www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TODAVÍA NURIA ESPERT

viernes 21 de octubre de 2016, 12:47h
Acudí al teatro de La Abadía con el interés de comprobar por qué ha tenido tanto éxito y en todo el mundo la obra de Wadji Mouawad...

Nuria Espert recibe hoy de manos del Rey de España el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Reproducimos a continuación el artículo que en el diario El Mundo Le dedicó Luis María Anson el pasado día 22 de septiembre con motivo del estreno de la obra Incendios.

“Acudí al teatro de La Abadía con el interés de comprobar por qué ha tenido tanto éxito y en todo el mundo la obra de Wadji Mouawad, Incendios. La explicación parece clara. El autor canadiense nos ha devuelto, a sangre y fuego, a Sófocles pero encendido con la palabra pedernal del siglo XXI y el entorno de los refugiados, el islamismo bipolar y el ulular salvaje de la violencia sin límites. El terrorista de turno, por poner un ejemplo, arrodilla a una madre de tres hijos y la obliga a elegir la salvación de uno, lo que significa la muerte de los otros dos. Y, tras tamaña atrocidad, el nudo de la obra, con remembranzas de tragedia griega: la mujer moribunda encarga a sus dos hijos gemelos que busquen, ella a su padre, él a su hermano. Descubrirán que padre y hermano son la misma persona.

Mario Gas ha entendido el alcance y la profundidad de la obra de Mouawad y ha articulado una dirección impecable, tal vez la mejor de su dilatada vida profesional de éxitos y desafíos. La escenografía de Carl Fillion impresiona y la interpretación, con alguna desigualdad, resulta eficaz: Laia Marull, Lucía Barrado, Edu Soto, Alberto Iglesias, Álex García y Ramón Barea salen airosos del órdago sobre la escena. Quiero destacar a Carlota Olcina. Hay en ella una gran actriz que multiplicará los triunfos. El público, por cierto, puesto en pie atronó desde el patio de butacas y de forma incesante al concluir la representación. Y capítulo aparte, claro, para los aficionados al teatro más exigente: Nuria Espert. Está insuperable en un incómodo papel triple. “He abrazado a una diosa”, pensé al estrechar su mano cuando me acerqué a los camerinos. Y se me agolparon los recuerdos de juventud cuando ella era aquella actriz en agraz de cintura memorable, los pómulos desdeñosos, las manos tiernas de rosas y de espigas, el ademán entristecido, los ojos tibios soleados de Alberti, los pechos dos iglesias donde oficiaba la sangre sus misterios paralelos, piedra de sol de Octavio Paz, niña morena y ágil de Pablo Neruda.

Hace casi sesenta años, el 17 de mayo de 1959, publiqué en el ABC verdadero que dirigía sabiamente Luis Calvo, el inolvidado maestro de una generación de periodistas, un artículo titulado Todavía Gigi. Nuria Espert triunfaba ya en el papel de aquella adolescente a la que su tía Alicia, prostituta de alto rango, quería convertir en entretenida del hombre al que amaba. Escribí entonces que Nuria Espert “ha traído prendida en torno a su delicada juventud una Gigi perfecta que aprisiona al espectador”. Desde entonces he seguido a la genial catalana a lo largo de una vida profesional que la ha convertido en la más destacada actriz de la historia del teatro español. Así lo creía Rafael Alberti, con el que tantas veces hablé de Nuria Espert compartiendo admiraciones y asombros. Al autor de El hombre deshabitado le emocionaba escuchar la voz de la actriz cuando recitaba sus versos y él le daba la réplica deslumbrado.

El tinglado de la antigua farsa, en fin, está en pie en el teatro de La Abadía, que rige la mano sabia de José Luis Gómez. Goethe decía que una comedia mediocre, si se presentaba de forma decorosa, era siempre un espectáculo maravilloso. No digamos si se trata de una obra excepcional, bien interpretada, mejor dirigida, eficazmente puesta en escena. Y con el milagro añadido de Nuria Espert”.