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ENTREVISTA

Villaviciosa de al Lado: Nacho G. Velilla y Leo Harlem le buscan las cosquillas a "las sombras" de España

Este viernes se estrena la nueva comedia de Nacho García Velilla, Villaviciosa de al Lado, en la que el humorista Leo Harlem se estrena en un papel cinematográfico protagonista. Hemos charlado con el director y el actor.
Rodaje de Villaviciosa de al Lado, de Nacho G. Velilla
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Rodaje de Villaviciosa de al Lado, de Nacho G. Velilla (Foto: @ProdAparte)

No todos los agraciados con el Gordo de Navidad descorchan botellas de champán y se abrazan. Si el décimo ganador se adquirió en el prostíbulo del pueblo, la fiesta acaba antes de empezar: ir a cobrar el premio y admitir el pecado ante mujer, hijos y vecinos o renunciar al sueño de todo españolito medio. Ocurrió en las navidades de 2013 en una pequeña localidad de Toledo sin que nunca llegara a conocerse cuánto de mito y cuánto de realidad hubo en aquella historia. Pero la simple sombra de la duda inspiró al realizador Nacho G. Velilla. “Cuando me enviaron el recorte del periódico al principio pensé que era una broma”, cuenta Velilla en una entrevista con El Imparcial.

“La sorpresa que me causó al enterarme de que era verdad constituía el primer elemento indicador de que ahí había una comedia; el segundo, era que de ahí se pudiera desarrollar una historia que mantuviera el interés durante 90 minutos, así que nos pusimos a pensar qué ocurría en ese pueblo desde el día 22 de diciembre hasta tres meses después que se acaba el plazo para cobrar el dinero. Quién lo cobraría y quién no y cómo afectaría eso a las relaciones familiares en un pueblo en el que todo el mundo se conoce, cómo desbarata la convivencia”. El director, uno de los nombres más destacados de la comedia cinematográfica española (Fuera de carta, Que se mueran los feos, Perdiendo el norte), ya tenía su nueva película: Villaviciosa de al Lado, el terremoto en un pueblo ficticio de la geografía española que podría ser cualquiera, en el que la doble moral, la importancia del ‘qué dirán’ e incluso la economía rural y la revitalización de los pueblos salen a escena a golpe de gag y estereotipo satirizado.

En Villaviciosa de al Lado está el cura (Bore Buika), el tonto del pueblo (Salva Reina), los hipster neorrurales y podemitas (Carlos Santos y Belén Cuesta), el soñador atrapado (Jon Plazaola), la ‘familia bien’ (Corina Randazzo), el ‘mariquita’ –perdón por la expresión- (Antonio Pagudo), los particulares cronistas –jubilados que pasan el día en el banco de la plaza- (Tito Valverde y Miguel Rellán), la puta (Carmen Machi) y, claro, el alcalde (Leo Harlem).

“Ha sido una experiencia muy buena tanto en lo profesional como en lo personal, me lo he pasado en grande y he aprendido una barbaridad”, asegura a este diario Leo Harlem que, tras uno de los clásicos cameos en Torrente -¿quién no ha salido en la saga de Santiago Segura?- se lanza a su primer papel protagonista de la mano de, dice, “una referencia en el cine de comedia” como Nacho G. Velilla. “Anselmo, el alcalde, es un hombre que va como de echado para adelante, de chulito, de que lo sabe todo, pero mete la pata constantemente. Lo que le mueve es el cariño al pueblo, pero cada solución que plantea para algo genera otro problema más grande que va sumando en comicidad. Es un personaje entrañable aunque muy bruto”, cuenta sobre su papel.

Harlem reconoce que el cine es un medio “totalmente distinto” a sus cauces habituales como cómico: los monólogos y los programas de televisión. “En lo que yo hago habitualmente, casi todo depende de mí. Escribo mis textos, elijo cómo los expongo… Es un espectáculo más sencillo y lo controlo completamente. El cine es todo lo contrario: tú haces una pequeña porción y otras personas ven todas esas pequeñas piezas y hacen un megapuzzle. No tienes el control directo de casi nada y dependes de los demás, pero lo que surge de esa confianza es maravilloso. Es un medio distinto, muy exigente, que exige mucha más paciencia, pero fascinante”.



Como fascinante resulta Velilla hablando del trabajo de recién estrenado Harlem. El director repite con algunas caras muy conocidas de su cine, como la incombustible Carmen Machi o, más recientemente, Belén Cuesta. “Ellas me dan solidez y confianza, pero también quería romper un poco moldes y coger aras nuevas que pudieran dar más realidad al pueblo. Carmen y Leo consiguen un contraste a nivel interpretativo muy interesante: mientras Carmen tiene una solidez y una experiencia, Leo lo hace todo sin filtros, desde la verdad más absoluta”.

De pueblo

Tanto Harlem como Velilla vienen de un pueblo. El primero, en Valladolid; en La Rioja el director. “Todo el mundo sabe lo que es el pueblo”, señala el actor, para quien la película es “un reflejo de lo que sucede en todos los pueblos de España, un patrón que se repite, con las mismas fuerzas vivas”.

Velilla señala que “durante muchos años hemos contado las historias desde el punto de vista de los que vivimos en las ciudades: un restaurante maravilloso, en apartamentos maravillosos que sólo existen en Nueva York y en Londres; y nos hemos olvidado de las historias que ocurren en los pueblos que es de dónde venimos la inmensa mayoría de los españoles”. Además, recoge en la película una particularidad de los pueblos muy útil a la hora de retratar una sociedad en un ámbito a menudo reducido como el de las localidades rurales: “En la ciudad, te relacionas con tus iguales, vivimos como en guetos, y cuando vas a un bar de pueblo a tomarte el vermú por la mañana te encuentras con gente de una ideología y de otra, de todas las edades, al cura, al Guardia Civil… todos en el mismo sitio. Esto en una ciudad como Madrid es impensable; si tuviera que reflejar lo que ocurre en un bar madrileño, estaría reflejando el dos por ciento de la población”.


Desde la comedia

“Si quieres decirle la verdad a la gente, hazles reír, de otra manera te matarán”. La frase es de Oscar Wilde, pero ahora la pronuncia Nacho G. Velilla para defender la comedia como vehículo de crítica. “A través de la comedia se llegan a admitir cosas que desde la seriedad más absoluta no las admitirías; con la película, la gente se lo pasa bien, así que lo acepta, se ríe y luego piensa “joder, cómo somos””.

Para Harlem incluso con la comedia “hay que tener cuidado” porque “ahora mismo las pieles están muy sensibles”, pero confía en que “con la comedia puedes tocar fibras que, si vas desde la dureza, provocan un rechazo frontal”.

Velilla insiste: “La comedia permite poder decir verdades absolutas, poder hablar de las miserias, poder sacar las sombras de la gente y no las luces sólo y poder, a pesar de todo, disfrutar de ello”.



¿Y qué sombras de España se sacan en Velilla de al lado? “Sobre cómo la gente se envilece por el dinero. Todos los personajes esconden una doble moral, no son íntegros, son muy débiles y cuando ven el dinero se trastornan”, responde Harlem. “Se habla mucho de la doble moral, de lo que somos y lo que queremos ser, de nuestras miserias”, añade Velilla. “El ser humano está compuesto de luces y sombras. De cara a los demás, lo que queremos es proyectar las luces y esconder las sombras; pero el guión de Villaviciosa pretende justo lo contrario: esconder las luces y sacar las sombras. Lo que nos interesa es ver cómo la gente actúa cuando no hay nadie mirando, hacer comedia buscando en los lugares donde nadie mira”, termina el director.

Pero, ¿puede la cinta herir alguna sensibilidad? “Inevitablemente siempre puede haber alguien a quien le pueda molestar algo, pero es una cosa puntual supongo. El tono general es una comedia muy blanca”, opina Harlem. Velilla da un paso más: “Si la gente no se ofendiera no sería comedia”.

Al director, que se curtió en los rodajes con público de 7 Vidas, le ha dado tiempo de sobra para llegar a la conclusión de que el humor es una de las cosas más particulares del mundo. “En un drama, los sentimientos son más universales, pero el sentido del humor… es difícil que dos personas se rían de la misma cosa”, señala. “Yo intento trabajar en diversas capas de humor, no sólo en la que se corresponde con mi sentido del humor porque si no sé que mis películas las verían mis cuatro amigos y ya; tengo que estar abierto a intentar comprender varios sentidos del humor para llegar a más gente. Pero me he dado cuenta de lo agresivos que somos con el sentido del humor: no admitimos que a alguien le haga gracia algo que a mí no me hace. Por eso la comedia recibe críticas mucho más feroces que el drama”, concluye.

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