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POR LIBRE

Los dos bandos del PSOE, ante la batalla final

domingo 16 de octubre de 2016, 17:27h

Durante el desfile del 12 de octubre, Javier Fernández, parecía ausente, como en las nubes, con un rictus amargo, atenazado. Esbozó una forzada sonrisa cuando saludó al Rey. Y poco más. Apenas habló con nadie, miraba al vacío. Es verdad, que le tocó de vecino Miguel Ángel Revilla, circunstancia que puede licuar el cerebro más sólido y alterar los nervios del más templado. Pero, aun así.

Javier Fernández sabía que era el objetivo de todas las miradas, el centro de atención político ante la incógnita de la investidura. Periodistas, políticos y hasta el carnero de la Legión estaban pendientes de un gesto, un guiño, un amago de charla con Rajoy, un efusivo saludo a Susana Díaz, una confidencia con Rafael Hernando. Cual estatua se mantuvo durante toda la ceremonia. Y de la recepción en el Palacio Real se escabulló antes de que los camareros pudieran acercarse a ofrecerle un canapé. Ni entonces abrió la boca. Fue el ausente. El mudo.

Dicen que está confuso y deprimido. Pensaba que con el tiempo se diluiría el enfrentamiento entre los dos “bandos”. Que escamparía, pasaría la tempestad y se lograría el consenso. Soñaba con alcanzar algún tipo de acuerdo, de acercamiento, al menos. Pero ha llegado a la conclusión de que los contendientes siguen a la greña. Ni quieren hablar, ni quieren entenderse.

A final, el Comité Federal del esperpento sirvió para echar a Pedro Sánchez y atajar el Gobierno Frankenstein, que no es poco. Pero los socialistas están tan encrespados, o más, que aquel día. Dispuestos a llevar la guerra hasta el final. Y Javier Fernández ya se teme lo peor. El hombre tranquilo, el elegido para calmar los encrespados ánimos empieza a sentirse incapaz de lograr un mínimo acuerdo. Incapaz siquiera de celebrar un nuevo Comité Federal civilizado, tranquilo, dialogante. Empieza a pensar que el bochorno del último cónclave socialista puede repetirse; agudizarse, si cabe. Y, desde luego, sin acuerdo alguno.

Y es que Sánchez, Iceta, Armengol y compañía, jaleados y amedrentados por Pablo Iglesias y su banda, no paran de encrespar el ambiente, de amenazar con la rebelión, de desautorizar a la gestora y al propio Comité Federal. A los cuatro vientos y a todas horas gritan el “no es no” hasta la muerte. Mientras, Javier Fernández, Susana Díaz y los partidarios de la abstención se sienten desorientados, perplejos y a punto de tirar la toalla. No saben qué hacer. Se niegan tozudamente a buscar una fórmula de consenso para salir del embrollo, como las 11 ausencias tácticas o la libertad de voto. Pretenden lograr la abstención en bloque del grupo parlamentario socialista, lo que a día de hoy se antoja más que imposible. Los enrocados en el “no” ya han advertido que no cejarán; se muestran arrogantes y hasta orgullosos de romper la disciplina de voto. Y ante la avalancha de estas amenazas, nadie de la gestora ha osado pararles los pies. Ni una palabra. Mudos y atenazados como Javier Fernández.

Temen, incluso, que el Comité Federal previsto para el día 23 vote mayoritariamente en contra de la investidura, inclinándose por las terceras elecciones. Los más sensatos saben que esa osadía puede llevar al PSOE a las catacumbas del Hemiciclo, pero los guerrilleros anti-Rajoy están dispuestos a morir matando. Se quedarán sin escaños y el partido se desguazará, pero ellos creen que pasarán a la Historia como los héroes del “no”. Y Pablo Iglesias frotándose las manos, pues ya ha logrado descuartizar al PSOE. Mientras, Rajoy a verlas venir. Tan mudo y atenazado como Javier Fernández. Tan perplejo como todos.

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