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ELECCIONES EN EEUU

De candidatos muertos al ganador que perdió

De candidatos muertos al ganador que perdió
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Las mejores anécdotas de las elecciones en Estados Unidos. Por Borja M. Herraiz

La elección del que para muchos es el cargo más poderoso de la Tierra no ha estado exenta de curiosidades y toda clase de anécdotas desde que en 1789 George Washington inaugurara la Presidencia de Estados Unidos en los únicos comicios en 227 años en los que sólo se ha presentado un único candidato.

Bueno, realmente, lo de que Washington, que se gastó todo su presupuesto de campaña en 160 galones de licor para ganar adeptos, ha sido el único candidato que ha sido elegido sin oposición no es del todo cierto, puesto que en las elecciones de 1872 Ulysses S. Grant renovó su cargo presidencial frente a Horace Greeley, que falleció durante la campaña electoral.

En lo que a atrevimiento se refiere, hay que destacar a Al Smith, que tuvo el dudoso honor de crear el peor y más recordado eslogan electoral de la historia de los comicios. El primer católico candidato del Partido Demócrata tuvo la 'brillante' idea de presentarse a la carrera bajo la frase "Vote por Al Smith y él hará realidad sus sueños más húmedos". Ahí es nada.

La presente campaña electoral se ha caracterizado por el tono agresivo de ambos candidatos, llegando incluso a las descalificaciones personales. Pero esto no es algo nuevo en EEUU. Stephen A. Douglas, que compitió contra Abraham Lincoln por la Presidencia acusó a su rival de tener "dos caras", a lo que el histórico personaje le respondió: "¿De verdad cree que si tuviera otra cara mantendría la que tengo?".

En el caso de la rivalidad entre John Quincy y Andrew Jackson, la cosa se puso bastante más fea. El primero llamaba al segundo "alcahuete", mientras que éste le respondía llamando a su mujer y a su madre "rameras". Pero para campaña violenta la de 1800, cuando el vicepresidente electo Aaron Burr acabó por matar a un contrincante, Alexander Hamilton, en un duelo con pistola.

Por su parte, el socialista Norman Thomas ha sido el candidato que más veces se ha presentado como candidato presidencial. Hasta un total de seis ocasiones estuvo Thomas en campaña entre los años 20 y 30 del siglo pasado, aunque nunca logró alcanzar la Casa Blanca. Otro candidato peculiar fue Eugene V. Debs, que en 1920 concurrió a las elecciones desde prisión, donde cumplía condena por haberse opuesto a la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. Logró el 3 por ciento de votos en aquellas elecciones.

En la actualidad, la fecha de las elecciones está fijada en el primer martes de noviembre, aunque no siempre fue así. Antes de que esto se estableciera en 1845, los estadounidenses podían emitir su voto entre los meses de abril y diciembre, lo que alteraba sobremanera los resultados. La presente fecha se fijó tras la cosecha de otoño y antes de las heladas de invierno, que dificultaban el traslado y recuento de votos.

Algo muy similar sucedía con el día del juramento del cargo, que hasta 1937 estaba fijada en marzo por el tiempo que llevaba hacer el recuento de votos en todo el país, La llegada de las nuevas tecnologías posibilitó que la fecha se adelantara y quedara fijada definitivamente el 20 de enero gracias a la vigésima enmienda. En este día, el presidente electo puede jurar el cargo con la Biblia que desee. Por ejemplo, Barack Obama lo hizo con dos: una que perteneció a Lincoln y otra de Martin Luther King.

Otra tradición del día del juramento es que el presidente electo pronuncie un discurso. George Washington tiene el récord del más breve, con apenas 135 palabras, mientras que en el lado opuesto destaca William Henry Harrison, con 8.445. De hecho, fue tan largo y nevaba tanto mientras lo pronunciaba que enfermó y murió de neumonía un mes más tarde.

En cuanto a juventud, el récord lo tiene John F. Kennedy, que accedió al cargo con tan solo 34 años, mientras que Ronald Reagan lo hizo con 69 siendo el más veterano de los 44 que hasta ahora han ocupado la Presidencia. Precisamente el anteriormente actor ostenta otra marca imbatida: la de ser el presidente elegido, en 1984, con mayor número de votos populares y electorales al imponerse en 49 de los 50 estados. Por contra, John Quincy Adams es el único que ha perdido en ambos frentes y aun así ha logrado hacerse con la Casa Blanca.

Por otro lado, si algo le queda en el debe al actual presidente saliente durante sus ocho años en el cargo será el no haber logrado la pacificación racial en Estados Unidos. En este sentido, la decimo quinta enmienda, la que permitía votar a los ciudadanos afroamericanos, no fue aprobada hasta 1870, si bien en algunos estados sureños el voto negro estuvo prohibido hasta la década de los años 60 del siglo pasado. En lo que a las mujeres se refiere, no tuvieron derecho a participar en las elecciones hasta 1920, mientras que los indioamericanos pudieron hacerlo a partir de 1924.

Eso sí, medio siglo antes de que la Constitución permitiera a las mujeres votar, ya hubo una que se postuló a la Presidencia. Fue en 1872 y su nombre era Victoria Woodhull, pero su arrojo no sólo se limitaba a su género, sino que su 'número dos', Frederick Douglass, era afroamericano. Tras Woodhull, dos centenares de mujeres se han presentado a las elecciones, aunque la inmensa mayoría representando a partidos minoritarios.

En este sentido, Hillary Clinton podría ser la primera mujer de la historia en alcanzar la Casa Blanca después de que Barack Obama fuera el primer afroamericano en hacerlo hace ocho años. De hecho, en la actualidad sólo se exigen tres requisitos para poder ser candidato: ser mayor de 35 años, ser considerado nacido en Estados Unidos y haber residido en el país los últimos 14 años.

Por contra, la Constitución no permite un tercer mandato y sólo 17 presidentes han logrado revalidar el cargo. Sin embargo, Grover Cleveland es el único de la historia del país que fue derrotado tras su primera legislatura y, cuatro años después, haberse presentado de nuevo y logrado la victoria. De este modo, Cleveland es, al mismo tiempo, el vigésimo segundo y vigésimo cuarto presidente del país, siendo Benjamin Harrison el vigésimo tercero.

Finalmente, dos de los grandes símbolos electorales son los animales con los que se asocia a cada uno de los dos grandes partidos. Los demócratas tienen un burro como icono gracias a Andrew Jackson, quien lo adoptó como mascota después de que sus oponentes se metieran con su inteligencia y tozudez en campaña. Por su parte, a los republicanos se les asocia con un elefante porque en 1877 Thomas Nast plasmó con este animal la derrota del GOP ante los demócratas y acabó por vincularse al partido.