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FELIPE VI: ARBITRAJE Y MODERACIÓN SOBRE LAS TENSIONES PARTIDISTAS

jueves 17 de noviembre de 2016, 13:20h
El pueblo español encomendó al Jefe del Estado en la Monarquía parlamentaria establecida...

El pueblo español encomendó al Jefe del Estado en la Monarquía parlamentaria establecida en la Constitución de 1978 la moderación y el arbitraje entre las instituciones. Juan Carlos I cumplió el mandato de la voluntad popular de manera impecable a lo largo de cuatro décadas. Su mano izquierda, por poner un ejemplo, evitó en su día la colisión entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional lo que hubiera provocado un inmenso escándalo nacional e internacional.

Felipe VI fue respaldado en las Cortes que representan la voluntad general libremente expresada por el 86% del Congreso de los Diputados y el 90% del Senado, al aprobarse la ley de abdicación que era la del respaldo democrático a su proclamación como Rey de España.

A nadie se le oculta la enorme tensión que la política española ha vivido en el último año derivada del personalismo de algunos líderes políticos y del partidismo de otros. Durante diez meses demasiados políticos han pensado más en el interés personal o en el de su partido que en el de España. Una sensación generalizada de asco hacia su clase política se ha extendido en el pueblo español.

El Rey, al aparecer en el hemiciclo, acompañado por la Reina y sus dos hijas, recibió una interminable, verdaderamente interminable, ovación con los diputados y los senadores puestos en pie. Felipe VI, al abrir la legislatura, tras la intervención excelente de Ana Pastor, se ha esforzado, al pronunciar un discurso prudente, constructivo y acertado, en cicatrizar tantas heridas abiertas, ejerciendo su deber constitucional de arbitraje y moderación con eficaz lucidez.

Ha subrayado Felipe VI la función clave del Congreso y el Senado como representación de la soberanía nacional al servicio del interés general. Afirmó de forma expresa que la Institución que representa es el símbolo de la unidad de España y de su permanencia. Se detuvo el Rey en el análisis del pluralismo político que requiere del diálogo permanente. Aseguró que, tras lo ocurrido el último año, es necesario dignificar la vida pública y recordó lo que significó en su día recorrer el camino de la reconciliación nacional con el reconocimiento de la diversidad territorial, lingüística y cultural.

Se refirió Felipe VI a la corrupción, una lacra que es necesario superar, y exigió la regeneración moral de la vida pública y la atención a los valores éticos. Recordó, en fin, Felipe VI, el esperanzador desarrollo económico, la significación de Europa y los horizontes abiertos al futuro.

Diputados y senadores han escuchado al Rey con atención sin fisuras para dedicarle al término de su discurso, puestos casi todos en pie, una interminable, otra vez interminable, ovación.