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BARBERÁ Y RAJOY

sábado 24 de septiembre de 2016, 17:47h
Al juez Castro le ofrecieron la candidatura de Podemos por Baleares. No aceptó porque...

Este artículo de Luis María Anson, publicado en El Mundo, ha provocado infinidad de comentarios en las redes sociales, en periódicos hablados y digitales y en tertulias de radio y televisión. Lo reproducimos a continuación.

Al juez Castro le ofrecieron la candidatura de Podemos por Baleares. No aceptó porque acababa de conseguir la prórroga en su puesto. Este controvertido magistrado prolongó hasta la náusea su tempestuosa persecución personal contra Doña Cristina. Soñaba en convertirse en estrella social a lo Garzón. El juez Yllanes, presidente del tribunal que terminó sentando a la Infanta en el banquillo, sí aceptó la oferta de Pablo Iglesias y hoy es diputado de Podemos por Baleares en el Congreso. Por cierto, la denuncia contra Doña Cristina del pseudosindicato Manos Limpias era un puro y duro intento de chantaje. En complicidad con Ausbanc, ofreció retirarla a cambio de 3 millones de euros.

No se puede poner en duda ni la preparación jurídica ni la independencia de los jueces Castro e Yllanes a pesar de su ideología. Pablo Iglesias es un hombre muy inteligente y, al mejor estilo del comunismo clásico, sabe que es necesario infiltrarse en el poder judicial. Los jueces de ideología podemita se están multiplicando, brizados por los éxitos de Podemos. Habrá que entender, por eso, que Rita Barberá prefiera que la juzgue el Tribunal Supremo antes de enfrentarse a la eventualidad de caer en la zarpa de algún juez que gire en la órbita de Iglesias. No sé lo que terminará haciendo porque la presión sobre ella carece de precedentes, pero parece lógico que la exalcaldesa, aparte de la explicación de no querer reconocer culpabilidad, se sienta más segura jurídicamente investigada, y en su caso juzgada, por el Tribunal Supremo. Por eso tal vez se ha resistido, hasta el momento de escribir estas líneas, a renunciar al aforamiento.

Rita Barberá fue una excepcional alcaldesa de Valencia. No se trata de una opinión personal. Es la del pueblo valenciano que la eligió en 1991 y la volvió a votar por mayoría absoluta en las cinco elecciones posteriores. Se ha producido su linchamiento público sin respeto a la presunción de inocencia. Partiendo de la base de que cualquier prevaricación por pequeña que sea resulta rechazable, coincido con lo que ha escrito en estas páginas Pedro G. Cuartango, “ya que no es posible equiparar el blanqueo de 1.000 euros del que se acusa a Rita Barberá con la red clientelar urdida por el PSOE en Andalucía que supuso un desfalco de 741 millones para las arcas públicas”.

Susana Díaz sustituirá, según anuncian las crónicas, a Pedro Sánchez, que es un cadáver político de cuerpo presente. “El PSOE está dirigido ahora por un secretario general que no sabemos si existe”, ha afirmado Antonio Escohotado. Incluso su antecesor en el cargo le ha rubalcabeado de forma inmisericorde. Y bien: la presidenta andaluza ha demostrado su capacidad de liderazgo al afirmar que cree en la honradez de Chaves y Griñán.

Rajoy, en cambio, se ha lavado las manos. Ha lanzado balones fuera y ha permitido que albeen los pañuelos blancos de la rendición. En lugar de defender la honradez de Barberá, colaboradora leal durante largos años, ha escurrido el bulto con palabras ofidias. “Cuerpo a tierra que vienen los nuestros”, suele ironizarse entre los simpatizantes del PP. No defender la honradez de Barberá, como ha hecho Susana Díaz con Chaves y Griñán, demuestra una preocupante carencia del liderazgo. “Sobre los labios marchitos zozobra el rezo”, escribió Valle-Inclán, que también era gallego.