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AUTOBIOGRAFÍA

Bill Hillmann: Corriendo con Hemingway. Un mozo americano en los sanfermines

domingo 09 de octubre de 2016, 12:41h
Bill Hillmann: Corriendo con Hemingway. Un mozo americano en los sanfermines

Prólogo de John Hemingway. Traducción de Paula Aguriano. Península. Barcelona, 2016. 272 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Carlos Abella

Los encierros de San Fermín han tenido siempre una leyenda y su literatura. Hemingway fue el gran divulgador de este tremendo espectáculo que es ver correr a miles de hombres y mujeres por las calles de Pamplona, delante de una manada de toros. El escritor norteamericano hizo de Pamplona una “fiesta” y la ciudad y sus encierros pasaron a ser un lugar de peregrinación de la aventura, de la itinerante bohemia de quienes buscan beberse la vida deprisa, lo mismo haciendo “puenting” dese una catarata que corriendo unos cientos de metros delante de los cuernos de un toro de Cebada Gago, rodeado de miles de piernas, brazos, codos y sufriendo empujones y caídas en un duro asfalto.

Hemingway ha engendrado cientos de “hijos de Hemingway” y Bill Hillmann es uno de ellos, que ha querido no solo emular a los míticos corredores navarros sino también heredar el placer de relatar en carne viva lo que se vive y siente cuando se tiene el hocico de un toro en la nuca.

Bill Hillmann tenía detrás suyo años de grescas callejeras y una notable gama de problemas con las drogas, como vendedor al por menor en los suburbios de Chicago. Su bagaje médico era además conflictivo pues estaba diagnosticado bipolar y era pues carne de cañón y estaba al borde del precipicio cuando tuvo la fortuna de leer a Hemingway y quedó fascinado por la descripción que el escritor realizó de sus aventuras pamplonicas primero en los años veinte y años después siguiendo la estela artística del mítico diestro Antonio Ordoñez.

Hillmann descubrió en las fiestas de Pamplona una enorme pasión por los toros y desde más de una diez años no falta a la cita anual con los Sanfermines, fiesta en la que ha encontrado un sentido vital, hasta el extremo de que en 2014 fue corneado por un toro de la ganadería de Victoriano del Rio de nombre “Brevito”, que quedó rezagado y le hirió en el tramo de Telefónica, espacio en el que Hillmann acostumbraba a asumir sus riesgos. La historia fue noticia porque el herido era además de norteamericano, el autor de un libro acerca de los encierros de Sanfermin: “Cómo sobrevivir en el encierro de Pamplona”.

Corriendo con Hemingway es el libro en el que Bill Hillmann reconoce (página 13) que “antes de empezar a correr los encierros mi vida era un completo desastre. Sigue siendo un desastre, pero por aquel entonces era completo” y es una buena explicación de que inspira a miles de personas a jugarse el tipo año tras año, sin más premio que el de llegar a la plaza sanos y salvos. Después de leer Corriendo con Hemingway se entiende y justifica esta pasión -para el que tenga valor para hacerlo-.

Bill Hillmann, tiene una pluma hasta cierto punto despiadada y de esa falta de piedad no se libra el mismo. Cada capítulo del libro está dedicado a un año -desde 2005, año de su primera visita a Pamplona, hasta 2015-, diez años en los que reconoce (página 159) “siempre había querido que hubiera una nueva generación de corredores estadounidenses, extranjeros que pudieran ejercer de embajadores del encierro por todo el mundo y que pudieran explicar la verdad de esta cultura”.

En el prólogo, John Hemingway, nieto del narrador americano, escribe: “Hillmann describe los olores, la adrenalina, y los sonidos que rodean a uno de los acontecimientos más peligrosos que he visto o en los que he participado”

Dicho esto, en definitiva, Corriendo con Hemingway es la historia de un hombre que utiliza un medio -el encierro- para vencer su pasado, en el que el sucesivo relato de cada encierro se hace monótono y reiterativo en la descripción del nerviosismo de la noche previa, los sustos, codazos, caídas, empujones , las supersticiones, y los gritos de los mozos cogidos, y también de los pequeños milagros que ocurren cada mañana de una semana de julio entre las ocho de la mañana y el segundo cohete, que ilustra la llegada de los toros a los corrales de la plaza.

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