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Crónica Económica. Salario mínimo: o inefectivo o perjudicial
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Crónica Económica. Salario mínimo: o inefectivo o perjudicial

viernes 02 de diciembre de 2016, 20:29h

El Gobierno, que hace también las labores de oposición, le ha otorgado al Partido Socialista el caramelo de imponerle al Ejecutivo un aumento del salario mínimo del 8 por ciento, y ganarse de este modo el derecho a aprobar el techo de gasto. Pasa de 655,2 a 707,6 euros al mes. La medida ha sido celebrada como un éxito por parte del PSOE y de los medios de comunicación, pero es motivo de todo lo contrario, según indican lo que sabemos sobre cómo funciona la economía, y la experiencia de otras subidas de salarios mínimos.

El salario se fija en el mercado, según la negociación de trabajadores y empresarios. El empresario estará dispuesto a pagar el valor actual (es decir, descontando el interés) de la contribución del trabajador al proceso productivo. Si el salario mínimo queda por encima de ese nivel, el acuerdo entre ambas partes no se llegará a realizar, y se destruirá empleo. ¿No hay forma de elevar los salarios bajos? Sí, aumentando la productividad de los trabajadores.

De hecho, ¿a quién afecta los salarios mínimos? A los trabajadores que sólo pueden pedir un salario muy bajo porque su productividad también lo es. Principalmente, jóvenes e inmigrantes. En los Estados Unidos, cuando el salario mínimo que afecta a todo el territorio (el federal) subió a 7,50 dólares la hora (julio 2009), los efectos fueron claros: Fueron responsables del 14 por ciento de la caída en la tasa de empleo, lo que supuso la pérdida de 1,4 millones de empleos. El 45 por ciento de los afectados tenía de 15 a 24 años. Por otro lado, dado que los salarios no dependen del mínimo que imponga el gobierno, sino de la productividad, aquélla subida no impidió que los salarios de los trabajadores con poca cualificación cayeran en una media de unos 100 dólares el primer año después de adoptada la medida, y otros 50 a los dos años.

Los efectos más a largo plazo son los peores. Las empresas reaccionan a las subidas de salarios mínimos invirtiendo en tecnologías que ahorren ese tipo de trabajo de baja productividad. McDonalds ha sustituido, en todo el mundo, a centenares de miles de trabajadores potenciales por máquinas que se dedican a recoger los pedidos y cobrar a los clientes. Por otro lado, los trabajadores que se ven expuldados por esa medida no pierden sólo los escasos ingresos que habrían generado, sino el valor de la experiencia, con el capital humano correspondiente, que se habría generado durante el trabajo. Los efectos son permanentes y a largo plazo, con menores ingresos.

Los efectos, generalmente, no son muy importantes, porque no se suele poner un mínimo demasiado alto. Pero en ocasiones se hace así, y los efectos son entonces son devastadores. Ocurrió algo así en Puerto Rico. Sabemos que aquél país tiene una relación de Estado Libre Asociado a los Estados Unidos, un sí es no es que, en este aspecto, le resultó muy caro. Como recuerda este artículo de la FEE, “entre 1974 y 1983, Puerto Rico se vio obligado a elevar el salario mínimo según lo marcado por el gobierno federal”, y desde entonces ha mantenido esa política: Salario mínimo estadounidense, con sueldos de Puerto Rico. ¿Qué efectos ha tenido?

Según un informe de la NBER, en general “ha reducido substancialmente el empleo en la isla”. Una economía basada en una manufactura con baja intensidad en capital y en el turismo ha visto cómo el saladio mínimo ha expulsado a un tercio de los trabajadores, ya que la media de los Estados Unidos es que el 63 por ciento de la población adulta forma parte de la población activa (trabaja o busca empleo), mientras que en el caso de Puerto Rico es sólo el 40 por ciento.

La medida no es perniciosa en la medida en la que no tiene efectos. Y en la medida en que es efectiva, resulta perjudicial, y en especial con los jóvenes y los trabajadores más pobres.

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