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HILLARY CLINTON VOTA EN NUEVA YORK CONFIADA: "ESPERO GANAR"

Clinton y Trump, muy igualados ante su cita con la Historia

Clinton y Trump, muy igualados ante su cita con la Historia
La carrera presidencial de los 1.000 millones de dólares, llega a su fin con ambos candidatos en un puño. Clinton llega a este martes decisivo con una ligera ventaja sobre su rival republicano, Donald Trump, lo que podría ser suficiente para ser la primera presidenta de la historia del país... o no. Una decena de estados tienen la llave del Despacho Oval en los que se antoja una jornada electoral apasionante en la que 240 millones de estadounidenses están llamados a las urnas.
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Llegó la hora de la verdad. Dentro de unas pocas horas sabremos quién es el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos y que, por primera vez en la historia, podría ser una mujer.

En el bando demócrata, Hillary Clinton; en el republicano, Donald Trump. En medio y con el poder de decisión, 240 millones de personas que tienen en su voto la última palabra.

Al respecto, la candidata presidencial demócrata votó ya y destacó la importancia del momento y dijo confiar en su victoria. "Espero ganar", afirmó Clinton a la salida de un centro de votación en la localidad Chappaqua, en el estado de Nueva York, donde tiene su residencia. "Hay mucha gente involucrada en esto, y hay una gran responsabilidad en juego", agregó la candidata.

Clinton votó en la escuela Douglas G. Graffin, en Chappaqua, en el condado de Westchester, donde fijó su residencia para poder presentarse como candidata a senadora por Nueva York, con un mandato que mantuvo entre 2001 y 2009. Acudió al centro de votación acompañada de su marido, el expresidente Bill Clinton (1993-2001), dos horas después de que abrieran los colegios electorales en la costa este de Estados Unidos.

Se elige colegio electoral

Sin embargo, contra lo que se puede esperar, Estados Unidos no elige nuevo presidente, sino cómo se conforma el colegio electoral, compuesto por 538 delegados que, a su vez, serán los que decidirán realmente en diciembre quién ocupa la Casa Blanca los próximos cuatro años. Sólo en diez ocasiones en la historia de EEUU uno de estos delegados ha 'traicionado' su color y ha votado por el otro candidato y nunca fue un cambio decisivo, por lo que de lo que se decida este martes se da por hecho que saldrá el nuevo presidente o presidenta.

Eso sí, no sólo está en juego la cabeza visible de la primera potencia mundial, sino que este martes también se decide un tercio de la Cámara de Representantes, el Senado al completo y una docena de gobernadores estatales. En este sentido, la cita cobra mayor importancia si cabe al también dirimirse de qué color se teñirán ambas cámaras y, por tanto, ver con qué equilibrio de fuerzas contará el próximo inquilino de la Casa Blanca, que tras los comicios de mid-term favorece a los republicanos.

Hasta aquí, meses intensos de una de las campañas más hostiles que se recuerdan. Hillary Clinton y Donald Trump han protagonizado numerosos encontronazos que han incluido ataques personales por ambas partes. Quizás este nivel tan bajo de campaña esté, en parte, detrás de los índices de popularidad de ambos candidatos, los peores registrados en la historia del país.

Y es que si algo ha quedado claro es que Estados Unidos está harta de la política tradicional que se hace en Washington. Trump es fruto de ese rechazo a las formas habituales, algo que le ha llevado a imponerse a una docena de aspirantes republicanos con mucho más bagaje y formación política que él, pero que estaban demasiado vinculados al establishment, como Ted Cruz, Marco Rubio o Jeb Bush, entre otros.

Por su parte, Clinton se vió en muchos más apuros de los esperados para ganar las primarias demócratas ante su único rival de peso, el veterano senador Bernie Sanders, reconocido socialista y con mucho más arraigo popular que la exsecretaria de Estado.

Precisamente sobre este cansancio del electorado con la política nacional es donde ha construido Donald Trump su imparable ascenso político del último año. De pasar de ser la anécdota de las primarias del GOP a aglutinar el voto de una América blanca, rural y hastiada tras dos legislaturas de Barack Obama en la Casa Blanca. Con inflamas populistas y discursos incendiarios, el manejo del show mediático electoral le ha servido para llegar a la recta final de campaña con opciones reales de hacerse con el Despacho Oval.

Clinton, que se las prometía felices hace unos meses, cuando contaba con una docena de puntos de ventaja en las encuestas gracias al respaldo del voto joven, el latino y el de las minorías, se ha visto inmersa en dos ocasiones por el escándalo de los correos electrónicos que envió desde un servidor privado cuando era exsecretaria de Estado en el Gobierno de Obama. Aunque el FBI ha cerrado sendas investigaciones, el daño que se le ha hecho en campaña le ha hecho redoblar esfuerzos a última hora, recurriendo al presidente y primera dama salientes y toda clase de celebrities (LeBron James, Jennifer López o Beyoncé, por ejemplo), para seguir viva y favorita a poco del día D.

El caprichoso sistema electoral estadounidense, basado en un sistema indirecto, hace que la pelea por la Casa Blanca se centre en una decena de estados clave, los denominados swing states o, dicho de otro modo, los que no se definen tradicionalmente. Desde Florida a Nevada, pasando por Arizona, Iowa, Georgia, Ohio o Carolina del Norte serán los territorios que tengan la última palabra, pues en gran parte del país las diferencias entre ambos candidatos son tan pronunciadas que ya se colorea de uno u otro color en función de si predomina el azul demócrata (California o Nueva York) o el rojo republicano (Texas o Indiana).

Sin embargo, las matemáticas y los sondeos no son del todo fiables, ni siquiera en EEUU y mucho menos después de ejemplos como el Brexit o el proceso de paz colombiano. Por eso se prevé una jornada electoral apasionante. La mayoría de sondeos dan entre 3 y 5 puntos de ventaja a Clinton, aunque otros, los menos, anticipan un empate técnico o incluso una mínima distancia en favor de Trump. Sea como fuera, los resultados serán, como casi siempre en unas elecciones estadounidenses, muy ajustados.

Lo que está claro es que, salga quien salga victoriosa, los Estados Unidos venideros serán muy diferentes a los actuales. De ganar Trump y cumplir sus amenazas, el proteccionismo y un cierto repliegue de su política exterior serán la piedra angular de un proyecto con los inmigrantes ilegales en el punto de mira. En el caso de ser Clinton la que acceda a la Casa Blanca, está por ver cómo capea con los grandes retos del país, como la perenne reforma sanitaria, el conflicto con Daesh o la creciente amenaza de Rusia.