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RITA BARBERÁ

miércoles 23 de noviembre de 2016, 10:02h
Me llamó por teléfono a las pocas horas de publicarse el pasado 20 de septiembre, en el diario El Mundo, mi artículo titulado "Barberá y Rajoy"...

Me llamó por teléfono a las pocas horas de publicarse el pasado 20 de septiembre, en el diario El Mundo, mi artículo titulado "Barberá y Rajoy". Durante una conversación larga y, a ráfagas emocionada, me subrayó su inocencia aportando datos y exponiendo hechos que me parecieron razonados y convincentes. Me aseguró que, efectivamente, había decidido mantenerse como senadora porque el caso de Juan Pedro Yllanes, presidente de la Audiencia de Baleares unos meses atrás y ya entonces diputado de las Islas por Podemos, le había encendido todas las alarmas. Sometida a un linchamiento político implacable, preterida por su propio partido, denostada por el egoísmo de muchos de los suyos, no quería correr el riesgo de que la juzgara algún juez podemita. Prefería, como es lógico, el Tribunal Supremo.

Me pareció siempre Rita Barberá una mujer admirable por su sencillez y su capacidad para la gestión. La conocí cuando era una jovencita sensible e inteligente que se comía el mundo. Era yo, por entonces, presidente por elección de la Federación de Asociaciones de la Prensa y su padre, José Barberá, periodista de excelentes cualidades profesionales, presidía la Asociación de la Prensa de Valencia.

Recuerdo ahora para los lectores el artículo que provocó mi última y larga conversación con Rita Barberá y que se publicó hace dos meses en el diario El Mundo:

“Al juez Castro le ofrecieron la candidatura de Podemos por Baleares. No aceptó porque acababa de conseguir la prórroga en su puesto. Este controvertido magistrado prolongó hasta la náusea su tempestuosa persecución personal contra Doña Cristina. Soñaba en convertirse en estrella social a lo Garzón. El juez Yllanes, presidente del tribunal que terminó sentando a la Infanta en el banquillo, sí aceptó la oferta de Pablo Iglesias y hoy es diputado de Podemos por Baleares en el Congreso. Por cierto, la denuncia contra Doña Cristina del pseudosindicato Manos Limpias era un puro y duro intento de chantaje. En complicidad con Ausbanc, ofreció retirarla a cambio de 3 millones de euros.

No se puede poner en duda ni la preparación jurídica ni la independencia de los jueces Castro e Yllanes a pesar de su ideología. Pablo Iglesias es un hombre muy inteligente y, al mejor estilo del comunismo clásico, sabe que es necesario infiltrarse en el poder judicial. Los jueces de ideología podemita se están multiplicando, brizados por los éxitos de Podemos. Habrá que entender, por eso, que Rita Barberá prefiera que la juzgue el Tribunal Supremo antes de enfrentarse a la eventualidad de caer en la zarpa de algún juez que gire en la órbita de Iglesias. No sé lo que terminará haciendo porque la presión sobre ella carece de precedentes, pero parece lógico que la exalcaldesa, aparte de la explicación de no querer reconocer culpabilidad, se sienta más segura jurídicamente investigada, y en su caso juzgada, por el Tribunal Supremo. Por eso tal vez se ha resistido, hasta el momento de escribir estas líneas, a renunciar al aforamiento.

Rita Barberá fue una excepcional alcaldesa de Valencia. No se trata de una opinión personal. Es la del pueblo valenciano que la eligió en 1991 y la volvió a votar por mayoría absoluta en las cinco elecciones posteriores. Se ha producido su linchamiento público sin respeto a la presunción de inocencia. Partiendo de la base de que cualquier prevaricación por pequeña que sea resulta rechazable, coincido con lo que ha escrito en estas páginas Pedro G. Cuartango, “ya que no es posible equiparar el blanqueo de 1.000 euros del que se acusa a Rita Barberá con la red clientelar urdida por el PSOE en Andalucía que supuso un desfalco de 741 millones para las arcas públicas”.

Susana Díaz sustituirá, según anuncian las crónicas, a Pedro Sánchez, que es un cadáver político de cuerpo presente. “El PSOE está dirigido ahora por un secretario general que no sabemos si existe”, ha afirmado Antonio Escohotado. Incluso su antecesor en el cargo le ha rubalcabeado de forma inmisericorde. Y bien: la presidenta andaluza ha de-mostrado su capacidad de liderazgo al afirmar que cree en la honradez de Chaves y Griñán.

Rajoy, en cambio, se ha lavado las manos. Ha lanzado balones fuera y ha permitido que albeen los pañuelos blancos de la rendición. En lugar de defender la honradez de Barberá, colaboradora leal durante largos años, ha escurrido el bulto con palabras ofidias. “Cuerpo a tierra que vienen los nuestros”, suele ironizarse entre los simpatizantes del PP. No defender la honradez de Barberá, como ha hecho Susana Díaz con Chaves y Griñán, demuestra una preocupante carencia del liderazgo. “Sobre los labios marchitos zozobra el rezo”, escribió Valle-Inclán, que también era gallego.”

Hasta aquí lo que escribí hace dos meses, palabras que hoy se estremecen por el dolor ante la pérdida de una mujer que nunca necesitó de cuotas para triunfar y que conectó durante largos, largos años con la mayoría del pueblo valenciano.