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ENTREVISTA A LA PRODUCTORA TEATRAL LUCÍA BOUZAS

Teatro del Arte: pasión por la profesión o cómo sobrevivir en el off madrileño

sábado 10 de diciembre de 2016, 13:23h
La sala madrileña Teatro del Arte, en el corazón de Lavapiés, cumple cuatro años. Charlamos con su directora, Lucía Bouzas, sobre cómo levantar y consolidar un proyecto alternativo de teatro en un momento de minusvaloración de la cultura y escasas ayudas al pequeño empresario.

Lucía Bouzas cree en el destino. Cuatro años después de inaugurar una sala alternativa en el corazón de Madrid, dice sentir que ese pedacito de teatro en Lavapiés era el suyo. El 12 de diciembre de 2012 el Teatro del Arte levantaba por primera vez el telón en la Calle San Damián y San Cosme, el mismo lugar en el que durante los 30 años anteriores lo había hecho el Teatro de Cámara de Chéjov. No fue fácil elegir el nombre para un proyecto que era “un todo”, la culminación de una trayectoria de seis años en la producción teatral, al principio de manera casi instintiva, inconsciente si se quiere, para terminar siendo una dedicación, una profesión. Alguien se lo sugirió entonces a Bouzas. Teatro del Arte. Sonoro. Sólido. Con gancho. Y empezó a andar. Con la esencia de aquella pequeña isla de la cultura teatral madrileña compartimentada para albergar en exclusiva la obra del dramaturgo ruso, pero ahora como una sala off diáfana, sin escenario y en constante búsqueda de nombres nuevos y variopintos. El ADN del arte del Teatro traducido a las formas –a menudo de supervivencia- del siglo XXI. Una conexión mágica que terminó de encajar cuando un ilusionado equipo del nuevo Teatro del Arte cayó en la cuenta de que el primer montaje de El Jardín de los Cerezos, una de las obras más emblemáticas y representadas de Anton Chéjov se estrenara en el Teatro del Arte de Moscú. “Cada uno tenemos un destino. El mío era esta sala y el de sala este nombre”, afirma Bouzas.

No es fácil encontrar un sitio para charlar con Lucía Bouzas. Todos los rincones del Teatro del Arte pueden ser el escenario perfecto para repasar la trayectoria de la sala. Porque Bouzas supura el amor por la cuatro paredes que cercan su proyecto. “Es el primer teatro que puedo sentir mío. Es mi casa, mi sueño, mi todo”.

De ama de casa a ejercer como enfermera –“que es lo que había estudiado”-; de montar una empresa de aviación a empezar a patrocinar teatro. Lucía Bouzas creó junto a su marido una fundación de apoyo al pintor gallego novel. Una manera, dice, de “devolver lo que la vida nos estaba dando”, en su Galicia natal. En constante contacto con las artes, su primera aventura teatral consistió en la producción de una obra en su aldea. Y esa experiencia le llevó a otra y a otra, siempre relacionada con el patrocinio o la producción. Hasta que se lanzó a dirigir su propia sala, en un entorno familiar, junto a su hijo biológico y otro, dice, “casi adoptivo”, y a su hermana. “Ellos ponían la fuerza de la juventud y nosotras la experiencia”, cuenta. Una fórmula eficaz que supuso la primera fortaleza de aquel Teatro del Arte incipiente. La otra fue, no cabe duda, el espacio: una sala amplia y diáfana, versátil, moldeable a las necesidades menos convencionales de los montajes (“para una obra, esto se configuró como si fuera una Iglesia”, recuerda). Como un lienzo sobre el que empezar a dar vida al teatro.

Para Bouzas, el camino está aún arrancando. Dice conservar una norma de su etapa anterior de empresaria: que es entre el quinto y el décimo año en el que un negocio se consolida. Así que espera que el próximo año funcione como un ‘click’ psicológico. “Ya está. Vamos para delante”. Porque hasta aquí, la cosa ha sido tan emocionante y gratificadora como inestable.

El Teatro del Arte vino a llenar un espacio vacío en el circuito de salas madrileño: ese de las producciones de medio tamaño, grandes para microsalas, pequeños para la tradición teatral de la Gran Vía madrileña. En cuatro años, Bouzas ha llegado a una conclusión: que la compensación de fondo es, en la mayoría de los casos, el amor al teatro. “Hay obras pequeñitas que compensan económicamente, pero también se han hecho montajes de más de quince personas que han estado aquí por la mera satisfacción de dar a conocer su producto, que la gente lo vea y lo disfrute. Así que el Teatro del Arte se ha ido adaptando y la única norma de la programación es el mimo, el sumo cuidado con el que Bouzas ha seleccionado las obras que ya forman parte de su histórico. “Me da igual el país, la obra, que sea clásica o contemporánea, que sea un actor súper conocido o que sea el gran desconocido. Lo que quiero es que la gente salga de aquí sintiendo que le ha emocionado, que salga conmovida de este teatro. Y para eso no hay límites”.

Resistir a la tormenta

Sacar adelante un proyecto cultural en la España de hoy no ha sido tarea fácil. “Es una sala pequeñita y, aunque está muy bien dotada y necesitamos gente, tiene unos costes relativamente reducidos. Pero esto ha sido un trabajo prácticamente privado, a base de apretarnos el cinturón, aguantando, cobrando medios sueldos”, cuenta Bouzas. Con un patrocinio y “muy pocas” subvenciones, el Teatro del Arte aguanta gracias a la búsqueda de “actividades eventuales que necesitan un espacio como este y no desmerecen para nada el teatro o la sala”. Conciertos, percusionistas, teatro infantil, baile –aprovechando el emblemático suelo de madera que ya el Teatro de Cámara de Chéjov heredó de la academia de baile que le precedió- y la casa de buena parte de las academias de arte de Madrid –desde actuación a moda- para mostrar sus trabajos a final de temporada.

“Al salir de cada obra, oigo entre el público: “vale, no tiene escenario pero está muy bien”. Creo que estoy dando ese mínimo de categoría para que la gente se acerque a los teatros alternativos y que se dé cuenta de que también es un teatro. ¿Ayuda? Muy poca. Es a base de apretarnos el cinturón y de eventuales maravillosos”, resume.

Bouzas reconoce, sin embargo, que se ve obligada a programar más obras de las que le gustaría. “Las salas alternativas, para mantenernos, tenemos que programar quince o veinte obras al mes, porque las producciones no se quieren arriesgar a estar más de cuatro días y tener la sala vacía al quinto. Pero estamos volviendo loco al espectador. Cuando la gente se empieza a enterar de que hay una buena obra en ‘nosequé’ sala, ya la hemos quitado. Lo suyo es que haya dos o tres obras principales por temporada y que están, al menos, dos meses para que dé tiempo a que vengan a verla”.

Porque en el off, donde los impuestos, la SGAE o los porcentajes de las webs de descuentos son los mismos que para las grandes salas y para el que la publicidad es “inaccesible” económicamente, el boca a boca es vital. Y eso lleva un tiempo muy costoso en un mundo veloz, casi de usar y tirar. Una fugacidad que, como a las carteleras, afecta al propio circuito de salas, con espacios que abren y cierran constantemente dificultando su consolidación y la del hábito mismo de ir al teatro.

Educación teatral

En crear un hábito está, precisamente, el futuro de la tradición teatral española, según Bouzas. “No tenemos suficiente educación teatral. A la gente joven quizás no se le educó en ir al teatro, no tienen ese hábito que sí han adquirido, quizás con el cine; posiblemente porque se puede llegar hasta el cine desde casa, alquilando películas, y el teatro no lo puedes alquilar. Nunca vas a ver teatro en casa porque acaba aburriendo. Se intentó en su momento y no triunfó porque el teatro llama a un tipo de sentimientos que hay que experimentar en vivo”. La cura es, por tanto, educación en el teatro como una parte más de la cultura y del ocio. La herramienta más a mano: el teatro infantil.

Para Bouzas, que el teatro no está lo suficientemente valorado es una realidad. ¿Se llegará? “Depende de los zumbados que nos están presidiendo. Este mundo está muy loco: las terrazas siguen llenas porque la gente no quiere pensar, sólo quiere beber. Pero yo sigo constante, peleando, y llegaremos. La constancia, el trabajo y el creer en los proyectos hacen que al final las cosas terminen saliendo. La vida me lo fue demostrando y yo sigo apostando por lo mismo”.

Bouzas, como cabeza visible del equipo que ha mantenido al Teatro del Arte en pie, aspira a ser el chef de su teatro. Ese que, por trayectoria y a base de reinventarse y reformular en base a las reacciones del público, se gane el privilegio de la confianza: confianza en que la sala es el altavoz de lo mejor de la escena actual, independientemente del nombre de la obra o de los actores. “Ya voy teniendo asiduos del barrio, gente que viene 15 minutos antes de la obra para preguntar qué hay y, si no la han visto, entran. Ya hay cierta fidelidad, personas que se sienten como en casa, y eso me gusta mucho”.

¿Algún momento crítico? “Todos, continuamente. No hubo un solo periodo en el que haya estado tranquila. Esto es una lucha constante, pero si tengo que morir, lo haré con las botas puestas. Creo haberme metido en el teatro de lleno es lo mejor que hice después de casarme con mi marido, tener a mis hijos y descubrir la Thermomix”.

“Tengo 56 años y quiero ser actriz”

A pesar de dirigir y programar el Teatro del Arte, de servir como casa y altavoz a nuevas propuestas teatrales, Lucía Bouzas sigue produciendo. Ahora lo hace para su propia sala, lo que la ha vuelto, si cabe, más exigente con sus propios trabajos. Sin embargo, considera “indispensable” estar metido en la producción para hacer bien su trabajo al frente del Teatro del Arte. “La sala tiene que dar lo mejor de sí. Por aquí han pasado muchos estrenos, pero para cada producción es SU estreno después de muchos meses de trabajo y tienen que sentirse arropados por toda la gente de la sala: desde la dirección, a los camareros o los técnicos. Si no has producido, hay cosas que no entiendes y no puedes ofrecer o cuidar, como algo tan simple como que el camerino esté limpio”.

Cada año y medio, Bouzas ha desarrollado proyectos propios para la sala, hasta el punto de que en el último, De profesión maternal, se ha lanzado a tocar el último palo que le quedaba: el de la interpretación. “Siempre me han gustado las artes, la pintura, la música, pero nunca había hecho interpretación, ni siquiera en el colegio. Yo no quería meterme en terrenos que no eran míos, pero buscando nueva obra para producir una amiga directora mía me dijo que yo llevaba dentro un talento que tenía que sacar y fue casi como un reto que nos propusimos mutuamente: que yo me subiera a un escenario por primera vez y ella volviera, después de 30 años. Me dio diez o doce clases y descubrí un mundo espectacular”.

Después de testar la obra con público y hacer algunas modificaciones, De profesión maternal salió a escena a principios del mes de octubre y actualmente se mantiene en el Teatro del Arte. El texto, de la dramaturga argentina Griselda Gambaro, muestra el encuentro entre una madre y una hija después de 35 años. Bouzas interpreta al tercer personaje, una mujer que hará de intermediaria en un encuentro que propiciará un debate sobre un gran tabú social –aún a día de hoy, mucho más en el 1998 en el que Gambaro esribió la obra-: los interrogantes sobre la existencia del llamado instinto maternal. Personalmente, Bouzas no termina de creer que haya un instinto maternal tal y como se ha contado en sociedad. “Hay muchas madres que creen que lo tienen, pero es lo que la obra llama de profesión maternal, como si fuera un trabajo, una obligación. Todavía hay mucho machismo y pervive esta idea de que la mujer tiene la profesión de cuidar los hijos y la casa”.

Lo cierto es que la obra genera un debate polémico al encenderse las luces. “Es muy la línea del teatro del arte”, resume Bouzas, quien alude a este punto desestabilizador que obliga a repensarse a través del teatro, a la mirada hacia países con una tradición teatral a imitar –la argentina es una de las nacionalidades más recurrentes en la cartelera de la sala- a la calidad del texto, de la puesta en escena y por qué no, de la interpretación. “Si no lo hiciera bien, a mí, como empresaria, me perjudicaría. Si no puedo ser actriz, no lo soy, pero creo que puedo ser digna de este teatro. Ahora he empezado un taller para tener algunas armas porque tampoco puedo dejar todo al instinto. Con 65 años, he descubierto que quiero ser actriz”.


De profesión maternal

Guión: Griselda Gambaro
Dirección: Marta Álvarez del Castillo y Luis Quinteros
Reparto: Marta Álvarez, Natalia Moya y María de Tito
Escenografía: Itziar Hernando
Viernes 16 de Diciembre a las 19:00 horas

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