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DESDE ULTRAMAR

Zafarranchos innecesarios en las redes sociales

jueves 13 de octubre de 2016, 20:21h

No me cansaré de señalar las bondades de las redes sociales y la capacidad de comunicarnos a través de ellas. Ya hubiéramos querido contar con ellas desde mucho antes. No creo que pasen de moda muy pronto. Y sí: tienen reglas no escritas muy severas y muy puntuales que merecen atenderse.

Cosa más extraordinaria no existe para interactuar en línea y comunicar; y mucho aquilatamos su utilidad y oportuna existencia quienes vimos el nacimiento de la internet y nos hemos involucrado en su utilización. Siendo una herramienta que resulta formidable, cumplir sus reglas no escritas y seguirlas nos ahorrará muchos problemas de convivencia cibernética en el arte del saber estar y que van desde no ir atropelladamente por ellas a considerar –equivocadamente– que la gente no debería de expresarse si no está a la supuesta altura de quien la señala, como infortunadamente hizo Umberto Eco, quien cometió el gravísimo error de llamar idiotas a los usuarios de las redes por no cuadrarle lo que les leía. Pobre, de verdad.

Permítame hablar de tuitazos y muros del feisbuk. Una regla de oro es que usted escribe lo que le viene la gana en su espacio. Cosa diferente e improcedente es ir al muro de otra persona a ponerle lo que no le asiste o pretender, menuda osadía, que exprese lo que usted quiere leer. Inaceptable e improcedente. ¿Con qué derecho alguien puede exigirte que expreses lo que no te nace, solo porque quiere así que algo le cuadre? Y que encima sea quien para sí se arroga todo el derecho de sí decirlo en su caso. Habrase visto semejante incongruencia en el actuar. Pura ley del embudo que no es admisible.

Nada más lejano puedo estar de alguien que pretenda conculcar nuestro derecho a expresarnos libremente en las redes sociales, justamente por ser nuestro inalienable derecho y por la libertad que nos asiste; por eso no puede decirme qué expresar y qué no. Ergo, no lo admito. Expresamos en nuestro espacio lo que deseamos, no tenemos porqué coincidir ni porqué tener dos cuentas de una misma red social para aparentar el no sé qué ante jefes o compañeros de trabajo (y que las tenga quien posea el tiempo de atenderlas) y además, deberá primar el respeto aunque no coincidamos, ya no digamos en las redes sociales, sino en la vida misma.

En este orden de ideas, le cuento que recién un examigo se ha atrevido el muy pelmazo, a pretender que yo expresara en mis espacios de redes sociales lo que él consideraba que a su leal saber y entender correspondía decir, y que a él le cuadrase. Así de inaudito. No hacerlo a su antojo le suponía que yo soy tendencioso. Habrase visto. Pobre. Alegó que lo censuraba, tras prodigar insultos en mi muro a mi trabajo como columnista y a mi persona, solo porque el chicuelo tiene serios problemas con la derecha política, cosa que no es mi problema. Llamó “borregos” a mis contactos alegando su valentía para él sí decirme la verdad. Olvidó que a su esposa la tenía también de contacto. Como yo me precio de ser suficientemente de izquierda para no gustar a la derecha y tanto de derecha como para aborrecerme la izquierda, me ha divertido sobremanera. Con cancelar el contacto lo he resuelto y mandé a la basura 14 años de una relación ya venida muy a menos y limitada a lo más, a encontrarse con sus insultos por redes sociales. No merecía ni un minuto más de mi atención. No tuve problema con ello. No acepto que se me diga lo que debo hacer solo para que a otro le cuadre y menos en un tono insultante y violento como el del examigo. Faltaba más.

Semejante torpeza del excontacto me alerta de tres cosas: la personita exige que le respeten su libertad de expresarse y actuar, pese a que él no concede tal condición a terceros (vil ley del embudo) y no admite que enfrenta opiniones y no otra cosa. De forma que su censura es aborrecible. Eso exhibe al censor que se atreve a reprobar opiniones contrarias porque no ha entendido algo muy sencillito: censura opiniones. Un tercer punto requiere señalar que la persona, déjeme le cuento, señalaba censura de mi parte. Yo considero que no la hay porque si quieres poner algo, te marchas a tu muro a ponerlo. Así de fácil. La verdad es que tras de llamarme tendencioso y de derechas y una sarta de estupideces más colocadas en mi muro del feisbuk, puede constatarse que él muy lejos estaba de ser censurado. Eso contrastaba con la censura de su parte a mi pensamiento, que no compartimos por fortuna, lo cual es inaceptable por efectuarla y por la incongruencia de pedir libertades en las redes sociales cuando censura la opinión de otros, como lo hizo el examigo conmigo, solo por no cuadrarle la mía. Patético.

Las redes exigen el respeto y si no tienes nada sensato e inteligente que expresar, tu silencio vale más. Es una regla de oro puntual. Ya no le digo que si no le gusta lo que la otra persona escribe, tuitea, coloca, pues entonces no lo lea, pase de ello o dese o delo de baja, pero no fastidie. En un plano de igualdad, las partes, todas, merecen ser escuchadas Puede concederse que si contrapone usted un argumento serio y sensato, vale la crítica. Pero es pedir sombra a los ríos cuando la gente abusiva busca camorra. A mí me parecen reglas tan sencillas, que no comprendo en dónde radica el problema de entenderlas. Y escribe en tu muro cuantas veces quieras.

Y sí: el riesgo a enfrentar descerebrados e redes sociales que recurran al insulto fácil y a su ardidez, está a la orden del día. Porque no valdrá más una opinión que otra. Y tengo el derecho a definir yo lo que quiero leer en mi muro y lo que allí quiero colocar o que coloquen los demás. No al gusto de otra persona. Es lo que hay, pero eso no mengua nuestro ánimo por expandir nuestra presencia en las redes sociales que, en mi caso, son de un feliz alcance planetario.

Que puede campear La idiotez manifiesta, sin duda. Ante la carencia de argumentos y solo se procede al insulto fácil. Las redes sociales nos recuerdan que merecen que a ellas comparezcamos porque tenemos algo inteligente qué decir. Quienes a ellas acudimos merecemos la consideración de los demás y en caso de no obtenerla, pasamos de ello y santas pascuas. No requerimos atender necedades. Menos decirle a alguien qué hacer o imponer un punto de vista (máxime si quien lo exige se niega a escuchar). Que la gente luego no está a la altura de nuestra confianza ni atesora lo que hacemos por ella. Que a mí me sirven las redes sociales para conocer gente, para interactuar, para difundir mi trabajo y reconocer el de los colegas y por la ingente oportunidad de interactuar, con ellas conoceré mejor al otro. Solo reclamo mi inalienable derecho a decir, a leer, a decidir qué escribo, qué comparto, qué publico. ¿Qué no pensamos igual? Vale. Pero tendrás que respetar si pretendes ser respetado. Lógico.

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  • Zafarranchos innecesarios en las redes sociales

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    4151 | Pontevedresa - 13/10/2016 @ 23:55:33 (GMT+1)
    Muy razonable su artículo, se le ve herido por haber perdido una amistad, pero no creo que vd. haya perdido mucho cuando su amigo se ha manifestado como alguien intransigente y cerrado de mente. Una de sus frases define muy bien lo que es el buen fundamento para interactuar en Internet, que con sus luces y sus sombras a mí me parece algo extraordinaro, poder comunicarse con personas cuyas reflexiones, cuyo sentir compartiendo sus ideas, nos hace crecer. Efectivamente aquel que lo use para insultar al discrepante debiera conocer eso de que si no tienes algo positivo que decir, mejor el silencio.

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