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TRIBUNA

Sobre la reforma constitucional

miércoles 07 de diciembre de 2016, 20:15h

Tras las diferentes celebraciones por el 38 aniversario de la Constitución española, que han tenido lugar el 6 de diciembre, no exentas como cada año de polémica, continúa el debate sobre la posible reforma constitucional. El Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, no parece disimular su empeño en que se reforme el texto constitucional para adaptarlo a las nuevas realidades españolas, entre las que se incluyen las demandas de soberanía de Cataluña. Si lo que se pretende es reformar la Constitución para deshacer España, a mi juicio, resulta descabellada semejante propuesta.

Puede resultar acertado el mensaje de que se blinden los derechos sociales de los españoles, de que se supriman los aforamientos que se recogen en la Carta Magna para diputados, senadores y miembros del Gobierno, pero lo que creo no tiene ningún sentido es enfatizar la necesidad de hacer independiente al poder judicial, cuando ello ya está expresamente reconocido en la Constitución; del mismo modo que me parece sumamente peligroso que se anime a la creación de un nuevo modelo territorial por considerar obsoleto el recogido en nuestra Carta Magna.

Si lo que toca ahora es trabajar en común para fijar los límites de la reforma constitucional, hay que tener claro que el perímetro marcado no puede cuestionar que España es una sola nación, en palabras de Javier Fernández, “una nación soberana”. De hecho, el derecho a decidir de las autonomías se ha convertido en una de las líneas rojas. Ello indica que el art. 2 de nuestra Constitución española es inmodificable puesto que garantiza la unidad de España. Absolutamente erróneo es por ello entender España como “nación de naciones”. España es solo una nación como también hay solo una única ciudadanía española. Afortunadamente, en ello coinciden los grandes partidos PP, PSOE y Ciudadanos, quien a través de su máximo representante Albert Rivera, ha insistido en que “la solución no es dividirnos por identidades”.

Mariano Rajoy y los máximos dirigentes del PSOE y Ciudadanos han supeditado la reforma de la Constitución a un alto nivel de consenso. Por ello es tarea prioritaria dejar claro que la Constitución se puede modificar bajo ciertos imperativos legales, además de concienciar de ciertos límites que no se pueden traspasar porque ello, entre otras cosas, desnaturalizaría a la propia Carta Magna. De este modo, como Rajoy acertadamente ha destacado, se debe “preservar” la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad de todos los españoles, sus derechos y libertades, la pertenencia de España a la Unión Europea y los pilares del Estado del Bienestar. Este sería pues el núcleo intangible no cuestionable y, por tanto, sin capacidad de someterse a cambio por referéndum.

Es ineludible alcanzar un consenso previo y pensar bien quién ha de formar la subcomisión dentro de la Comisión Constitucional encargada de delimitar la hoja de ruta. Tengamos en cuenta que en esta subcomisión se pretende recabar la opinión de expertos y de los órganos implicados, como el Consejo de Estado y de las Comunidades Autónomas. Habrá que ejercitar el arte de la prudencia y cautela si se quiere lograr ese consenso, en la línea defendida por el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández.

Ha de quedar claro que lo que no se puede en ningún caso cuestionar es todo el modelo constitucional, como pretende Unidos Podemos porque ello haría tambalear los pilares del Estado de Derecho en el que con tanta seguridad jurídica nos movemos todos los españoles.

Parece a todas luces previsible que se convoque un referéndum en la etapa final del proceso de reforma si tenemos en cuenta que la Constitución contempla que pueda ser solicitado por una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras. Evidentemente, Podemos tiene diputados suficientes para ponerlo en marcha. Esperemos que no se convoque un referéndum liderado por esta fuerza política, en defensa de ideas que puedan cruzar peligrosas líneas rojas. Lo que, sin embargo, sí podría impedirse por parte del Congreso y el Senado (donde el PP tiene mayoría absoluta), es que saliera adelante una reforma de la Carta Magna de no haber mayoría suficiente. A mi modo de ver, no hay que temer un referéndum en España (aunque en la sombra permanezca el reciente caso de Italia con la renuncia de Matteo Renzi). Creo que como ha destacado el vicesecretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, culminar una reforma constitucional con un referéndum, como quiere Podemos y aunque las materias modificadas no lo requieran, “sería un buen colofón” siempre y cuando todas las fuerzas políticas estén de acuerdo. Ello obligará a dialogar, a consensuar, a ceder en lo que racionalmente se pueda, eso sí, conscientes de que la reforma constitucional no puede ser, como ha resaltado Ana Pastor, “solo por y para algunos”.

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