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ENTREVISTA | PROTAGONIZAN QUE DIOS NOS PERDONE

Antonio de la Torre y Roberto Álamo, en busca de un asesino en serie en el Madrid de la JMJ

Entrevista a los actores Antonio de la Torre y Roberto Álamo, dos policías en busca de un asesino en serie en el Madrid de la JMJ en lo último de Rodrigo Sorogoyen, Que Dios nos perdone.
Roberto Álamo y Antonio de la Torre durante la entrevista con El Imparcial
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Roberto Álamo y Antonio de la Torre durante la entrevista con El Imparcial

QUE DIOS NOS PERDONE

Director: Rodrigo Sorogoyen
País: España
Guión: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen
Música: Olivier Arson
Fotografía: Alejandro de Pablo
Reparto: Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Mónica López, Luis Zahera, Rocío Muñoz-Cobo, José Luis García Pérez

Sinopsis: Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, los inspectores de policía Alfaro y Velarde deben encontrar a lo que parece ser un asesino en serie cuanto antes y sin hacer ruido. Esta caza contrarreloj les hará darse cuenta de algo que nunca habían pensado: ninguno de los dos es tan diferente del asesino.

Tras codirigir 8 citas y debutar en solitario con la intimista, gélida y sorprendente Stockholm, el cineasta Rodrigo Sorogoyen firma en Que Dios nos perdone un thriller policiaco ambientado en un asfixiante agosto madrileño, concretamente en el de 2011, cuando el centro de la capital fue más hervidero que nunca, sumando a sus pobladores habituales los peregrinos de la JMJ y los manifestantes del 15M. Una película sudorosa, hiperrealista y cruda en la que dos policías tratan de atrapar a un asesino en serie. El primero, interpretado de manera salvaje por Roberto Álamo (La piel que habito, La gran familia española), es la violencia explosiva hecha carne. El segundo, un impecable Antonio de la Torre (Gordos, Caníbal, Tarde para la ira), turbio y retraído.

Una cinta con una trama policiaca en primer plano y, en el fondo, una pregunta sobre la manera de relacionarse en una sociedad cada vez más tendente a la soledad de sus individuos. “Una película que hila muy fino y dar información sin subraya”, dice De la Torre. “Con cierto grado de enigma”, añade Álamo. Así lo han contado los protagonistas en una entrevista con El Imparcial:

¿Cuál ha sido el reto que os han plantado vuestros personajes?

Roberto Álamo: El personaje de Alfaro era muy rico para trabajar en matices, porque en principio es solamente una especie de bestia pero luego tiene mucho más y eso me daba morbo, la verdad.

Antonio de la Torre: Me atrajo y me asustaba al mismo tiempo, como suele ocurrir, el tema de interpretar a alguien que tartamudea. Me tomé un tiempo para valorar si iba a ser capaz de hacerlo, porque en ningún caso quería hacer ni un cliché ni una cosa ridícula. Por suerte apareció una persona que fue la clave, la que desenmarañó la maraña, Isidoro Ruiz, uno de los portavoces de la Asociación Española de la Tartamudez. Le conocí e inmediatamente conectamos. A él le encanta el cine, yo le conté que necesitaba a alguien que nos pudiera ayudar y empezó a darme claves ya en la primera conversación. Me di cuenta de que no sólo era alguien que por tener esa circunstancia te podía hablar de ella, es que la había analizado, tenía las claves. Era un tío perfecto para asesorarme, para enseñarme, para cuidarme, para vigilarme… Le propuse que se viniera a Madrid conmigo, que se quedara en mi casa y que fuera el asesor de diálogos en la película. Eso fue lo que me convenció.
Soy muy obsesivo y me gusta meterme en la realidad (algo que también tiene que ver con su personaje, que se coloca en el lugar y la posición en la que murieron las víctimas para dar con las claves del caso). Por suerte, para Grupo 7 ya había abierto muchos contactos en la Policía, que se han portado conmigo genial, así que también tenía gente para ayudarme en el tema policial. Apareció un comisario que tenía mucha experiencia en casos muy mediáticos que conocemos todos. Todo eso me da mucha seguridad, son los asideros con los que yo luego vuelo. Si siento que estoy haciendo algo que me creo, ahí es cuando yo empiezo a volar.

Habéis coincido antes en Gordos y en La gran familia española. ¿Ayuda para trabajar la conexión peculiar entre estos dos personajes?

Álamo. El hecho de que seas amigo del otro y que lo conozcas más o menos íntimamente permite que a la hora de actuar y de interaccionar siendo actores puedas tocar resortes que a lo mejor con alguien a quien no conoces íntimamente no los puedes tocar. Tenemos esa libertad para, de manera casi oculta al espectador, hablar entre nosotros de nuestras intimidades, y eso es algo muy favorable.

En este sentido, el “poli bueno y poli malo” que parece un patrón de género al principio, se va transformado a medida que avanza la película…

Álamo. Con los personajes, hemos intentado de trabajar lo que nos une y no lo que nos separa. Lo que nos separa está claro desde el principio: dos personalidades diferentes. Pero lo que nos une es mucho más grande y es de lo que habla la película: de la soledad y de la incomunicación a la hora de hablar emocionalmente y de relacionarse afectivamente con los otros. Eso nos une profundamente a él, a mí y a todos los personajes circundantes de los principales. En este sentido el trabajo es crear empatía con el público, que no sean simplemente dos personajes, uno retraído y otro más expansivo, sino que a lo largo de la película se va viendo que tienen puntos de unión uno con el otro, incluso con el asesino al que persiguen, si es que el asesino es efectivamente alguien a quien persiguen o… no.

En los últimos años asistimos a una especie de época dorada del thriller en la cinematografía española. ¿Qué aporta esta película?

Álamo. Lo que hace especial a este thriller es que es un thriller policiaco, efectivamente, pero también se le da importancia a la vida personal, interior o vida afectiva, independientemente del caso, de estos dos personajes. El espectador puede tener la oportunidad de seguir una película trepidante, de acción, policial, preocuparse de quién es el asesino, pero también tiene la oportunidad fifty-fifty de conocer las vidas personales, que no tienen nada que ver con el caso, de estos dos seres humanos. Y eso me parece muy rico, porque generalmente los thrillers se centran en quién es el asesino y cómo le encuentras.

El thriller es un género que tiende más a la exportación, aunque en este caso se contextualiza en un momento muy concreto de nuestro país: el verano madrileño del 15M y la JMJ. ¿Qué aporta esta doble vertiente?

De la Torre. Lo local es universal, y creo que ese es uno de los grandes logros de esta película. Porque es honesta: habla de lo que sabe. Enseñamos la ciudad que conocemos, hablamos como se habla aquí. Se ha intentado esa verosimilitud, esa realidad, porque creo que si consigues eso, lo consigues todo. Manolo Martín Cuenca (director) dice que en una película cuentas más de un país que en ochenta telediarios, con perdón del periodismo que es una profesión maravillosa. En este sentido, pongo mucho como ejemplo una película iraní que me encanta: Nadir y Simin, una separación, Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Esos ascensores, ese juzgado iraní, las calles de Teherán… te enteras perfectamente de qué va el país.

Entonces, empapándote de ese entorno que no es el centro de la película pero que está ahí, ¿qué cuenta de España Qué Dios nos perdone?

Álamo. Yo ampliaría a qué dice de España, de Madrid y del mundo en general.

De la Torre. Creo que habla, en general, de una gran ciudad. La película no pretende hablar del movimiento del 15M, ni de la visita del Papa, eso son sólo unas imágenes, es un contexto, una pincelada. Esta película básicamente va de dos policías persiguiendo a un asesino en serie. Sí que hay un contexto que es el que Rodrigo (Sorogoyen) vivió en ese momento, pero si el director hubiera estado en Río de Janeiro el contexto podrían haber sido las obras para los Juegos Olímpicos, por ejemplo, la policía entrando en las favelas… Estamos en Madrid, pero podría haber sido en Nueva York, Londres, Río… Por un lado, vemos una ciudad engalanada, con mucha gente, con movimientos sociales… y al mismo tiempo, gente solitaria, que es frágil y, por tanto, es presa fácil de un asesino.

Un deseo para cuando el espectador vaya a las salas…

De la Torre. Que se lo pase muy bien y también muy mal, que tenga emociones.

Álamo. Que se ría en algunos momentos, porque lo que viene detrás del momento de risa va a ser muy tenso. Y que salga entretenido y pensando que la violencia nunca es redentora, un muy buen principio para terminar una película y hablar de ella.

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