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LAS NOVELAS DE LEONARDO PADURA SALTAN AL CINE CON VIENTOS DE LA HABANA

"Cada cual es como quiere en Cuba"; Perugorría tenía que ser Mario Conde

miércoles 28 de septiembre de 2016, 11:26h
Tras cosechar un éxito con pocos precedentes en la literatura cubana, el personaje creado por el escritor Leonardo Padura para su serie de novelas negras, Mario Conde, salta a la gran pantalla en Vientos de La Habana, dirigida por Félix Sabroso, con Jorge Perugorría, Juana Acosta, Yoima Valdés y Mariam Hernández. El Imparcial ha charlado con Padura y Perugorría sobre la cinta, que llega este viernes a los cines españoles vestida de policíaca pero con alma de radiografía de la realidad cubana.
'Cada cual es como quiere en Cuba'; Perugorría tenía que ser Mario Conde
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“En Cuba, las rubias tiene el culo de negra, las mulatas, ojos azules y las negras se pintan el pelo del color que les da la gana”. Lo dice uno de los personajes que viven ya en las páginas del borrador de la próxima novela de Leonardo Padura. Y lo recita el autor cubano, sin que sabérselo de memoria le reste una piza de pasión, como radiografía –de eso van sus libros, aunque se vistan de policiaca- de una sociedad “que es una mezcla en la que cada cual es como quiere”. Todos, menos el actor Jorge Perugorría. Porque, quiera o no, él es –y probablemente ya será siempre- Mario Conde. El policía nostálgico, atormentado e íntegro que Padura concibió como la encarnación misma de Cuba –al menos de la que es para el escritor y su generación- salta de las letras a las imágenes en Vientos de la Habana, la primera adaptación al cine de la serie de novelas más famosa e internacional de la literatura cubana contemporánea, dirigida por el español Félix Viscarret y en la que Perugorría pone de una vez por todas rostro al célebre personaje de Padura.

“En esas novelas, describo muy detalladamente a todos los personajes, excepto a Mario Conde. Por ejemplo, el personaje de Karina –Juana Acosta en la gran pantalla- en la novela está descrito con pelos y señales, desde los pelos de la cabeza a todos los otros pelos. Pero Mario Conde está siempre como esbozado. Porque necesitaba que Mario Conde fuera metafórico, representativo, lo más universal posible. Él es el cubano”. Cuando Padura habla, la literatura vive, se mueve y materializa. Y para muestra, sentado a su lado, Mario Conde con el rostro de Jorge Perugorría. O de Pichi, como llaman al actor sus allegados.

“El problema es que hace 15 años llegó a La Habana por primera vez un director con intenciones de hacer una película de esta novela”, continúa Padura, “y ese director ya venía con el nombre de Jorge Perugorría como posible Mario Conde. Y a partir de ahí empezamos una serie de avatares con productores y directores españoles, franceses, italianos, daneses, norteamericanos... Y nunca salía la película, pero lo que se repetía siempre era la posibilidad de que Pichi hiciera este personaje”.



Cuando llegó Félix Viscarret (Bajo las estrellas), Pichi ya era Conde y Conde ya era Pichi. “Sólo tuvo que darle cuerda, porque ya había empezado a prepararse el personaje hace muchos años; hasta el punto de que su esposa, 'Elsita', me cuenta que cuando llegaba a casa del rodaje ella no sabía si el que había llegado era Pichi o Mario Conde”.

Frustraciones

Mario Conde tiene uno de los rasgos más definitorios de toda una generación cubana que se contagió del idealismo revolucionario: la frustración. Los personajes de las novelas de Padura son una cosa por deber, por sentido de la responsabilidad y a menudo a costa de sus propios deseos. Conde, un policía con alma de escritor que, dice Padura, gusta "por desasido y por vulnerable", por estar en las antípodas "de un Rambo o de un Rocky", porque permite una identificación con sus carencias, a pesar de que "contiene un elemento atípico y casi inverosímil". "Es un hombre tierno, sensible, sentimental, buen amigo, pacífico, pero trabaja como policía. Es inverosímil y atípico", suelta Padura con no poca mala leche. "En realidad, las personas normales somos débiles ante la vida y por eso nos la pasamos recibiendo palos".

Para Perugorría, Conde "es un perdedor entrañable y tiene unos valores humanos que lo hace ser una persona con una sensibilidad especial". A pesar de identificarse con esa generación desencantada protagonista de la literatura de Padura, el actor cubano sí se siente realizado en lo profesional. "Ahora he ido encontrando y realizando otros sueños en el camino, como dirigir o pintar, pero mi vocación primera fue actuar y aquí estoy". Y luego está Padura, el autor cubano contemporáneo con más reconocimiento dentro y fuera de Cuba, que se define como "un frustrado absoluto". "Yo quería ser pelotero (jugador de béisbol). Hubiera dado todos mis libros por haber podido jugar en el Estadio Latinoamericano de La Habana y dar el 'home round' que le dio Marquetti a Rogelio García en el año 86. Soy un frustrado total"
.

Conde había logrado en quince años convertirse en la representación de lo cubano, dentro y fuera de la isla. Así de grande. El “gran reto” de Perugorría, como lo define el propio actor, era aunar a todos los Condes que habitan en las imaginaciones de millones de lectores en una única persona, la suya. Así de difícil. “Me pasó que cuando andaba por la calle y me encontraba con amigos me decían ‘¿pero tú estás haciendo a Mario Conde? Pues yo no me lo imaginaba así’. Todo el mundo le pone el rostro que quiere cuando lee”, cuenta Perugorría. “Los lectores somos muy cabrones y cada uno tenía su Conde. Hasta ahora, probablemente”, añade Padura.

Encanto y desencanto cubano

En más de una ocasión, Padura ha asegurado que no hace una literatura política. Pero hablar de Cuba es hablar, de algún modo, de política. De ideología o, mejor, de ideales. Y el autor habanero se ha convertido en el cronista social de la isla por excelencia. El escritor se sirve de la novela negra y del trasnochado Conde para mostrar la realidad de su país, en constante diálogo entre su generación y las venideras, entre la nostalgia del pasado y la esperanza en el futuro, a través de un ahora bloqueado entre ambos, a menudo frustrado pero siempre puro y dispuesto a reilusionarse. Como Conde.

“Yo también, como Conde, nací y me crié en un barrio, donde jugaba pelota con los amigos, nos reuníamos para escuchar música o, cuando salía un libro de los que no publicaban, nos los pasábamos el uno al otro. Todas esas vivencias yo las he tenido como el personaje”, cuenta Perugorría. “Conde es representativo de una generación en la cual me incluyo, una generación que vivió en un proyecto de país y de vida que cambió”.

Para Padura, el cambio está en curso, puede que aún en cocina, pero Cuba "va a cambiar en algún momento", considera. Pero el escritor espera que, como su Conde, el país mantenga su esencia dentro de la metamorfosis a la que está abocada. "Habría que ser muy responsable a la hora de transformarla porque se ha logrado conservar, dentro de la pobreza, la estructura fundamental de la ciudad y perderla sería lamentable, como ha pasado en tantos otros países de América Latina", considera.

“Conde es un tipo que ha entendido la vida de una manera y le cuesta mucho trabajo empezar a entenderla de otra; y ahora se enfrenta a un mundo que empieza a cambiar”, explica Padura, que lo expone en Vientos de la Habana al tráfico de drogas o al fraude académico, dos realidades “muy extrañas” en la sociedad cubana en la que se desarrollaron autor, actor y personaje, pero más que presentes en La Habana actual. “La incapacidad de Conde para entender ese mundo permite al lector y, ahora, al espectador entender mejor esa realidad”, señala el escritor, la realidad que nutre los casos a los que se enfrenta el policía y que ha llevado a los cubanos –y a los no cubanos- debates poco habituales en los medios oficiales.

En los últimos cinco años, Perugorría ha encarnado tres personajes del universo del Padura-guionista, una labor que el autor comparte con su mujer, Lucía López Coll. Primero, al “viejo generalote revolucionario totalmente desencantado” de Siete días en la Habana. En la genial Regreso a Ítaca, al “cínico por supervivencia”. Y ahora, a Conde. Para el autor, Vientos de la Habana ha llegado “cuando tenía que llegar”. “Esos tres personajes tan distintos entre sí, pero tan cercanos todos a mi literatura, a mi concepto del mundo, del arte y de la vida cubana, han funcionado como un proceso de apropiación por parte de Pichi del cual el más beneficiado ha sido sin duda Mario Conde”.


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