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TEATRO REAL

Juan Diego Flórez pone en pie al público madrileño con su concierto benéfico

miércoles 05 de octubre de 2016, 08:37h
El tenor peruano ha protagonizado este martes en Madrid un emotivo concierto benéfico en el que ha querido celebrar el veinte aniversario del inicio de su carrera, acompañado en la distancia por los niños de “Sinfonía por el Perú”.
Juan Diego Flórez pone en pie al público madrileño con su concierto benéfico
Veinte años pueden no ser nada, pero dar para mucho. Y la carrera artística de Juan Diego Flórez es buena muestra de ello. Es cierto que el éxito le llegó muy pronto - de forma inesperada, aseguraba él mismo en la presentación a los medios del concierto celebrado anoche en el Teatro Real -, pero eso no le ha ahorrado esfuerzo ni le ha restado sensibilidad. Una marcada sensibilidad social que le llevó a fundar hace cinco años “Sinfonía por el Perú”, el proyecto que utiliza la música y la pertenencia a una orquesta para que los niños más desfavorecidos opten a una vida mejor y se relacionen en un entorno que alienta, entre otros valores, su creatividad. Un sueño que Flórez albergaba desde hace tiempo y que en la recta final de 2016 ya arroja datos reales.

Orgulloso de “sus niños”, Juan Diego ha querido que participaran en tan especial velada. Así que en la era de la tecnología digital de las comunicaciones que tan pequeño consigue hacer el mundo, durante el tramo final de la segunda parte del concierto Madrid viajaba a través de una pantalla hasta Lima, para escuchar a estos niños que han acompañado en directo con sus instrumentos al gran tenor de su tierra, mientras cantaba a miles de kilómetros de allí “La donna è mobile”. Ellos se llevaban muchos de los minutos con los que el público madrileño agradecía la generosidad del carismático tenor de técnica impecable, profunda precisión y genial interpretación, que conquista al público en cualquier parte del mundo. Que Juan Diego levanta pasiones ya lo hemos vivido otras veces en la Plaza de Oriente y, aun así, siempre parece que quiere cosechar más. Quizás sea en esa pasión por seguir emocionando, donde resida – además, por supuesto, de en las citadas cualidades artísticas -, el éxito que le acompaña desde aquella lejana noche de Pésaro cuando debió reemplazar al tenor protagonista. Como decía el Nobel Mario Vargas Llosa, el primero en salir al escenario para decir unas palabras a petición de su admirado amigo y compatriota, esa suplencia “fue providencial y lo catapultó al estrellato”, una estrella que no era efímera, sino que permaneció y fue consolidándose gracias a la constante determinación de seguir brillando cada noche, en cada concierto, con cada nuevo rol.

Veinte años de trabajo que el tenor ha querido empezar a “repasar” con su compositor favorito, Rossini, a quien ha estado dedicada por completo la primera parte, con arias de “Matilde di Shabran”, “Le Comte Ory”, acompañado por la soprano Marina Monzó, y “Semiramide”, cuando se han escuchado bien fuerte los primeros bravo. También de “La Cenerentola”, junto a la mezzosoprano Karine Deshayes, y de “Il barbiere di Seviglia”, además de las interpretaciones de la Obertura de esta última y el Pas de six de “Guillaume Tell” interpretadas por la Orquesta Sinfónica Islas Baleares a las órdenes de la batuta de Pablo Mielgo. Para la segunda parte del concierto, Juan Diego ha realizado una escogida programación de arias famosas de su repertorio, como la indispensable y bellísima “J’ai perdu mon Eurydice” de la ópera de Gluck “Orphée et Eurydice”, con la que tanto emocionó precisamente en el Real hace unos años, o “Pourquoi me réveiller” de la ópera “Werther” de Jules Massenet, por la que ha sido ovacionado. Igual que lo ha sido después de su genial interpretación de “Au mont Ida” de “La belle Hélene” y, por supuesto, de “Ah mes amis”, de la ópera de Donizzetti “La fille du régimen”, con la que el tenor peruano ha protagonizado tantas noches inolvidables y que, a pesar de lo que rezaba el programa, no daba por concluida la velada. Quedaban los bises, siempre generosos, que primero ha dedicado a canciones de su tierra acompañándose de una guitarra, piezas tan famosas como La flor de la canela o Fina Estampa, y ha querido terminar dirigiendo al público desde el escenario. Un público al que, además de poner en pie, Juan Diego puso anoche a cantar, por ejemplo, “Guantanamera”, también a hacer con palmas los acompañamientos correspondientes. Y esto, desde luego, tampoco lo consigue cualquiera.
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