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Espinar debe dimitir

sábado 05 de noviembre de 2016, 11:14h


No es la primera vez que el comportamiento de Ramón Espinar deja mucho que desear. Ya causó polémica que no actualizase su declaración de bienes tras acceder al Senado por designación territorial. Pero, sin duda, en el caso que ahora le ha puesto en el ojo del huracán, el portavoz de Podemos en el Senado y aspirante a liderar la formación morada en Madrid se ha superado en cuanto a cómo entiende la ética. Esa “ética” que decía defender desde su actuación como joven “indignado” del 15M, frente a los partidos de la “casta”. La realidad es, sin embargo, que la ciudadanía asiste con asombro y rechazo al descubrimiento del asunto del piso de protección oficial adquirido por Espinar.

En 2010, Espinar compró una vivienda en Alcobendas, sin sorteo público, y sin ni siquiera estar empadronado en el municipio, aunque nunca habitó en ella. Poco después de su compra, pidió el preceptivo permiso para vender este tipo de casas a la Comunidad de Madrid. Pero, una vez obtenido el permiso, Espinar hizo de su capa un sayo vendiéndola por un precio que superaba en 30.000 euros el permitido. Todas las “justificaciones” que ha intentado dar ante el escándalo se han ido cayendo, por lo que ha recurrido directamente al tan querido mantra de los populistas de que está poco menos que en el centro de una conspiración de los mercados y los poderosos.

Un “argumento” que maneja con profusión y cínico desparpajo, el mismo del que está haciendo gala Espinar, el chavismo, referente de Podemos. Espinar ha llegado a decir que no tiene la menor intención de dimitir porque ese es el objetivo de los poderosos confabulados contra él. Para más inri, en una de sus intervenciones como portavoz de la Comisión Anticorrupción de la Comunidad de Madrid, señaló que el objetivo de las viviendas públicas no es vendarlas, aunque él bien calladito tenía que era precisamente eso, y con un pingüe beneficio, lo que había hecho.

Con este antecedente, no hace falta mucha imaginación para pensar qué haría Espinar en un cargo público. O quienes le apoyan fervorosamente en su partido, bendiciendo la ambición y el abuso, que solo puede combatirse no desde las fórmulas estatistas que propugna Podemos, sino desde la separación y el equilibrio de poderes. A Espinar, visto lo visto, no le queda otra alternativa que la dimisión.
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