www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EPISTOLARIO

François Mitterrand: Lettres à Anne

domingo 27 de noviembre de 2016, 18:59h
François Mitterrand: Lettres à Anne

Gallimard. París, 2016. 1.270 páginas. 35 €.

Por Pepa Echanove

Cuando se cumplen cien años del nacimiento de François Mitterrand (1916-1996) y apenas cinco del fallecimiento de su esposa Danielle, quien fuera su amante durante más de treinta años, Anne Pingeot, publica ahora su correspondencia íntima en un monumental volumen (grande tanto por su talla, como por su intensidad) bajo el prestigioso sello editorial de Gallimard. Esperando que pronto aparezca su traducción al castellano, dedicaremos un comentario al texto original, un fascinante testimonio de la personalidad menos conocida y más sincera del hombre que estuvo al frente de la República Francesa durante dos mandatos presidenciales seguidos, entre 1981 y 1995.

La historia de amor entre F. Mitterrand y A. Pingeot nace tras un encuentro en Hossegor en 1963 y perdura hasta la muerte del antiguo presidente. Ella era una jovencita de diecinueve años y él, entonces oficialmente casado y padre de dos hijos, tenía cuarenta y seis. En 1974 nació Mazarine, la hija de ambos, cuya existencia se mantuvo como un secreto de Estado durante casi veinte años. A partir de 1994 la sociedad gala tuvo conocimiento a través de los medios de comunicación de la familia paralela de Mitterrand. Su hija Mazarine Pingeot es hoy una reconocida escritora y por su parte Anne Pingeot ha desarrollado su carrera vinculada a la historia del arte, la conservación y otras actividades artísticas en museos y centros culturales.

Esta breve introducción biográfica sirva quizá para comprender cómo y por qué las cartas a Anne escritas entre 1962 y 1995 nos revelan el lado más humano y vital del confeso enamorado que se esconde tras el personaje público. “Un grand feu craque dans la cheminée. Je boucle cette lettre. J'embrasse la colle de l’enveloppe et du timbre avec l’envie de baiser tes lèvres. Le goût de toi...”. Coexisten en la personalidad compleja y aparentemente impenetrable de Mitterrand dos mundos complementarios que se manifiestan a través de su palpitante escritura. El cerebro y el corazón, la razón y el sentimiento, el sentido de la obligación y la ilusión, el deber y el libertinaje, la ejemplaridad y, digámoslo aunque suene demodé, la inmoralidad. En su lectura descubrimos al hombre seductor, dubitativo, susceptible, sensible, apasionado e impaciente -rasgos comunes del enamoramiento-, y al mismo tiempo se percibe el talento y el talante del gran intelectual, del pensador, de la fina pluma, de la palabra segura y la frase esencial. “Je t’aime, Anne. Tout est dit dans ces trois mots. Ou bien dans ces quatre. Je suis à toi”. Recordemos que François Mitterrand fue un escritor prolífico, con veleidades poéticas en su juventud, y autor de más de una veintena de obras, en su mayoría ensayos históricos o políticos.

Si algo tienen en común las más de 1.200 cartas que se han transcrito en este libro, cada una fechada y con el remite exacto, es precisamente la continuidad y la perseverancia. Algunas son más largas que otras, a veces llevan también un dibujito, otras veces se trata de una tarjeta postal o de una breve nota redactada en el papel oficial de la Asamblea Nacional, cualquier soporte impreso sirve para expresar la pasión amorosa, el recuerdo, la culpabilidad ante la fugacidad del encuentro, la posibilidad de lo imposible: “Je crois à la lumière de l'âme parce que tu me l’as apportée. Je crois au bonheur surnaturel conquis à forcé d’aimer... Je te dois le meilleur; oh Anne, sois-en sûre!”.

Aparte de su valor literario nos encontramos frente a un documento histórico de gran envergadura. La correspondencia corrió en paralelo a la brillante carrera política de F. Mitterrand y, por tanto, supone una mirada aguda e interesante en primerísima persona sobre la sociedad y la política francesa durante casi veinte años. Aquí y allá aparecen referencias al trabajo cotidiano de Mitterrand como candidato socialista y luego presidente. Sus citas profesionales, reuniones, entrevistas, discursos, visitas oficiales y viajes son evocados sin embargo con cierto desapego, sin profundizar, simplemente como un mero dato anecdótico y cronológico -un lugar, una hora, un encuentro...-.

O puede que efectivamente Mitterrand enfundara en esos pasajes su traje más discreto, la sofocante corbata del cargo, pasando por alto detalles más explícitos relativos a su función y a sus enormes responsabilidades como jefe de Estado. “Je t’écris de mon banc de l’Assemblée Nationale tandis que Giscard d’Estaing glose sur la jeunesse”. Si para algo sirve la lectura de esta sorprendente relación epistolar, es para imaginar que aun en la cima del poder, desde un escaño parlamentario o un asiento en la tribuna presidencial, alguien pueda estar escribiendo “te quiero” en una hojita de papel, mientras entre toses y bostezos se debaten las pensiones y los impuestos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (8)    No(0)

+
1 comentarios