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NOVELA

Emma Cline: Las chicas

domingo 09 de octubre de 2016, 12:45h
Emma Cline: Las chicas

Traducción de Inga Pellisa. Anagrama. Barcelona, 2016. 344 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 11.99 €.

Por Marta Rózpide

“Aquellas chicas de pelo largo parecían deslizarse por encima de todo lo que sucedía a su alrededor, trágicas y distantes. Como realeza en el exilio”. Lo dice Evie, la adolescente protagonista, enfrascada en buscar su sitio en la sociedad, cuando descubre durante una tarde del último verano de los años sesenta a “las chicas” que transformarán su vida sin sentido para siempre.

Morbo, mucho morbo y argot femenino se escoden tras el argumento de esta novel obra. Cline (Sonoma, 1989) recrea en el grupo de jóvenes desinhibidas y hippies de Las chicas la secta criminal que salió a la luz en el verano de 1969 y que actuaba bajo las órdenes de Charles Manson. Mucho tiempo documentándose y una habilidad innata para describir la juventud quedan patentes desde las veinte primeras páginas. La cercanía de la autora con el mundo más oscuro de la rebeldía y la socialización de la mujer como un objeto son evidentes. Lo demuestran los pensamientos de Evie: “En aquella época, analizaba y puntuaba de inmediato a las demás chicas, y llevaba un registro constante de todas mis carencias”.

Jugando con el espacio temporal, saltando del pasado al presente y del presente al pasado. Evie narra desde dos momentos distintos de su vida: cuando conoce por primera vez a Suzzane y al resto de su séquito, y en la actualidad, siendo ya una mujer adulta que intenta vivir al margen de la prensa y del escándalo de su juventud. Lo hace además, posicionándose desde dos puntos de vista completamente opuestos. La falta de madurez y de consciencia propia de la inocente y joven Evie, contrasta con la mirada crítica y relajada que gana con la edad. Algo difícil de narrar y que la californiana consigue hacer con asombrosa credibilidad.

Complicado además, teniendo en cuenta la escasa experiencia de Emma en la escritura, como colaboradora en las publicaciones literarias The Paris Review, Tin House y Granta. Todas ellas disponibles en la red y fruto de multitud de críticas y alabanzas. Maestra en el mundo del marketing, ha sabido sacar partido a su propia vida personal, llena de relatos jugosos para la prensa amarilla. Entre sus relaciones con diferentes personajes del panorama artístico de su país se incluye la escritora Jacqueline Susann, autora de El valle de las muñecas, y a la que menciona al final de la obra. Con ella guarda más allá de una amistad, el estilo y el interés por ese mundo que parece absorber al estado soleado de California. El sexo, las drogas y una juventud irreverente propia del largometraje de Sofia Coppola, Las vírgenes suicidas, coinciden como intereses en ambas controvertidas escritoras.

La variada paleta de colores que ofrece la amistad femenina, su delicadeza y sus matices son el punto fuerte de Emma Cline. Su enorme capacidad descriptiva y la empatía que crea con el lector contrarrestan, por otro lado, con la falta de claridad en el hilo argumentativo, que no deja a la novela ser una obra del todo sustancial y que empaña con el morbo y el sensacionalismo -que despierta la historia de Charles Manson-, la elegancia con la que esta joven narra una obsesión. La obsesión de la protagonista por no ser una chicha cualquiera, sino ser una de “las chicas”.

La obsesión por pertenecer a alguien, por ser parte del mundo y de la vida de las personas que admira y mitifica. Lejos de ser la novela perfecta, el haber enmarcado la obra en la trayectoria de esa secta de “inocentes y bohemias” asesinas constriñe de alguna forma esta historia rica en texturas y con una atmósfera evocadora. Motivos no suficientes para parar el éxito de la joven Emma Cline, que debuta con Las chicas, demostrando una vez más que la juventud y la inexperiencia son íntimos amigos de la literatura.

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