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BIOGRAFÍA

Manuel López Poy: Bob Dylan

domingo 16 de octubre de 2016, 18:20h
Manuel López Poy: Bob Dylan

Ma non troppo. Barcelona, 2016. 240 páginas. 19 €. Con este acercamiento a la trayectoria del cantautor norteamericano, recientemente publicado, usted podrá terciar en la polémica que ha desatado la concesión del Premio Nobel de Literatura al creador de tan célebres canciones como "La respuesta está en el viento".

Por Carmen R. Santos

Al comienzo de esta biografía de Bob Dylan, recientemente publicada en nuestro país, señala su autor la condición de “leyenda viva” del cantautor norteamericano. Y subraya: “Y como todas las leyendas vivas todavía no ha escrito el último capítulo, que tratándose de Dylan todavía puede deparar muchas sorpresas”. Apreciación que resulta premonitoria, pues acaba de darnos una gran sorpresa al alzarse con el premio Nobel de Literatura. Sorpresa que ha ido acompañada de una no menor polémica sobre el acierto o el dislate de la Academia sueca al conceder el más alto galardón literario a una figura como la de Dylan, cuya producción se ha vertido básicamente en letras de canciones y que, en realidad, solo tiene en su haber un par de libros propiamente dichos: una primera parte de su autobiografía titulada Crónicas (Vol. 1), y Tarántula, un singular artefacto literario de impronta experimental, cuyo título toma del poema de García Lorca -a quien Dylan admira-, “Las seis cuerdas”, dedicado a la guitarra que “como la tarántula / teje una gran estrella / para cazar suspiros, / que flotan en su negro / aljibe de madera”. Las traducciones españolas de ambos volúmenes aparecieron en la editorial Global Rhythm Press, en 2005 y 2007.

La controversia no es, sin embargo, nueva, aunque con el premio Nobel a Dylan ha alcanzado una enorme intensidad a escala global. Recordemos que hace años en nuestro país Francisco Rico planteó que las canciones del grupo de pop/rock Jarabe de palo podrían inscribirse en la estela de las jarchas mozárabes. Y, ciertamente, la sugerencia no iba descaminaba, pues como bien apuntaba Rico nuestra literatura “es tan ancha como para acoger obras que en su día eran puramente orales y radicalmente ajenas a la alta cultura”. No olvidemos, en este sentido, la rica tradición de trovadores y juglares que expandieron la literatura oral por doquier.

Bob Dylan puede verse en muchos aspectos como un juglar moderno que recorre el mundo a lomos de la palabra, indudablemente poética, y de los rasguidos de una guitarra -esa tarántula-, en una fusión que supo convertir en mítica. Porque una de las características más acusadas de su figura es protagonizar la Gira Interminable, llamada así por el propio Dylan y que no obedece en exclusiva ni mucho menos a motivos crematísticos. Desde que abandonó Duluth, la ciudad de Minnesota que le vio nacer el 24 de mayo de 1941, el juglar Dylan no ha parado. A sus 75 años sigue pisando escenarios, y, así, el Nobel prácticamente le pilló en un concierto en Las Vegas. Y, para asombro de todos, actuó como en cualquier otro momento sin ni siquiera mencionar que había subido al Olimpo de las letras. Solo un escueto tuit de carácter meramente informativo dio cuenta de la noticia en su Twitter y el retuiteo del tuit de Obama: “Felicitaciones a uno de mis poetas favoritos, Bob Dylan, por un bien merecido Nobel”. Cuando ya había saltado el debate, no es baladí que el inquilino de la Casa Blanca estampase la palabra “poeta” para referirse a Dylan.

Un Dylan al que en 2012 impuso Obama la Medalla de la Libertad, que se sumó a un sinfín de premios y reconocimientos, como varios Grammys y Globos de Oro, el Premio de Música Polar -otorgado por la Real Academia Sueca de Música-, el Príncipe de Asturias de las Artes, el Pulitzer -que destacó expresamente el “extraordinario poder poético” de sus composiciones líricas-, además de ser investido Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el ministerio de Cultura francés, y doctor honoris causa por la selecta y muy prestigiosa mundialmente Universidad de Princeton (Nueva Jersey) donde, por cierto, imparte clases la eterna candidata al Nobel Joyce Carol Oates.

También el nombre de Bob Dylan venía sonando en las quinielas del Nobel, aunque no tanto en las últimas entregas. A esa candidatura se refiere Manuel López en su biografía, recordando que fue Gordon Ball, un profesor de literatura de la Universidad de Virginia, el que en 1996 la propuso, apoyado por un grupo de admirados suecos y por escritores como el tótem de la Generación Beat, Allen Ginsberg, unido por tantos lazos a Dylan. En la biografía de López Poy resulta especialmente oportuno para la relación de Dylan con la literatura el capítulo titulado “El poeta del rock”. En él se aborda, por ejemplo, el origen de la afición de Dylan por la poesía -en la que tuvo mucho que ver su profesor de inglés, Boniface J. Rolfzen-, el descubrimiento, gracias a una de sus primera novias -y fueron muchas-, de Rimbaud, o el cambio de nombre de Robert Allen Zimmerman al de Bob Dylan, obviamente más comercial, pero sin dejar de ser significativo que eligiese el del poeta británico Dylan Thomas -algo muy en consonancia con sus inquietudes literarias-, por mucho que al cantante le gustara desmentirlo de vez en cuando.

Bob Dylan, no especialmente prolífico en declaraciones, cuando las hace, no deja de recrearse en mostrar que es “un personaje poliédrico”, como le denomina su biógrafo. ¿Dirá algo, si lo dice, sobre el premio Nobel? Curioso que hasta ahora en su web oficial nada se recoja. Personaje cuya vida está acorde con sus aristas, y que, pese a que hoy le veamos como un triunfador absoluto, tuvo momentos muy complicados de los que resurgió como el ave fénix. A esa vida nos acerca Manuel López Poy en un trabajo de amena e interesante lectura, que se apoya en una amplia documentación y sintetiza con solvencia todos esos ríos, cuando no océanos, de tinta, que han corrido sobre Bob Dylan, como señala el propio López Poy. ¡Y lo que te rondaré morena!, tras la concesión del Nobel.

La Academia, que ha distinguido a Dylan “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”, era muy consciente de que su decisión generaría polémica. Curándose en salud, su secretaria general certificó: “Si miramos miles de años hacia atrás, descubrimos a Homero y a Safo. Escribieron textos poéticos hechos para ser escuchados e interpretados con instrumentos. Sucede lo mismo con Bob Dylan. Puede y debe ser leído”. Pero ¿qué mejor que la polémica sea sobre literatura y nos olvidemos siquiera por un tiempo de la última boutade de Donald Trump o de nuestra impresentable situación de bloqueo? Quizá desde un Dylan reconocido como egregio escritor a muchos se les abra el apetito por la poesía, por la literatura. Quizá. Ojalá. La respuesta está en el viento.

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