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DESDE ULTRAMAR

México: Qué nos dijo Luis María Anson

miércoles 19 de octubre de 2016, 18:20h

Ha sido una gran ocasión en verdad y una oportunidad impagable conocer en persona y escuchar las palabras a manera de disertación, pronunciadas por don Luis María Anson en su visita relámpago a México, en el marco de distintas actividades culturales, una de ellas efectuada por la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón.

Imagine usted el extraordinario escenario que supuso atestiguar su intervención en el Ateneo Español de México, en donde se verificó el conversatorio sostenido por el citado en compañía de don José Varela Ortega, arropados por la Consejería cultural de la embajada de España en México. Una noche de órdago para los asistentes. El Ateneo es una extensión de España en México. Está situado casi a espaldas de la ruinosa embajada de la República Española en el exilio, compartiendo la misma manzana en la colonia Juárez de la capital mexicana, tratándose de un espléndido edificio de principios del siglo XX. A diferencia de aquella, el Ateneo se conserva resplandeciente y la noche tibia del lunes 17 de octubre, fue luminoso.

Mi entusiasmo por el sitio que testimonió el encuentro solo era superado por la enorme oportunidad de conocer a don Luis María, de quien he sabido desde que concedía entrevistas a Jacobo Zabludovsky hace 3 décadas y claro, siguiendo su trayectoria todos estos años, lo tenemos hoy presidiendo El Imparcial; qué mejor honor que estrechar su mano y me fue posible. Sabedor de que se trata de una leyenda del periodismo español e iberoamericano, francamente me congratulé de haber podido asistir como invitado por mi amigo José Francisco Parra, director ejecutivo del capítulo México del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset.

He aguardado no siete años y medio –el lapso que llevo escribiendo en El Imparcial con la venia de todos ustedes– sino una vida entera, para estrechar la mano de tan ilustre (y bienhumorado) personaje. Una gran ocasión que mucho aquilato y ribetea la sencillez y disposición del invitado, obsequioso y de refinado sentir ante un público interesado en oírlo junto a don José Varela Ortega y que estoy más que convencido, de que apreciamos cada una de sus palabras, puntuales, precisas, suficientes y atinadas.

El buen sentido del humor de don Luis María abonaba al rigor de sus palabras y apreciaciones, que cayeron perfectas una a una al delinear, al pergeñar ideas sensatas y preclaras sobre la situación de la Europa contemporánea y de la España de nuestros días. Cupo referirse también a los candidatos estadounidenses, precisando una gran verdad: el temor europeo al triunfo de Trump, pero no desconociendo que la señora Clinton guarda tremendas limitantes en su capacidad política. De ahí el drama de su triunfo.

A su “verbo florido y soltura expresiva” como lo ha descrito mi amiga Carmen desde Sevilla, nada más enterarse de este encuentro, añadiré que lo han definido como a un periodista entero apegado a su profesión, al grado de que no apaga el móvil que ha atendido en un par de ocasiones en ultramar, pese a la diferencia horaria, justamente porque como buen periodista no se aparta de él. Eso es disciplina, desde luego.

No menos significativo resultaron algunos comentarios como aquella divertida invitación a formular preguntas incómodas que serían mejor recibidas por el peligro que suponen o su idea concisa de una libertad de expresión sin ataduras. Fue muy certero en delinear los retos de la España de hoy, dejando ocasión para referirnos un latiguillo de humor, dado que hay a quien le ha estado yendo un poco mejor desde que existe un gobierno en funciones, por lo cual no ha faltado quien proponga que España siga así, porque le va mejor que cuando la cosa era más institucional, digamos.

No tuvo que decirlo con todas sus letras, pero clamó por la honestidad intelectual. Ha expresado cada opinión sin titubeo, convencido de su dicho y eso se valora y se agradece.

Salvando su condición polémica (porque…¿cuál periodista que se respete, no lo es?) tuve la oportunidad de abordarlo mientras salía de uno de los salones del formidable edificio que nos acogía, una vez concluido el conversatorio. Me presenté y me identificó cual columnista que soy de este el diario de usted, amigo lector, y que mucho agradezco que lo haga. Entusiasmado le expresé que además de seguir su trayectoria, cuando comparto su columna de El Imparcial, la refiero como “palabras de mi jefe, como me gusta llamar a Don Luis Mª Anson”. Se ha sonreído con esa complicidad que bien puede prodigar. Muy afable y sencillo, accedió gustoso a compartir una foto, que mucho valoro por la trascendencia del aludido. Tuvo oportunidad de referirme los retos del diario y la competencia digital que enfrenta. Tan solo hay 20 nuevos diarios digitales en Madrid. Como una muestra. Para mí es un claro llamado a redoblar nuestro esfuerzo y compromiso.

Déjeme platicarle (porque ya sabe usted que los mexicanos platicamos, antes que charlar o conversar) que una persona me contó mientras aguardábamos el inicio del conversatorio que nos congregó, que momentos antes don Luis María bromeaba con que contaba 99 años y dentro de 4, sumaría 103. Ojalá que sí lo consiga porque sería garantía de que nos prodigará más erudición y sobre todo, humor, que mucho le celebro. Enhorabuena don Luis María, que le echaremos de menos en México con su lucidez y su magnífico y muy celebrado sentido del humor. Solo me resta decirle: “Jefe, cuente con mi compromiso redoblado”.

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