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LA DECENCIA POLÍTICA EXIGE A PEDRO SÁNCHEZ LA DIMISIÓN

domingo 25 de septiembre de 2016, 22:37h
No lo hará. Claro que no lo hará. Por el contrario, tratará de salvar la cara y, en contra de los intereses...

No lo hará. Claro que no lo hará. Por el contrario, tratará de salvar la cara y, en contra de los intereses de España y también de su partido, se esforzará por llegar a un acuerdo de investidura con Podemos, es decir, con el Partido Comunista, y con las agrupaciones secesionistas y de extrema izquierda.

Pedro Sánchez condujo al PSOE, el 20 de diciembre del año 2015, al peor resultado de su historia democrática. El partido que con Felipe González alcanzó los 202 diputados, se quedó en 90 con Sánchez. El líder socialista debió dimitir ante el estruendoso fracaso. No lo hizo. En las elecciones de junio todavía empequeñeció aún más al PSOE: 85 escaños. No solo no dimitió el señor Sánchez sino que celebró el resultado como un triunfo porque Podemos, es decir, el Partido Comunista, no consiguió el sorpasso.

Ahora ha sido arrollado por el Partido Popular en Galicia, sorpassado en esta Comunidad por En Marea-Podemos, y desmelenado también por Podemos en el País Vasco. Las cifras son tozudas. En la Comunidad Autónoma gallega, el PSOE se ha quedado en 14 diputados, mientras el Partido Popular ha consolidado su mayoría absoluta. En el País Vasco ha perdido 7 de los 16 parlamentarios que tenía.

La decencia política exige a Pedro Sánchez, tras los reiterados fracasos que ha cosechado, la fulminante dimisión. Hombre de cortos alcances y larga ambición, Pedro Nono proyecta continuar en la escena política dispuesto a hacer cuantas concesiones le exijan las agrupaciones secesionistas y de extrema izquierda, así como Podemos, es decir, el Partido Comunista. Frente a los dirigentes socialista históricos Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Corcuera, Alfonso Guerra, José Bono, José Borrell, José Luis Rodríguez Zapatero y tantos otros, Pedro Sánchez está dispuesto a distorsionar a España y a colocar al centenario partido que dirige en el mismo borde de la fractura y la quiebra.