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TRIBUNA

Contra el odio y el rencor en la política

jueves 15 de diciembre de 2016, 20:06h

Espero que no me retiren el saludo y que no abandonen la lectura en la línea tercera. Pido su comprensión. Estamos ya a las puertas de la Navidad, y nos invade ese espíritu especial.

Voy a hablar bien de un político, bueno, para ser exactos, de una política.

He dejado pasar unas semanas por si se me curaba la enfermedad, y evitar el ridículo de halagar lo dicho por esta señora que se dedica (y desde hace bastantes años) a la política. Pero tras releer su discurso no he podido evitar la tentación de escribir sobre ella. Ustedes, si quieren, me perdonarán.

Ana Oramas, portavoz de Coalición Canaria en el Congreso de los Diputados, demostró que siendo pequeña de estatura se puede ser muy grande en las ideas. Como integrante del Grupo Mixto apenas dispuso de unos minutos en el debate de investidura, pero los aprovechó para dar una lección ante tanta descalificación, exabrupto y disenso. En el teatro que es el Parlamento, convertido en espectáculo de delirio y bochorno, Ani Oramas recuperó la sensatez y el sentido común, como enseñas que deben regir la política española.

Comenzó, y sigo a pies juntillas el Diario de Sesiones, instando a los parlamentarios a que pensaran en los ciudadanos, a que miraran más allá de los muros del edificio que inauguró Isabel II en 1850, a que reflexionaran sobre España “como lugar lleno de expectativas y posibilidades para su gente”.

Piensen, les espetó, que “hay que sacar con el mayor consenso los grandes temas de Estado…”. Cuánto avanzaríamos todos si se diera esta premisa: “hay que sanar las heridas que dejó la crisis, unir las fuerzas que se rompieron entonces, recuperar los derechos perdidos de los ciudadanos, fortalecer las políticas sociales…”.

“Los ciudadanos demostraron tener un sentido de la responsabilidad que esta Cámara no ha tenido”, (confesión de parte de que los partidos políticos no escuchan sino que van a lo suyo, vuelven la cabeza salvo cuando recaban el voto o el aplauso, son distintos y hasta soberbios, no miran a los ojos de los ciudadanos).

Los políticos han de ser intérpretes, pero no autores. Los ciudadanos son los escritores de la historia y están hartos de la interpretación falta de responsabilidad de la voluntad común. La concepción cainita, arrumbadora de la política se ha instalado y así nos va. Por eso la lección de Ani Oramas merece una placa en el Salón de Pasos Perdidos: “Es distinto ser contrincante político a enemigo político. No se puede hablar, no se puede negociar, no se puede sacar nada adelante desde el odio y desde el rencor, sobre todo cuando se es joven y se tiene odio y rencor”.

Hubo aplausos. Cuenta también con el mío.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    4520 | Andres - 17/12/2016 @ 12:03:04 (GMT+1)
    ¡Cuanta razón tienes, amigo!

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