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NOVELA

Paloma Díaz Mas: Lo que olvidamos

domingo 30 de octubre de 2016, 16:24h
Paloma Díaz Mas: Lo que olvidamos

Anagrama. Barcelona, 2016. 168 páginas. 15,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Esperanza Castro

La sucesión de acontecimientos que van ocurriendo a lo largo de nuestra vida, el cómo fuimos criados, amados, qué nos hizo tomar una decisión, cuál camino nos tocó andar, en definitiva, todas aquellas cosas que experimentamos son las que nos hicieron ser como somos, son las que nos parieron como los individuos que hoy vemos reflejados en el espejo.

Borrar todo eso de nuestra memoria, ¿en qué nos convierte? ¿Quiénes seremos a causa de este olvido? ¿En qué nos transforma una enfermedad como el Alzhéimer?

Preguntas sin aparente respuesta que la escritora Paloma Díaz-Más (Madrid, 1954) nos arroja sin piedad desde su última novela, Lo que olvidamos.

Díaz-Más (Premio Herralde de Novela 1992 por El sueño de Venecia; finalista del Premio Herralde de Novela 1983 por El rapto del Santo Grial; Premio Euskadi 2000 y finalista del Premio de la Crítica con La tierra fértil) vuelve con un tema recurrente en su trayectoria literaria, el recuerdo, su pérdida o, incluso, la recuperación del mismo. Ya en Como un libro cerrado (2005) anclaba la narración en el reencuentro con unos objetos que llevan a recobrar la infancia y la adolescencia de su protagonista, y cómo esos hacen que se mire el presente con ojos nuevos. Ahora la autora utiliza una escena prácticamente gemela para enlazar los dos relatos principales que se mueven dentro de Lo que olvidamos: la memoria personal y la colectiva.

La pérdida de memoria personal está encarnada en una mujer que visita periódicamente a su madre, internada en una residencia para enfermos de Alzhéimer. Esta parte nace desde la angustia e incomprensión por lo que está sucediendo, por el estupor que produce la transformación que está sufriendo la anciana, pero también desde el inmenso cariño hacia ella. Las imágenes nos llegan intensas, cercanas y a flor de piel, llenas de sentimiento y “de ternura por estos desposeídos de todo, desposeídos de su propio ser”.

El desmantelamiento de la casa familiar la conduce hasta el hallazgo fortuito de un viejo periódico. Este está fechado el 24 de febrero de 1981, el día siguiente al intento de golpe de Estado. Entre sus fotografías distingue la cara de Pedro, otro de los ingresados junto a su madre. Es uno de los diputados que acababan de ser puestos en libertad. Esta anécdota la transporta hasta aquellos días y le permite regresarnos al pasado de nuestro país, al recuerdo y la memoria colectiva. Pese a que la narradora comparte desde lo más íntimo, desde su experiencia de adolescente que a duras penas comprende, la novela no logra aquí suficiente empuje. Muestra, sí, calidez y logra cierta empatía, pero sin lograr la identificación requerida; nos deja a las puertas del retorcimiento de tripas causando, tan solo, una leve sensación de carne de gallina.

Los recuerdos relacionados con ese hito histórico están entremezclados, con mayor o menor acierto, con otros más lejanos: los veranos, un perrillo, los ancianos que viven en el último piso, las baldosas del suelo o la caja de botones heredada de una abuela. Todos ellos ligados a olores, sonidos. Son retales, piezas de un puzle prácticamente imposible de reconstruir. El texto entonces se comporta como mente en constante movimiento: los saltos temporales se suceden, los temas se entremezclan, lo particular es común y viceversa, el presente es confuso y el pasado surge nítido.

Según se acerca el final, Paloma Díaz-Más nos contagia la urgencia de escribir para no olvidar. No borrar el relato personal para no perder la identidad individual; recordar sin descanso la historia del país para saber quiénes somos como grupo, como nación.

Lo que olvidamos reivindica con insistencia la memoria como herramienta imprescindible de supervivencia.

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