www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESTRENA LA RECONQUISTA

Jonás Trueba: "Las películas te pueden volver años después como una bofetada gigantesca"

Entrevista al cineasta Jonás Trueba que, tras Todas las canciones hablan de mí, Los ilusos y Los exiliados románticos, estrena este viernes, 30 de septiembre, en salas La Reconquista.
Jonás Trueba: 'Las películas te pueden volver años después como una bofetada gigantesca'
Ampliar
Es su cuarta película y, aunque a través de historias distintas, podría decirse que Jonás Trueba sigue completando la profunda reflexión sobre el tiempo que subyace de su cine. El realizador madrileño se sirve del reencuentro de dos personajes quince años después de protagonizar un romance adolescente para abordar en La Reconquista cuestiones como la fragilidad de presente y el peso del pasado, la construcción de la propia identidad y la autoconsciencia en base a los demás.

LA RECONQUISTA

Director: Jonás Trueba
País: España
Guión: Jonás Trueba
Fotografía: Santiago Racaj
Reparto: Itsaso Arana, Francesco Carril, Aura Garrido, Candela Recio, Pablo Hoyos

Sinopsis: Manuela (Itsaso Arana) y Olmo (Francesco Carril) se reencuentran en un futuro que se habían prometido quince años antes, cuando eran adolescentes y vivieron su primer amor. A partir de esta premisa romántica, La Reconquista es una película en busca del tiempo; o sobre la conciencia del tiempo: del tiempo perdido y del recuperado; sobre lo que recordamos de nosotros mismos y lo que no; sobre las palabras, los gestos y los sentimientos a los que seguimos guardando fidelidad, porque nos definen y nos interpelan en el presente, el pasado y el futuro.


¿Por qué has querido revisitar el primer amor y la adolescencia en La Reconquista?

Es algo difícil de explicar, de pensar incluso, pero supongo que es algo que siempre está ahí. Al menos en mi caso, siempre ha estado ahí y le sigo dando vueltas. También es cierto que cuando rondas los treinta, la adolescencia se convierte en la mitad de tu vida. Ya puedes trazar como ese primer pliego temporal. Puede que a los treinta sea como la primera crisis, o no sé muy bien cómo llamarlo, esa incertidumbre que te genera por primera vez la edad; y empiezas a pensar en aquello con más intensidad que cuando tienes veinte, que te da más igual.
Más que con el amor, esta película tiene que ver con lo que queda de la esencia de lo que éramos, de lo que fueron muchos de tus amigos o seres queridos en aquel momento. La película pone en escena y en duda todo eso que tiene que ver con lo que queda de nosotros mismos, a lo que guardamos fidelidad y a lo que no. Y el amor era la mejor manera de canalizar todas estas ideas. El amor puede generar toda una serie de reflexiones que van más allá, que tienen que ver con el tiempo, con la identidad, con uno mismo.

En la película se intuye cómo esas primeras relaciones con otras personas terminan definiendo tu personalidad, aunque no seamos del todo conscientes de ello…
Creo que somos el producto, no tanto de la familia en la que nacemos o de la cultura que tenemos, sino de los roces que hemos tenido con determinadas personas en algunos momentos. Yo siempre me he sentido así: que soy como soy, para bien y para mal, en gran parte gracias a la gente con la que he estado, con la que me he encontrado que, de alguna manera, me ha modulado. Y creo que la adolescencia es una época particularmente intensa de emociones, de roces, de cambios y que ahí suceden un montón de cosas que de alguna manera configuran tu ADN posterior.
A veces también pasa, y esa es otra de las preguntas de la película, que hay gente que cambia muchísimo, que te la reencuentras años después y prácticamente no la reconoces. No está claro si eran las mismas personas que fueron cuando tú las conocías; y se produce un combate interno, contigo mismo, porque la persona que estás viendo, es como un extraño, alguien a quien no conoces, pero en el que intentas reconocer aquello que viste en su día.

A los treinta, nos miramos en la adolescencia, a los cincuenta, pensamos en los treinta… ¿Por qué tendemos a esa nostalgia del pasado?
Porque hay muchos momentos en la vida en los que puedes trazar ese pliego temporal, pero creo que, más que fijarnos en la nostalgia, es hasta cierto punto necesario no perder del todo comunicación con lo que uno era. Tener presente lo que uno ha sido es importante, en el propio presente. No se trata de vivir en el pasado, pensando el pasado o sintiendo nostalgia por el pasado, sino de ser consciente de que el presente que tú vives tiene condicionantes, incluso aunque no lo sepas, del pasado. Creo que La Reconquista es una película en estricto presente, pero un presente que de pronto se siente tambaleándose por todos esos condicionantes, que se siente de repente más consciente de su pasado.
A veces vivimos en un presente amnésico, en el que nos vamos olvidando de todo. Somos muy olvidadizos y a mí eso me impresiona. En el cine también pasa: hay un mecanismo en nosotros que siempre va olvidando, vamos enterrando un día con el siguiente, de la misma forma que en el cine un plano desplaza al anterior hacia el olvido de la propia película. La vida funciona por acumulación y olvido. Pero a mí me parece que ese desplazamiento constante puede ser peligroso a veces. Hay algo que no está mal, y más en estos tiempos, en sosegar y simplemente tener presente lo que has sido y lo que eres. Tener presente el pasado, ¿por qué no?

¿Y qué hacer con esa consciencia del pasado? ¿Cómo gestionarla? Además de, como en tu caso, haciendo una película…
Es delicado. Hay que gestionarlo con cuidado porque, efectivamente, el pasado puede herir. Puede volver de una manera no precisamente amable o agradable y hacer temblar tu presente. En este sentido, me gusta que los personajes de la película son bastante respetuosos con sus respectivos presentes, aunque sean presentes frágiles. Te das cuenta de que a veces una caricia, un roce que te hace recordar algo, puede hacer tambalear tu vida entera. Creo que la manera de gestionarlo requiere de cierta mesura o delicadeza y la película también trata de moverse en ese terreno, donde los personajes son conscientes de esa fragilidad y se tratan con un cierto respeto. No se imponen el pasado ni lo reclaman cuando creen que se ha olvidado, sino que lo abordan con cierta ironía.



La Reconquista es una película abierta. ¿Tú tienes tu propia teoría de qué les pasa a los protagonistas después de los créditos?
No te creas. No tengo muchas teorías propias. Sí escucho las de amigos que ven la película y me dicen que los protagonistas seguro que no se vuelven a ver jamás, o que quedan otra vez. Veo que la gente saca conclusiones distintas y eso es bonito, porque esas conclusiones están condicionadas por cómo están ellos en el momento en que ven la película, por cómo ven ellos la vida. Yo no tengo especial interés en tener una teoría al respecto. La película es abierta no porque yo la haya forzado sino porque la he sentido así, porque yo mismo tengo muchísimas dudas, no tengo ninguna respuesta ni una conclusión clara de la propia película. Me gusta que sea una película descaradamente abierta, incluso te diría que ambigua por momentos. La película trabaja con sentimientos que no son claros, ni los propios personajes saben qué están sintiendo, o sienten cosas que pueden ser contradictorias. No hay objetivos claros.
Cuando estaba montando la película volvía a casa pensado que no sabía donde terminaba o dónde dejaba a los personajes. Más bien diría que están en una especie de limbo donde todo se pone en duda. Y no está mal, porque creo que es bueno dudar de las cosas. No sé qué pasará con ellos y no me importa tanto. La película es muy de hacernos preguntas pero no de dar respuestas.

Como los personajes con sus cartas de adolescencia, ¿tú relees lo que escribías de niño?
Al empezar a pensar esta película creí que necesitaba hacer una breve aunque peligrosa inmersión en mi pasado. Pero me di cuenta de que lo normal es no conservar nada de lo que escribiste porque lo escribiste para otros, así que en todo caso lo tendrán que conservar otros. Me hizo gracia, porque lo que yo podía tener era lo que otros me escribían a mí. Es bonito y es una cosa que hoy día probablemente no sucede, porque cualquier mensaje de mail o de whatsapp que escribimos se queda guardad0. En el siglo XX no era así. Yo no puedo releerme y en cierta forma lo agradezco, porque creo que me produciría una cierta conmoción e incluso un poco de bochorno o vergüenza. En cambio sí me parecía bonita la idea de recordarme a mí mismo a través de otros: no mirándote en el espejo, sino viéndote a través de tu amigo, de tu amiga, de tu novia… Cuando lees las cartas de esas personas queridas de tu pasado, también te encuentras a ti de alguna manera, entre las líneas, pero no tienes el testimonio directo de ti mismo.

Esta idea se refleja en la planificación de la película, sobre todo al principio, en el que se muestra la reacción de un personaje a una acción o diálogo de otro más que la acción o el diálogo en sí…
La película tiene grandes bloques, secuencias muy largas en las que los personajes hablan y se miran, no tan montadas como es lo habitual en el cine, donde el montaje va al dictado del diálogo. Aquí el montaje va al dictado de la escucha. A veces me interesa más cómo un personaje mira a otro mientras habla que el que está hablando.

En tu cuarta película, sigues por la senda del cine de las cosas pequeñas, autoproducido y hecho junto a un equipo cercano. ¿Concibes otra manera de hacer cine?
Sí lo concibo de otra manera posible y de alguna manera he vivido esas otras formas de hacer películas, empezando por mi padre, que ha hecho un tipo de producciones muy diferentes, más grandes. Y me gusta. Si algo no me gusta en el cine es el dogmatismo que, por otro lado, es bastante común. La gente que dice que hay que hacer un tipo de cine u otro y defienden normalmente el que hacen ellos. Yo no querría caer en eso y decir que hay que hacer películas pequeñas. Desde luego, esas son las que yo hago hasta ahora y son las que en principio quiero hacer. He hecho las películas que he querido hacer pero como espectador me gustaría que hubiera todo tipo de cine, no sólo el que yo hago. Y además es posible que yo mismo dentro de poco tiempo, quizás, quiera o necesite hacer otro tipo de película, más pequeña aún o más grande.

Ahora sí podrás “releerte” en el próximo pliego temporal, a través de tus películas. ¿Qué crees que te dirán dentro de treinta años?
Eso es una gran cuestión. Lo hablaba con mi montadora, porque sentíamos que la película sabía algo de sí misma que nosotros no sabíamos de ella. A veces las películas tienen una sabiduría que tú no tienes. La película no es un objeto preconcebido, muerto, controlado, frío… no es una tesis. Está viva y a veces contiene cosas de las que tú mismo no eres del todo consciente. No sé cómo me hablarán las películas que estoy haciendo ahora si las volviese a ver dentro de unos años. Sí sé que será bonito y, de alguna manera, duro. Porque las películas, más allá de que sean mejores o peores, siempre tienen algo de álbum de recuerdos, un álbum poderoso, con movimiento y lleno de personas que quieres delante y detrás de la cámara. Al final, estas cosas me impresionan. Las películas te pueden volver años después como una bofetada gigantesca que te recuerda lo que has cambiado, lo imbécil que eras o lo idiota que eres ahora. Hay algo ahí que, efectivamente, lo tienes en cuenta, pero es mejor no pensarlo mucho porque puede ser hasta paralizante.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.