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NO ESCUCHAR A GABRIEL RUFIÁN

miércoles 07 de diciembre de 2016, 13:12h
Parece claro que el Congreso de los Diputados no puede convertirse de forma sitematica en el patio...
Parece claro que el Congreso de los Diputados no puede convertirse de forma sitematica en el patio de monipodio del diputado Rufián. Si en alguna ocasión aislada se produce una intemperancia, eso forma parte del juego parlamentario. Pero el insulto permanente, la agresividad por sistema, no son de recibo.

El señor Rufián se está aprovechando de la evanescencia parlamentaria del Partido Popular, de Ciudadanos y del PSOE. Alfonso Guerra, por un lado, Felipe González, por otro, han adelantado una posible solución para dar respuesta al insultador: levantarse del escaño antes de que empiece a hablar, no responderle nunca y abandonar el hemiciclo.

Se anuncia, en fin, la intervención de Gabriel Rufián y todos los diputados del Partido Popular, de Ciudadanos y del PSOE, más los que quieran sumarse de otros grupos, se levantan y se marchan del hemiciclo. Terminadas las invectivas de Rufián, regresan. Se trata de algo relativamente fácil de articular.

Una cosa son las discrepancias, la crítica implacable, la descalificación política y otra muy distinta la agresividad y el insulto. La respuesta adecuada es no escuchar a Gabriel Rufián abandonando el hemiciclo antes de que empiece a hablar. Si en el futuro entra en razón, las aguas volverían a sus cauces. Al señor Rufián hay que ponerle en su sitio, que es el del respeto a las personas y a las instituciones. Nunca había pasado en el Congreso de la nueva democracia española lo que está ocurriendo ahora. Los diputados tienen el deber de defender la libertad de expresión y, desde la libertad de expresión, el respeto a personas e instituciones y el derecho de todos a no ser insultados.