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NOVELA

Carlos Soto Femenía: El carbonero

Carlos Soto Femenía: El carbonero
Destino. Barcelona, 2016. 281 páginas. 17,50 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Adrián Sanmartín

El rencor y el deseo de venganza no son buenos consejeros. Y solo traen infelicidad a quien se deja arrastrar por ellos. Sin embargo… a veces parecen inevitables. E incluso puede parecer que, sin serlo, se revisten de “justicia”. La venganza se instala en lo más profundo del corazón de Marc, protagonista y narrador de El carbonero. Siendo adolescente su vida abandona todo tipo de sosiego. Nada puede consolarle del brutal asesinato de su madre, a quien han abierto la cabeza con un hacha. Y aún hay más: tan luctuoso y cruel suceso tiene también otra desgraciada consecuencia: el padre de Marc se ha encerrado en un absoluto mutismo. Ambos tratan de sobreponerse a la tragedia y viven del oficio de carbonero. Apenas tienen contacto con otras gentes. Solo padre e hijo, solo el dolor.

Ese dolor que se siente espeso y terrible, y que en Marc únicamente encontrará, siete años después del crimen, un cierto alivio cuando caigan en sus manos los asesino y estalle, con fiereza, sin clemencia -tampoco la tuvieron con su madre ni con ninguna de sus víctimas- el ajuste de cuentas: “No pude contenerme, le golpeé hasta que me dolieron los nudillos, a destajo, sin juicio. Cuando terminé, su cara apenas era reconocible bajo la sangre. Su labio inferior colgaba de un lado, partido cerca de la comisura izquierda. Él había perdido la consciencia y el sonido de su respiración me llegaba con un tenue burbujeo”.

La informática es la profesión de Carlos Soto Femenía (Palma de Mallorca, 1966), pero la literatura es su pasión, que cultiva con calma. Escribiendo, pero sin prisa por publicar. Autor de varios relatos premiados en el concurso Silverio Lanza, su primera novela, La unción (Edaf, 2004), también logró un galardón, el Alfonso VIII, y fue saludada como obra de un autor de gran interés. Luego, transcurrida casi una década, en 2013, dio a la imprenta su segunda novela, Enemigo innúmero, que fue el pistoletazo de salida de la editorial Playa de Ákaba -puesta en marcha por Lorenzo Silva-, título con el que llamó la atención muy positivamente.

Ahora, en El carbonero, Carlos Soto Femenía nos sirve un cóctel de novela realista, drama rural y thriller que Soto Femenía combina con más que soltura. Se desarrolla en Caimari, un pequeño pueblo de la Mallorca agreste, durante los años cincuenta del siglo pasado. Allí es dueña y señora de tierras y personas Joana Francisca Grimalt, personaje que desempeñará un papel de gran trascendencia en este relato de singular intensidad que no ahorra la violencia y la crudeza en un afilado y eficaz contraste entre estas y la fría serenidad del narrador, muy consciente de sus actos, y de las necesidades a las que obedecen. En la misma escena de la paliza antes consignada se lee: “Aproveché el receso para convencerme a mí mismo de que aquél no era el camino. No podía negar que en mis adentros se había desencadenado un placer intenso con la paliza que le había dado, porque había sido así; había satisfecho una necesidad irracional y desmesurada de hacerle daño”.

A primera vista puede parecer que Soto Femenía cambia de registro y en bastante medida lo hace. Pero mucho menos de cosmovisión. No olvidemos que Enemigo innúmero nos recuerda al comienzo que, según Schopenhauer, “la vida es una incesante cacería”. Y Marc será un perfecto cazador.

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