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NOVELA

Anna Ballbona: Joyce y las gallinas

domingo 30 de octubre de 2016, 16:35h
Anna Ballbona: Joyce y las gallinas

Prólogo de Jordi Gracia. Traducción de María Paz Ortuño. Anagrama. Barcelona, 2016. 200 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Francisco Estévez

El trasvase a la prosa narrativa desde la poesía no es asunto baladí. Anna Ballbona (1980) lo intenta tras tres poemarios no traducidos aún al español. Eso se destaca de la oportuna página que probablemente ella preparase en Wikipedia (como la gran mayoría de autores hacen, por otra parte). La historia narrada es sencilla de resumir: Dos pasiones ocupan los días anodinos de Dora, una reflexiva periodista catalana y espejo facilón con el que se encubre la propia autora: las gallinas y Joyce. Dora escribe o, como dice ella misma, rellena espacios en la revista ¡Vamos! De regreso a casa la conversación sobre suicidio de un grupo de terapia en el tren zanja su lectura de El oficio de vivir de Cesare Pavese y da comienzo a la narración de Dora. Quizá debiera haber dado tiempo la protagonista y también la autora a llegar a la conclusión del italiano en la trágica última página de su diario y de su vida. O acaso sean todas las siguientes páginas de este otro diario con voluntad novelesca no más que una reflexión desvaída sobre aquel dramático final. La historia acontece aquí, sin embargo, buscando paralelismos con la identificación del rebaño, la condición de gallina o escenas de películas de Luis Buñuel o Woody Allen, tanto da.

En viaje a Irlanda y con un James Joyce que la protagonista aún no ha leído decide participar en un club de lectura donde conocerá a Murphy gracias al cual su vida pueril girará 180 grados. De ahí surge una exploración sobre el artista Bansky y, a la postre, “sentía que, como el creador del binomio ‘Joyce y las gallinas’ ella había de poner un pedacito de literatura”. Fijar por escrito los mensajes que oía en el tren sería un paso en esa dirección, además de una “Gran Acción”. Es decir, la autora hecha personaje nos descubre la trastienda y costuras de estas páginas. La falta de ideas y argumento en cierta novela contemporánea española de algunos, asusta.

Este relato manso carece de esquinas y filo. Adobado con un costumbrismo desmañado, aligera color a ese regusto que posee la vida cotidiana para volverla sepia. Cómo no, hay observaciones atentas de buena periodista (trabajo real de Anna Ballbona), pero aunque algunas escenas alcanzan cierto estatus literario, como la rueda de prensa en el Ayuntamiento de Barcelona, la mayoría se desvanecen mecidas por la intrascendencia.

Transponer la vida propia y ficcionalizarla en literatura es tarea compleja que no consigue esta narración tejida de anécdotas deseosas de trascender y aportar un cuadro caleidoscópico de cierta sociedad. El picotear gallináceo y narrativo parece desnortado y caótico, y no como símbolo de una sociedad, sino puro desnorte.

En un prólogo generoso en dádivas, Jordi Gracia describe a su coterránea como un “Joyce explícito hasta un Kafka invisible, pasando por un Pavese problemático, como si compartiese alguna de las neurosis de Enrique Vila Matas”. Un portento será el escritor que detente singularidades tan delicadas. No es el caso. Aunque bien puede ser que este cronista no entienda que es para otros lectores un “Kafka”, un “Pavese”, no pongamos ya el caso extremo del irlandés James Joyce.

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