y, si bien el director muestra también las flaquezas del plan de vida de su protagonista, la cinta se posiciona a favor de la contestación, de la liberación, del pensamiento crítico y el despertar de las masas. Y el archienemigo contemporáneo del sueño americano, Noam Chomsky, llega de pronto como ídolo a la gran pantalla, con su discurso anticapitalista resonando en una abarrotada sala hambrienta de palomitas. Arriesgado, sí. Pero también de cierta impostura. Sea como sea, es más que probable que la cinta genere debate a la salida del cine. Punto para Matt Ross.


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