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SOBRE EL ‘MILAGRO DEL HUDSON’

Sully: Tom Hanks se suma a los héroes de Clint Eastwood

Clint Eastwood estrena Sully, en la que Tom Hanks se convierte en el "héroe" americano que en 2009 aterrizó de emergencia un avión comercial en el río Hudson sin provocar víctimas. Un héroe ajustado a la filmogafía del veterano director.
Tom Hanks en un fotograma de la película 'Sully', de Clint Eastwood
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Tom Hanks en un fotograma de la película 'Sully', de Clint Eastwood (Foto: Efe)

SULLY

Director: Clint Eastwood
País: EEUU
Guión: Todd Komarnicki (Libro: Chelsey Sullenberg, Jeffrey Zaslow)
Fotografía: Tom Stern
Reparto: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Anna Gunn, Autumn Reeser, Sam Huntington, Jerry Ferrara, Jeff Kober, Chris Bauer, Holt McCallany, Carla Shinall, Lynn Marocola, Max Adler, Valerie Mahaffey, Ashley Austin Morris

Sinopsis: Chesley “Sully” Sullenberger es un piloto comercial que en 2009 se convirtió en un héroe cuando, al poco de despegar, su avión se averió y el comandante logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo.

Lo mejor: El enfoque, desde el propio cuesionamiento del protagonista | Los temas 'Eastwood' de fondo | Las escenas del amerizaje | Tom Hanks
Lo peor: Un final un poco abrupto, que deja la sensación de querer algo más.

Dice Clint Eastwood que cuando se planteó por primera vez rodar una película sobre el conocido como ‘milagro del Hudson’ no le vio el conflicto dramático necesario en toda historia que se precie contar en gran pantalla. En enero de 2009 un avión comercial realizó un aterrizaje de emergencia en el río Hudson de Nueva York y la capacidad de reacción y la pericia del piloto, Chesley Sullenberg, ‘Sully’, permitieron que las 155 personas a bordo entre pasaje y tripulación sobrevivieran. El veterano director encontró el conflicto más allá de los 208 segundos que separaron la avería de los dos motores del aparato del amerizaje, centrándose en la puesta en duda de la decisión de Sully cuando, mientras los medios le calificaban de ‘héroe’, las aseguradoras alegaron que al piloto le hubiera dado tiempo a regresar al aeropuerto, salvando las 155 vidas y, de paso, un avión de varios millones de dólares. Así que la cinta bucea en la lucha de Sully consigo mismo, en sus propias vacilaciones sobre si actuó de manera correcta y el juicio interior, mucho más duro que la investigación a la que le sometió la Junta Nacional de Seguridad del Transporte.

Y así vuelve a construir Eastwood uno de esos héroes que pueblan su cinematografía, personas anónimas, héroes repentinos, rectos, que a menudo se enfrentan a un orden mayor que no entiende sus métodos o sus formas, héroes poco convencidos de serlo. Y después de ver a Tom Hanks convertido en uno de ellos, la pregunta es por qué este tándem perfecto no había ocurrido antes. Hanks hace un trabajo de contención espectacular, esconde ese conflicto tan buscado por Eastwood bajo capas de profesionalidad y deja el espectador lo busque, bien arropado por su compañero de reparto, un Aaron Eckhart convertido en el copiloto del 1549 de US Airways.

Sully vuelve a poner encima de la mesa los temas más recurrentes en la cinematografía de Eastwood: el individuo frente al poder, el factor humano frente a la inteligencia artificial de un mundo cada vez más automatizado y, sobre todo, el patriotismo matizado, esa ambigüedad ideológica casi siempre presente en sus películas. No hay país al que le guste más ensalzar al héroe-ciudadano que a EEUU, construir héroes mediáticos a base de historias mediáticas cargadas de patriotismo. Sin embargo, en Eastwood siempre hay un matiz, una doble mirada a lo que parece que está contando, como en su anterior cinta, El Francotirador. Si entonces hizo la película más patriótica del mundo para esconder, precisamente, un interrogante sobre el patriotismo estadounidense, en este caso, el director pone encima de la mesa que sí hay algo que en EEUU pesa que darle al “pueblo americano” un nuevo héroe al que admirar: el dinero.

Sobra decir que la realización de Eastwood es sólida, limpia, eficiente. Aunque la cinta no se centra en contar la historia de las vidas salvadas, está claro que la heroicidad de Sully depende de ellas, y Eastwood resuelve con una eficacia pasmosa la presentación del pasaje en un par de secuencias, suficientes para entender lo que el capitán hizo, lo que significó su hazaña en una ciudad en la que una avión aproximándose Manhattan era, aún bajo la sombra del 11S, una buena noticia en lugar de una tragedia mayúscula.

En una estructura que se engasta en torno a la investigación, Eastwood se permite algunas manifestaciones visuales del conflicto interior de Sully, mostrando al espectador sus pesadillas sin romper la narración clásica, y vuelve a la secuencia del amerizaje en dos ocasiones, dejando saborear al público la adrenalina, unos efectos especiales realistas y perfectamente incrustados en la historia y el final feliz.

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