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LO NUEVO DE DAVID VILLENEUVE

La llegada: ciencia ficción inteligente; hipnótica Amy Adams

El canadiense Denis Villeneuve se estrena en la ciencia ficción con una de las joyas de este 2016, La llegada, con Amy Adams y Jeremy Renner.
Amy Adams y Jeremy Renner en un fotograma de 'La llegada'
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Amy Adams y Jeremy Renner en un fotograma de 'La llegada'
Denis Villeneuve parece haber abonado el terreno para salir reforzado de un reto como pocos: el de estrenar el próximo año la secuela de Blade Runner. Porque si alguien dudaba de las capacidades del director canadiense para utilizar la tecnología del cine del siglo XXI al servicio de la ciencia ficción más inteligente y sólida en términos dramáticos, La Llegada viene a reafirmarle como la mejor opción para revisitar uno de los grandes hitos del género. Villeneuve firma una cinta alejada de los fuegos artificiales con los que tiende a ahogarse el relato de la ciencia ficción, reducida a acción y efectos especiales en la mayoría de los casos en la última década, sin renunciar a una visualidad adictiva.

La cinta deconstruye el subgénero de las invasiones extraterrestres y retoma un viejo objetivo fundacional de la ciencia ficción: visitar lo ajeno, lo extraño, para hablar de los problemas propios de la humanidad. Así, Villeneuve sitúa al espectador en el día en que doce naves espaciales aterrizan de forma simultánea en distintos puntos del planeta Tierra. El director aprueba con nota la primera toma de contacto al narrar la llegada de las naves desde el punto de vista de lo cotidiano: móviles que suenan en medio de una clase, las noticias, la información con cuentagotas. El espectador ya está enganchado y entonces aparece la barrera de la comunicación: ¿cómo entender qué quieren los visitantes, por qué están aquí, si es imposible hablar con ellos? Así que los distintos Gobiernos gestionan las relaciones con su “casco” –como llaman a las gigantescas naves verticales, negras, herméticas, indescifrables. El Ejército de EEUU recluta a una experta en lingüística (Amy Adams) y a un físico (Jeremy Renner) para intentar comunicarse con ellos.

A partir de aquí, Villeneuve acierta a exponer la incomunicación que impera en un mundo a primera vista hiperconectado, los abismos que separan a las naciones, a los pueblos, incluso a las personas, e invita a una reflexión tan sesuda como atractiva sobre la propia existencia. Como meter en la misma habitación a El árbol de la vida y Encuentros en la tercera fase y dejar que conversen.

Además, toca las teclas de algunas reflexiones y teorías interesantes sobre la lingüística, como la del relativismo, que dicta que el lenguaje con el que nos comunicamos determina nuestra manera de percibir la realidad. Sobre la ciencia, la ficción de Villeneuve está cargada de poética, con una serie de analepsis cálidas que contrastan con los tonos fríos de la estructura central de la cinta sobre el contacto con los recién llegados. También, en contraste, el sonido: el suave off de la protagonista frente a los graves y contundentes ruidos de la nave y los extraterrestres.

El director asume el reto de trasladar a la pantalla conceptos metafísicos, los que pueblan La historia de mi vida, el relato corto de Ted Chiang en el que se basa la cinta, y lo hace con una manejo exquisito de los diálogos, claros pero sin obviedades, y con la inestimable ayuda de una Amy Adams que hipnotiza en los primeros planos.

Sin duda, una de las películas de 2016.

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