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PRIMER BIOPIC DE LA POETISA

Historia de una pasión: Terence Davies filma la perturbadora poesía de Emily Dickinson

viernes 07 de octubre de 2016, 12:38h
Terence Davies firma un exquisito retrato de la poetisa norteamericana Emily Dickinson.
Historia de una pasión: Terence Davies filma la perturbadora poesía de Emily Dickinson
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HISTORIA DE UNA PASIÓN

Director: Terence Davies
País: Reino Unido
Guión: Terence Davies
Fotografía: Florian Hoffmeister
Reparto: Cynthia Nixon, Jennifer Ehle, Duncan Duff, Keith Carradine, Jodhi May, Joanna Bacon, Catherine Bailey, Emma Bell, Benjamin Wainwright, Annette Badland, Rose Williams, Noémie Schellens, Miles Richardson, Eric Loren, Stefan Menaul

Sinopsis: La historia de la poeta americana Emily Dickinson, desde su infancia hasta convertirse en la famosa artista que conocemos.

Lo mejor: Cómo se aborda un personaje que corría el riesgo de convertirse en una heroína improbable | La interpretación de Cynthia Nixon | La poesía fílmica (encuadres, luz, foto, tempo...)
Lo peor: La buscada dilatación de las secuencias pesa un poco en algunos momentos.

Parece que la vida de la pionera poetisa norteamericana Emily Dickinson, o al menos lo que se ha podido conocer de ella, estaba hecha para ser contada por Terence Davies. Si el cineasta británico empezó su carrera a finales de los setenta con tres cortometrajes sobre la infancia, madurez y muerte del mismo personaje –Children, Madona and Child y Death and Transformation, conocidos como La Trilogía de Terecen Davies-, puede que con Historia de una pasión cierre otra terna de cintas –junto a The deep blue sea y Sunset Song-, esta vez centradas en personajes femeninos atormentadamente transgresores. Y en ambas colecciones, como en el resto de las películas que ha estrenado entre una y otra –Voces distantes, El largo día acaba, La Biblia de neón y La casa de las alegría-, los temas propios del universo Davies: la familia, los lazos afectivos, la imposibilidad del amor, la muerte y la enfermedad, la soledad, la religión y la presión del entorno.

Por eso Emily Dickinson parece haber nacido para ser contada por Davies. O Davies, para contar a Dickinson. Porque todo en ella responde a las preocupaciones vitales del cineasta, que aborda la figura de la poetisa desde una perspectiva nada indulgente pero llena de amor y, sobre todo, de poesía.

Historia de una pasión –quizás tenga mucho más sentido el título original de la cinta, A quiet passion-, narra la vida de la poetisa desde su infancia, en el seno de una familia protestante, culta y acomodada, hasta su muerte, y se centra en las contradicciones de una mujer que no entendía el mundo que la rodeaba; que ansiaba a ratos una vida social normalizada pero no compartía las convenciones sociales, especialmente las de género, de la época; que aspiraba a la perfección ética de una manera tan pura que terminó ahogándose en la frustración; que vivió en una duda eterna acerca de la fe y la religión, de sus propios sentimientos hacia el amor o el matrimonio, de la libertad y la rectitud; y cuya imposibilidad para afrontar el mundo y asumir sus propias controversias la llevó a recluirse en casa y refugiarse en la escritura, el espacio en el que vomitó su crisis existencial con un estilo impropio de las mujeres de la época y de la época misma. Apenas publicó una docena de versos en vida, pero su obra póstuma, recuperada por su hermana pequeña, la metió en el restringido (y masculino) grupo que hoy se considera fundacional de la poesía norteamericana, junto a Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman.

Dickinson no fue una feminista o una revolucionaria entendida desde nuestra perspectiva contemporánea, sino que vivió una revolución interna que no supo gestionar. Y Davies logra recrear esa opresión liberada sólo a través de la poesía, presentando un personaje definido por sus claroscuros y traduciendo esa atmósfera interior de la poetisa al lenguaje de la imagen, en una película de brutal expresividad visual. El cineasta filma la poesía de Dickinson a través de la vida de la de la propia autora en un biopic no al uso, que no sólo narra acontecimientos, sino que apela al lado más senso-emocional del espectador.

Lo que a priori parece una narración clásica –el director no se significa de manera evidente-, es en realidad un medido plan de realización en el que hasta el más mínimo detalle está cargado de sentido: encuadres milimétricos e intencionados; barridos de cámara que empiezan y acaban en Emily y muestran, en su recorrido, todo aquello de lo que ella se siente aparte, ajena, observadora sin ser partícipe; planos cenitales; zooms; brillantes elipsis visuales e incluso espacio para el collage fotográfico. Si se analizaran los más de 120 minutos de metraje plano a plano, probablemente se encontraría un porqué para cada uno de ellos.

A la composición y a la puesta en escena se suma la fotografía (de Florian Hoffmeister) para crear imágenes de una belleza abrumadora. Como es habitual en la filmografía de Davies, la luz pinta la escena y, en Historia de una pasión, parece que asistimos a cuadros impregnados del barroco y el fatalismo de lo romántico, que se mueven contarnos sus historias.

Es imposible no ficcionar en mayor o menor medida la vida de una mujer de la que aún queda mucho enterrado. Davies se atreve a poner en orden los poemas recuperados de su casa tras su muerte, sin una cronología consensuada por los investigadores de la poetisa, y los utiliza para expresar los sentimientos de Dickinson en cada momento de su vida, según la hipótesis del cineasta. Es aquí el inmenso trabajo de Cynthia Nixon (Sexo en Nueva York) el que termina de redondear la cinta. La actriz aporta, además de una interpretación cruda y apasionante –incluso divertida en algunas escenas de complicidad con el personaje de su hermana menor-, su voz en off a los versos de la protagonista, que van hilando la historia, enfatizando la poética de las imágenes y marcando el tempo de la cinta.

El manejo de la luz y del encuadre, la voz en off, la imponente música… Todo en Historia de una pasión está al servicio de un dramatismo intencionadamente exagerado, punzante, como la propia personalidad de la retratada.

El ritmo de la película se ralentiza medida que Dickinson envejece y se recluye en su casa, en su habitación y en sí misma. Pero la pasión tan bien contenida, la belleza de la realización y el magnetismo de Nixon contrarrestan los momentos de excesiva lentitud.

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