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TRIBUNA

La Carta Magna y los derechos individuales

martes 06 de diciembre de 2016, 19:52h

El Brexit está haciendo que en el Reino Unido se planteen el funcionamiento del Estado de Derecho y viendo los tiempos que corren ahora por Europa, es buen momento para recordar el lugar primordial que, originariamente, ocupan los derechos individuales dentro de ese mecanismo.

La Concordia entre el rey y los nobles para la concesión de la libertad de la Iglesia y del reino de Inglaterra”, conocida popularmente como La Carta Magna (CM), fue un documento firmado por el rey John “Sans Terre” el 15 de junio de 1215 en un prado junto al río Támesis delante del castillo de Windsor, donde habían acampado los nobles rebeldes ingleses hartos de los abusos de la dinastía normanda que les gobernaba. En ese documento se plasmó el compromiso al que habían llegado ambas partes, y aunque ninguno de ellos tuvo la intención de elaborar una constitución, eso no impidió que la CM haya sido valorada posteriormente como un precedente constitucional.

La CM era, literalmente, una carta y estaba redactada en latín, es decir que no la podía entender cualquiera, e iba escrita en un rollo de pergamino sellado, pero de modo que se podía abrir y leer sin romper los sellos. La Carta incluye un total de sesenta artículos, y como tal carta tenía unos destinatarios a los que el rey comunicaba el acuerdo alcanzado con los barones, que eran las autoridades eclesiásticas y feudales del reino de Inglaterra. No era excesivamente larga, pues tenía una extensión de lo que hoy serían diez folios escritos por una cara, y en ella se recogen disposiciones muy variadas, algunas puramente ocasionales y propias de un tratado de paz.

Es cierto que plasma las libertades que el rey otorga a los “hombres libres” del reino, pero también es verdad que, en aquella época, eran muy pocos. Tal condición restrictiva se comprueba en la propia CM, pues el artículo 59º dice que las mismas libertades que el rey les otorgaba a los señores feudales, ellos debían, a su vez, aplicarlas a sus siervos. La estructura feudal se mantenía, y la generalidad de la ley era indirecta y limitada.

El artículo 39º dice que Ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos de la fuerza contra él ni enviaremos a otros que lo hagan, sino en virtud de sentencia judicial de sus pares o con arreglo a la ley de la tierra”. Y el artículo 40º añade que “No venderemos, denegaremos ni retrasaremos a nadie su derecho ni la justicia”.

Sobre el origen de estos artículos y la diferencia de redacción entre ellos ( el primero dice “ningún hombre libre” y el segundo “nadie” ) plantea una interesante hipótesis Rudyard Kipling en un pequeño cuento llamado “The treasure and the law”, cuya acción se desarrolla en los momentos previos a la firma de la CM, cuando los barones están frente al castillo de Windsor. Efectivamente, sobre lo que pudo haber pasado allí todo son especulaciones, pero sí que hubo muchas negociaciones y se redactaron varios documentos antes del definitivo.

Según Kipling, los nobles se habían quedado sin dinero para pagar a sus tropas y tenían que levantar el campamento y marcharse, con lo cual se habría frustrado la firma de la CM, pero a alguien se le ocurrió que podrían pedir dinero a un judío. Éste acudió al sitio y accedió a dárselo, pero les puso como condición la inclusión del artículo 40º, en virtud del cual, al decir “nadie”, la fórmula legal incluía a todo el mundo, y por lo tanto también a los judíos, que de ese modo podrían tener derechos y acceso a la justicia.

En cualquier caso, el origen de la CM fue la pretensión de crear nuevos impuestos por el rey sin contar con nadie, con los que iba a pagarse los gastos de sus campañas bélicas en Francia. A esto se unió su enfrentamiento con la Iglesia católica debido a la elección del arzobispo de Canterbury. El Papa Inocencio III llegó a excomulgar al rey, y éste finalmente, por temor a una invasión de una coalición internacional, aceptó el candidato de Roma, e incluso sometió temporalmente a Inglaterra a un feudo del Pontificado.

El mito constitucional de la CM se empezó a labrar bastante posteriormente, a primeros del siglo XVII, pero en unas circunstancias similares a su origen, cuando se convirtió en un instrumento en la lucha del Parlamento contra la tiranía de la monarquía. James I, y luego Charles I Stuart pretendían un poder absoluto y la CM significaba el sometimiento del rey al derecho.

Edward Coke, primer juez del Tribunal Supremo, redactó la Petición de Derechos (PD) de 1628 que hizo la Cámara de los Comunes, donde citaba expresamente la CM. Charles respondió metiendo en la cárcel a Coke, no aceptó la petición, ni quiso saber nada de restricciones a su poder, e incluso disolvió el Parlamento. Sin embargo, al final se acabó plegando a la PD, que contenía restricciones a los impuestos no establecidos por el Parlamento, al acantonamiento forzoso de soldados en casas particulares, a la prisión sin causa y limitaciones a la ley marcial. Pero el enfrentamiento no termino aquí y el resultado final es de sobra conocido: Inglaterra acabó en una guerra civil, al rey le cortaron la cabeza y se instauró temporalmente una república, donde el prestigio de la CM tampoco mejoró.

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