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ELECCIONES EEUU

El 'machista' Trump y su mejor arma: una mujer

El 'machista' Trump y su mejor arma: una mujer
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El magnate delega toda la estrategia de campaña en ella.
A medida que se acerca la fecha del 8 de noviembre, cuando está previsto que se celebren las elecciones presidenciales de Estados Unidos, cada detalle de esa gigantesca maquinaria política y mediática que es una campaña en la primera potencia mundial cobra aún mayor relevancia.

A escasas tres semanas, la candidata demócrata Hillary Clinton cuenta con una tranquilizadora (por ahora) ventaja de cinco puntos en la mayoría de sondeos sobre su rival, el magnate republicano Donald Trump. El multimillonario no ha cejado en su plan de vomitar todo aquello que se le pasa por la cabeza sabedor del dominio que tiene del show business estadounidense y que esa ha sido precisamente la estrategia que le ha aupado hasta donde está hoy en día.

Sin embargo, su verborrea ha sido a lo largo de los últimos meses un arma de doble filo. Tan pronto le ha hecho ganar adeptos a su causa diciendo lo que muchos de sus conciudadanos piensan, o al menos no reniegan, especialmente en lo tocante a la inmigración, como perderlos con sus recientes polémicas en torno a unas antiguas declaraciones suyas en las que se manifestaba en términos abiertamente machistas, que han tenido su continuación con una cascada de acusaciones por acoso y abuso sexual.

Para lidiar con ese Jekyll y Hyde político que representa el histriónico candidato republicano está Kellyanne Conway, su omnipresente jefa de campaña y uno de sus mayores activos, por no decir que una de sus armas más certeras.

Conway, oriunda de Nueva Jersey, se ha hecho fuerte en el ecosistema conservador norteamericano de la mano de un enorme dominio de la escena política y del intricado mundo de las encuestas que lo rodea. Ella sabe ver lo que los números y los porcentajes esconden, ella sabe adelantarse a las tendencias, ella mece la cuna del movimiento republicano antes incluso de que se lo pidan.



En muchos sentidos es la antítesis de su jefe. De perenne sonrisa y hablar pausado y cautivador, Conway, al contrario de lo que pudiera esperarse de su puesto en la campaña, se ha lanzado a los medios de comunicación para ser una más en la trinchera pública del bando de Trump, como antes lo hizo con Newt Gingrich, excandidato a la Casa Blanca y, de paso, enemigo íntimo de los Clinton tras ser una de las cabezas visibles del impeachment contra el expresidente.

Conway, amable madre de cuatro hijos y abogada de formación, cogió las riendas de la campaña de Trump hace apenas dos meses, después de la controvertida baja del anterior en el puesto, Paul Manafort, que a su vez sucedió a Corey Lewandowski. Al parecer, el cargo de jefe de campaña de los republicanos en estas elecciones es del todo menos tranquilo, mitad por los escándalos en los que se ve inmerso el propio Trump, con sombras rusas y guerra sucia como telón de fondo, mitad por la estrategia de arrasar con todo al precio que sea.

Sin embargo, Conway le ha sabido dar un punto de cordura y cierta mesura a las maneras de Trump, si bien este se resiste a dejar de ser él mismo. No es el magnate un hombre fácil en el trato y mucho menos en el manejo, pero ella ha logrado que el multimillonario llegue con opciones a la recta final de la campaña.

Esta próxima madrugada, Trump se pondrá por tercera y última vez frente a su rival Hillary Clinton en un debate televisado a todo el planeta y está por ver qué estrategia seguirá: si la de la inteligencia y el argumento, que defiende Conway y le ha dado réditos en las últimas semanas, o el de disparar a mansalva, con el que comulga Trump y puede ser todo un éxito o un estrepitoso fracaso.

Por lo pronto, el candidato del tupé y la voz engolada reconoce haberse quitado "los grilletes" que le apretaban el discurso y está preparado para hacer lo que sea necesario para alcanzar la Casa Blanca. Está por ver si eso pasa por dejarse guiar por Conway, su mejor arma a estas alturas de la campaña.