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ORIENT EXPRESS

25 años de Independencia de Armenia

Esta semana se ha conmemorado el 25º aniversario de la independencia de la República de Armenia. En realidad, era la segunda vez en el siglo XX que este país del sur del Cáucaso lograba ser independiente. Lo había hecho ya en 1918. Las Masacres Hamidianas (1894-1896) y el Genocidio Armenio (1915-1923) habían demostrado lo que les cabía esperar a los armenios en el Imperio Otomano. La caída de los Romanov y el final de la Primera Guerra Mundial para el Imperio Ruso brindó la oportunidad a la Federación Revolucionaria Armenia, fundada en Tbilisi en 1890, para fundar un Estado en el territorio armenio del agonizante imperio zarista. En el proceso de descomposición centrífuga de los territorios que los ejércitos de los zares habían conquistado desde tiempos de Iván el Terrible y, sobre todo, de los Zares Pedro el Grande y Catalina, Armenia quedó rodeada por la República Democrática de Georgia, la República Democrática de Azerbaiyán, el Imperio Persa y el Otomano, que estaba en plena descomposición. La joven Armenia sólo mantendría la paz con Persia, con quien los vínculos históricos y culturales son profundísimos. Sirva como prueba que una de las más bellas mezquitas persas del Cáucaso, que data del siglo XVIII, está en Yereván: la Mezquita Azul.

Especialmente dura fue la guerra contra los ejércitos otomanos. El tratado de amistad entre los bolcheviques y los turcos de 1 de enero de 1918 permitió a éstos dirigirse contra Armenia. Durante seis meses, los armenios lucharon con todo lo que tenían. Cuando firmaron el Tratado de Batum el 4 de junio de 1918, los otomanos estaban a siete kilómetros de Yereván y a diez de Echmiadzin, sede de la cabeza de la Iglesia Apostólica Armenia: el katholikos. Los armenios sufrieron la imposición de unas condiciones muy duras para la paz: perdieron los territorios de la Armenia histórica, aunque nunca renunciaron a ellos.

La República Democrática de Armenia tuvo una vida efímera y algo agitada: guerra con Georgia en diciembre de 1918, guerra con Azerbaiyán entre 1918 y 1922, la crisis de los más de trescientos mil refugiados que huían del Imperio Otomano al territorio seguro de la joven república… Los armenios estaban en medio de la tormenta perfecta. El éxito del Tratado de Sèvres de 1920 -que reconocía a Armenia parte de sus territorios históricos y le daba una salida al mar por Trapisonda, en el Mar Negro- quedó frustrado por la falta de apoyos de los aliados y la firme voluntad de Mustafa Kemal Attatürk de recuperar los territorios perdidos y devolver a los turcos la pujanza perdida. Apenas 40 días después de la firma del Tratado de Sèvres, el 20 de septiembre de 1920, los turcos movilizaron a sus ejércitos contra la República Democrática de Armenia. El 24 de septiembre los armenios respondieron con una declaración de guerra. Era casi imposible que los armenios venciesen sin apoyo exterior. Así fue como los soviéticos entraron en juego. Entre Moscú y Estambul, los armenios prefirieron lo primero.

Entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre de 1920, el 11º Ejército Rojo ocupó Yereván. Era la garantía frente a la invasión turca. Los soviéticos se hicieron rápidamente con los mecanismos de poder. El 6 de diciembre de ese año, la policía política secreta -la tristemente célebre Cheka- se desplegó en la capital de Armenia. De este modo dejó de existir la República Democrática de Armenia y nació la República Socialista Soviética de Armenia, que quedó integrada en la URSS hasta 1991.

Los conflictos territoriales, las reivindicaciones históricas y los contenciosos políticos y económicos nunca se llegaron a resolver. Al contrario, la política soviética fue soslayarlos en la idea de que la identidad soviética -el “homo sovieticus” del que ha hablado Svetlana Alexeievitch- sería más fuerte y reemplazaría a los nacionalistas armenios, georgianos o azeríes. Fue un error. Mientras la URSS impuso el control político, económico, social y militar en la región, los conflictos se enquistaron y, bajo una apariencia de paz, fueron haciéndose más profundos. A los agravios pasados se sumaron los derivados de las luchas de poder entre las facciones de los partidos comunistas de cada república. La república independiente había desaparecido, pero su idea seguía viva. La destrucción de la Unión Soviética y, sobre todo, su final entre 1989 y 1991 dejó en todo el Cáucaso un legado de guerras y querellas históricas.

El conflicto más grave es el de Nagorno-Karabaj, el territorio histórico armenio que los soviéticos enclavaron en la República Socialista Soviética de Azerbaiyán en 1923 con la pretensión de que fuese un territorio autónomo. Sin embargo, en lugar de resolver el problema, esto lo agravó a lo largo de las décadas. A finales de los años 80 del siglo pasado, las tensiones entre armenios y azeríes estallaron por todo Azerbaiyán. El ataque a los armenios de Sumgait en febrero de 1988 debería haber sido un aviso de lo que vendría. En enero de 1990 hubo otro gran ataque contra los armenios nada menos que en Bakú, la capital de Azerbaiyán. En 1991, las autoridades de una URSS organizaron “in articulo mortis” un referéndum para decidir si las repúblicas de la URSS debían seguir unidas o separarse. En Armenia, Azerbaiyán y Nagorno-Karabaj, unos y otros comenzaron a prepararse para la guerra que se avecinaba. En el otoño de 1991, la URSS ya era incapaz de garantizar el orden en una región a punto de estallar. Los arsenales abandonados por la policía y el ejército suministraron más armamento. La URSS dejó de existir el 31 de diciembre de 1991. Para entonces, la guerra entre los armenios de Nagorno-Karabaj y Azerbaiyán era una realidad explosiva.

La República de Armenia había proclamado su independencia poco antes, el 27 de septiembre de 1991, y por todo su territorio se organizaron unidades de voluntarios para ir en auxilio de Nagorno-Karabaj, cuyo ejército era inferior en número y armamento al de Azerbaiyán. El conflicto fue escalando. En Azerbaiyán también afloraron grupos de voluntarios que se hacían llamar “muyahidines”. Gracias al apoyo de Armenia, los armenios de Nagorno-Karabaj pudieron pasar a la ofensiva. Cuando, en 1994, se alcanzó un alto el fuego, Nagorno-Karabaj estaba en condiciones de defender su independencia con apoyo armenio y era, de facto, un Estado que ejercía funciones de tal en su territorio. Este conflicto también condicionó la evolución de la propia República de Armenia desde 1991.

Veinticinco años después de su independencia, Armenia goza de una estrechísima relación con la Federación de Rusia, donde viven millones de armenios, y gracias a su diáspora mantiene vínculos muy especiales con Francia, Argentina y los Estados Unidos. Situada en una encrucijada de culturas y pueblos, la nación cristiana más antigua del mundo -se convirtió en el año 301- mantiene con Irán una relación estratégica en campos como el comercio, el turismo y la energía. Mantiene relaciones diplomáticas con España desde 1992 y, desde 2010, tiene abierta Embajada en Madrid. Armenia apoyó la candidatura española al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el periodo 2015/1016. No obstante, hay muchos planos en que las relaciones entre los dos países pueden profundizarse para beneficio mutuo. Curiosamente, hubo un tiempo en que el rey León V de Armenia fue señor de Madrid, Andújar, Guadalajara y Villareal, pero esa historia la contaremos otro día.

Feliz 25º aniversario de la Independencia de la República de Armenia.

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